Entrevista > Nacho González / Arquitecto y dibujante (València, 2-junio-1975)
Nacho González cita para realizar esta entrevista un local de la calle baja del barrio de El Carmen. Como no podía ser de otra manera. En pleno casco antiguo de València, con sus calles adoquinadas, sus fachadas góticas y los rincones de ‘artisteo’. Acude con su bolsa ‘vintage’ a modo de bandolera. Alpargatas. Ropa otoñal, sin estridencias.
Arquitecto de formación (y de cuna), también se adentró en Bellas Artes, para convertirse en un autodidacta del mundo del cómic. Combina la arquitectura con el noveno arte, la música en francés y la docencia. Todo ello sin dejar de atender sus dos grandes tesoros: sus hijos.
Estudiaste arquitectura y Bellas Artes.
Sí, mi padre es arquitecto. Yo estudié la carrera en la UPV. Siempre se ha dicho que es la carrera de ciencias “más artística”. Quise estudiar también Bellas Artes, que se imparte en la UPV, pero sólo pude hacerlo un año.
«Considero que las universidades tienen normas de funcionamiento y una burocracia muy poco eficiente»
¿Qué pasó?
Pese a haber cursado arquitectura y tener mi nota de Selectividad tuve que hacer un examen de acceso. Lo aprobé pero al finalizar el primer año me dijeron que no podía seguir porque ya era alumno de la UPV por arquitectura.
No se entiende.
Para nada. Que una propia universidad no te deje estudiar más de un grado es un sinsentido. Alguien de fuera de la UPV sí podía hacerlo pero yo, no. Aquello fueron los años noventa, no sé si eso habrá cambiado, pero las universidades tiene unas normas de funcionamiento y una burocracia que facilitan poco las cosas.
Te refieres…
A ejemplos como ése. O que entre ellas no se comuniquen más. Si un alumno de otra universidad quiere trasladar una documentación de una a otra obligan al alumno a que haga él todas las gestiones. No se comunican entre ellas. Es como un lucha de familias.
Si no perteneces a una de ellas no te van a ayudar, lo que al final redunda en el agotamiento del ciudadano y perjudica la imagen final de las universidades españolas en el panorama internacional. Son muy poco ágiles, adaptativas y eficientes. Muy corporativas. Como en ‘Freaks’, has de ser “one of us”, uno de los nuestros.
Pero los procesos tampoco son ágiles en el sector educativo anterior, no creas.
«Un ciudadano termina haciendo todo el esfuerzo cuando la masa funcionarial es enorme»
¿A nivel escolar?
Eso es. La Conselleria de Educación debería registrar automáticamente cualquier curso o formación nueva de todo docente… y al final es el propio docente quien debe hacer las gestiones a todos los niveles. La Administración debería tener una base de datos única que se fuera actualizando.
El ciudadano termina haciendo todo el esfuerzo cuando la masa funcionarial es enorme. Uno se pregunta cómo es posible que el ciudadano tenga que hacer tantas gestiones para la Administración. Acabamos trabajando para ellos. Es todo muy siniestro. Como hecho adrede para agotarte, para que todo sea y siga así.
Falta eficiencia.
Es ’El proceso’ de Kafka; Ir de aquí para allá. Perder tiempo de vida. Tener que pedir permisos laborales, favores… para gestiones que debieran ser ágiles y automáticas. No hay base de datos únicas. No hay unificación.
Como los idiomas. En algunos centros sólo reconocen el título de idiomas de tal institución en concreto pero de otra no. Y la que no te reconocen, en centros diferentes, sí. Todo acaba en que has de sacarte el mismo título de idiomas a través de varias instituciones… más tiempo y más dinero.
Se pervierte, se degrada y genera un flujo hacia la educación privada, que en parte es lo que está sucediendo.
Das clases de ciencias en un IES, ¿cómo es el momento escolar?
Hay un gran problema de ratio, primero, y luego de alumnado que necesita atención especial y no hay recursos para ello. Eso ocurre en todos los colegios desde hace décadas y es un problema que va a más. No tienes complementos de ayuda y la gestión del aula se degrada.
Muchos alumnos están obligados a estar en clase. La ESO es eso, obligar a alumnos a estudiar hasta los dieciséis años, aunque algunos ya no quieren. No se les hace un favor a ellos y además estos alumnos torpedean la clase porque no quieren estar allí.
Entré muy ilusionado en el sector educativo. Me leí ‘El Emilio’ y ‘La escuela moderna’ y claro, es fantástico… pero idílico. Aunque no se puede llegar ahí, el ratio que tenemos es excesivo, y luego que hay alumnos que necesitan otra cosa. Están perdiendo el tiempo porque requieren de otras cosas.
«La ESO es obligar a alumnos a estudiar hasta los dieciséis años, aunque algunos ya no quieren»
Tengo entendido que también le das a la guitarra; que se te ha visto en algunos conciertos en locales de València.
Sí, le doy a la guitarra. Es un instrumento muy manejable que además te permite cantar. Me viene bien también para mantener mi francés de colegio.
Las lenguas se oxidan y aunque se mantenga la fortaleza a nivel pasivo, cuesta activarla.
Te buscas tu repertorio, y yo me cogí el de Georges Brassens, que me encanta y te vas soltando y entonces lo hablas otra vez, porque por más que lo leas y lo escuches… aquí en València es difícil hablarlo.
