El actor Carles Castillo (València, 10-mayo-1959) confiesa en ocasiones que no ha trabajado nunca, “solo he hecho lo que me ha gustado”. No obstante, los años y su larga trayectoria le contradicen, al ser uno de nuestros intérpretes más longevos: sin ir más lejos, 40 años sobre un escenario le contemplan.
Son muchos los que le ubican en la comedia, “¡drama ya tenemos suficiente en la vida!”, suspira. Nos hemos reído con él en series como ‘Aquí no hay quien viva’ o ‘Al salir de clase’, pero igualmente en films, el más conocido ‘Todos a la cárcel’ (1993), de Luis García Berlanga.
Gran apasionado de la espeleología y de la música, admite que también se hubiera dedicado a ella y, de hecho, desde hace unos meses recibe clases de canto. A nivel teatral le podemos ver hasta en cuatro obras, “tan dispares unas de las otras”.
¿Cuáles fueron tus inicios?
Con siete u ocho años, en las funciones que se hacían en la escuela, de pastorcillo o nube en el belén. No me gustaba mucho estudiar y hacer teatro era un chollo, porque dejaba unas horas de ir a clase.
Entonces no sabía -o ni lo pensaba- que iba a ser una profesión tan dura, memorizando tantos textos, ni tan inestable.
¿En qué momento comprendiste que era tu trabajo?
De un modo paulatino, porque cantar era otra de mis pasiones. Sobre los 18 años creé un grupo (‘Sotaterra’) de la Nueva Canción, aquella de protesta que habían puesto de moda Lluís Llach, Joan Manuel Serrat, José Antonio Labordeta y tantos otros.
Me ofrecieron, al mismo tiempo, hacer mimo, que no tenía nada que ver con un espectáculo de música, pero como siempre me agradó mezclarlo todo… acepté. Ahí me acabó de atrapar lo vinculado con el trabajo gestual, actoral.
«Me agrada tanto la comedia como el drama, ambos me equilibran y completan como actor»
¿Recuerdas los siguientes pasos?
Me apunté a un grupo de teatro amateur, iniciándome en obras clásicas como ‘Romeo y Julieta’. Uf, sin darme cuenta han pasado más de cuatro décadas.
Una de mis primeras funciones profesionales fue ‘El alcalde de Zalamea’, de Pedro Calderón de la Barca.
¿Te ves más en la comedia o en el drama?
Me apasionan ambos y he hecho de todo, aunque mi mentalidad se mueve más hacia el humor. Sinceramente lo que más me gusta es lo que hago en ese momento, las dos me sirven para completarme, equilibrar mi trabajo como actor y que me vean en diversos ámbitos.
Dicen que es más complicado hacer reír que llorar.
¡Los dos cuestan! El esfuerzo para hacer comedia y drama es el mismo, disfrutándolos del mismo modo. Habrá a quien le agrade más mi lado cómico, o viceversa, debemos ser versátiles.
En ello me ayudó mucho mis inicios como mimo, poder trabajar los gestos o el cuerpo en escena, además de mi formación en claqué o danza contemporánea. Todo me ha permitido comprender mucho mejor mis personajes.
«En mis inicios me ayudó mucho el mimo, poder trabajar los gestos o el cuerpo en escena»
¿Sobre un escenario también haces ‘el viaje’?
Ya hacemos uno previo, en la carretera. En las tablas es un recorrido en el que si has estado espléndido todo bien, pero si te has olvidado algo o un pie, son los compañeros los que te socorren. ¡Esa labor es importantísima!, está incluida en el menú (ríe).
Tras tantos años, ¿sientes algo especial al actuar?
Me digo a mí mismo: a ver si lo haces bien, no como siempre. La adrenalina y los nervios se mantienen, pasen los años que pasen, y no se debe perder, ni la inseguridad de decir ¿hoy meteré la pata aquí o en otro sitio, así varío? No me preocupa, es algo natural.
Pero una vez comienza el espectáculo te concentras plenamente en aquello que estás desarrollando.
¿Qué obras tienes en cartel?
Varias. Primeramente una propia, ‘Piano, piano’, que tuve que parar en la pandemia, y ‘Por los pelos’, una comedia divertidísima, una especie de cluedo en el que participa el público, porque son ellos los que deciden quién es el asesino.
No hay trampa ni cartón, pues cada uno de los actores (Marta Chiner, Rafa Alarcón, Lola Moltó, Carles Montoliu, Patricia Martínez y yo mismo) tenemos un final diferente en el caso que los espectadores nos elijan como criminal. ¡Disfrutan muchísimo!
¿Alguna más?
‘Descarados’, una comedia de enredos, igualmente simpática, en la que repito con Montoliu, Chiner y Alarcón, por ejemplo, y ‘Hoy no estrenamos’, también una producción propia, premiada el pasado año en Ciudad Rodrigo (Salamanca).
¿No mezcláis los textos?
¡Así tengo la cabeza! (ríe). En realidad no, porque son totalmente diferentes, otros ámbitos, puesta en escena, teatros, vestimenta… Cambiamos literalmente el automático.