Los conciertillos los hago o me sumo a conciertos aquí en El Carmen pero también en otros locales de otros barrios de la ciudad… por donde van saliendo. Busco proximidad porque también voy en bici y no me puedo ir a tocar muy lejos (risas).
Buen refugio la música, no sólo como activador lingüístico, sino como su faceta terapéutica.
La música, es curioso, pues depende de tu estado de ánimo buscas tus músicas… he tenido más momentos de cantautor, otros más de ‘blues’… aunque siempre vuelvo a Brassens.
Tiene algo potente la música que es que te traslada muy rápido. La identificas con un momento y de inmediato te ves ahí reviviéndolo. A mí me sobreviven unas canciones y otras no. Las hay que las aprendo, las toco pero luego las olvido. Cuando aguantan es que ésas canciones tienen algo.
«En la música te buscas tu repertorio, y yo me cogí el de Georges Brassens, que me encanta»
Pero también tienes tu faceta como dibujante de cómic. Muy joven te sentiste reconocido con un accésit por parte del Injuve a nivel nacional.
Fue hace unos veinticinco años. Era muy joven entonces. Para mí es una catarsis, como verme desde fuera. No sé muy bien lo que va a salir… voy dibujando y ya luego me examino. Siempre tiene que ver con algo que me ha pasado.
Los profesionales se lo preparan y programan… yo no. Las curiosidades de mis historias es ver luego lo que ha salido. No siempre es lo que piensas, aunque siempre tiene que ver con lo que me ha pasado. No fantaseo, siempre dibujo sobre algo que me ha pasado.
Tengo la necesidad de desatarlo; hay gente que va al gimnasio, otros se van de copas… yo lo saco en el cómic. Y lo hago sin pretensiones, tratando de disfrutarlo… el cómic hay que disfrutarlo aunque es un ‘sacré boulot’ (trabajo durísimo) como decía Hugo Prat.
¿El cómic es ya solo para adultos?
No creas. Además lo bueno es que también ha entrado en el sector mucha ilustradora. El cómic dibujado por mujeres afronta otras inquietudes. Sus temáticas me sorprenden y me gustan mucho. Los estilos además son diferentes. Con el tiempo se igualará todo, pero de momento se marcan mucho los estilos.
Vives en el Carmen, a pocos metros del Palau de la Generalitat. En València se dice que El Carmen es para salir de fiesta o para los guiris.
Hombre me entero rápido cuando ha llegado un crucero a la ciudad, no te quepa la menor duda…. Oleadas de gente con la banderita. Pero la gente cada vez vive menos en El Carmen y en València en general. El tema de la vivienda está herido. Y como arquitecto lo veo además con otra perspectiva.
«Los cómics dibujados por mujeres afrontan otras inquietudes. Sus temáticas me gustan mucho»
¿Corre el riesgo València de convertirse en un espacio de trabajo y no una ciudad para vivir?
Parece que todo responda a un plan macabro. Por un lado viene mucha gente del extranjero con rentas superiores a competir contra los españoles con cartas ganadoras. Por otro lado están los tenedores.
Y actualizar cierta legislación. Muchos pisos están vacíos en València por miedo a los inquilinos que luego terminan siendo okupas.
Esa legislación es necesario que se actualice, claro. Pero antes de ésa hay otra para mí más importante, que es que la gente pueda tener una vivienda. O añades oferta de viviendas al mercado… o grabas aún más la compra de segundas viviendas.
Tampoco sé si hay una planificación consciente de cuál es el tipo de ciudad que se quiere. ¿Qué València se quiere? Si quieres una en la que se pueda vivir en una cosa, y otra cosa es que la gente viva en el extrarradio y València sea un lugar de paso… un lugar en un no-lugar. Un lugar para rentabilizar inversión.
¿Menos es más?
La relación que tenemos con nuestro entorno no está bien definida. Creo que debería ser más saludable. En el ‘Walden’ de Thoreau se ve… con poco se puede vivir; pero claro debes hacer ciertas renuncias… ¿estamos dispuestos a ello? Ahora se piensa en el ‘tanto tengo tanto valgo’ y ése es el problema.
Hay que disfrutar con lo que se tiene, y eso no es algo material. Es un momento. El momento es el momento. Puede ser un paseo o cualquier cosa. Cuando eres consciente de ello necesitas poco. Pepe Mujica decía que no somos ciempiés… que no necesitamos tanta cantidad de zapatos.
«La relación que tenemos con nuestro entorno no está bien definida. Creo que debería ser más saludable»
Como arquitecto, ¿ha cambiado el estándar de vivienda?
Mucho. Cuando era pequeño, en época de mi padre, que también es arquitecto, el estándar era cuatro habitaciones. Ni se pensaba en distribuciones para tres viviendas. Ahora estamos ya en la de ‘single’, que casi es ya la habitual… ¡y ésa ya es cara!
Son viviendas de paso, de pocos días, para estudiantes o trabajadores estacionales. Ya ocurría en Francia hace años. A poco que te fijes en modelos que van por delante sabes que va a ocurrir.
Si estamos en este modelo aún es porque le es rentable para alguien… pero esto va a reventar. La economía es importante pero otras cosas lo son más. La presión va a aumentar hasta que reviente todo.





















