Entrevista > Sergio Davó / Pintor (Crevillent, 6-septiembre-1975)
En el colegio, los profesores ya vaticinaron que Sergio Davó sería artista, “se me daba bien y era habitual que mis compañeros me buscaran para que les ayudara”. Era tal su pasión que, con siete años -junto a un amigo-, acudió al Ayuntamiento para apuntarse a clases de pintura.
Altamente influenciado por su padre, “mi primer referente”, su estilo lo podríamos calificar como ecléctico. Se le suele ver por nuestro municipio, desarrollando obras tan espectaculares como la realizada en la Calle Estores, “con el objetivo de aportar algo”, indica.
Considera determinante el proceso y la temática, así lo muestran sus obras, donde la memoria, el desgaste y las cosas que se borran tienen protagonismo. “Me siento muy satisfecho del trabajo hecho hasta ahora, aunque me queda mucho por hacer”.
¿Qué aprendiste de Domingo, tu padre?
Se dedicó toda su vida a la decoración, siendo igualmente un gran dibujante. Estuve un tiempo trabajando con él y se me fueron quedando conceptos, la forma de afrontar los proyectos de una manera instintiva. Fue, a su manera, un pionero en la lluvia de ideas; algunas le llegaban muy frescas y después las iba puliendo.
¿Luego tuviste otros referentes?
En mis años iniciales conocí al argentino Jorge Andrada, un pintor más asentado, muy transgresor, que veía el arte de un modo más moderno. No era consciente de lo que estaba aprendiendo.
«Lo de las musas está bien, prefiero pensar que las ideas son como semillas que recogemos inconscientemente»
Paso previo a marcharte a València…
Tras unos años de incertidumbre, comencé a pensar que quizás eso del arte no era tan mala idea después de todo. Estuve un total de siete años fuera, estudiando Bellas Artes, incluido un curso Erasmus en Nápoles.
¿Tu estilo cómo es?
Aunque provengo de la pintura de caballete, más que estilo he profundizado en varias estéticas, decidiendo a continuación -según la idea- la técnica a utilizar y dónde debe encajar la obra, pues el contexto es decisivo.
«Entre mis obras más relevantes, ‘Caos-Orden’ y la llevada a cabo en la Calle Estores de Crevillent»
Háblanos de tu metodología.
No tengo ninguna clara. Me interesa mucho más el proceso y para cada uno diseño uno distinto, pues considero que el proceso forma parte de la obra, es como una performance. No es lo mismo pintar en tu casa que con una brocha y en la calle, donde tú casi formas parte del conjunto.
El romanticismo de las musas está muy bien, pero prefiero pensar que las ideas son como semillas que vamos recogiendo inconscientemente. Si se dan las condiciones, las ideas brotan de nuestra cabeza.
¿Cuáles son tus obras más relevantes?
‘Caos-Orden’, una de mis primeras, en la que aparece John Lennon en un lado y La Gioconda en el otro, separando la idea del artista y la musa. Asimismo, la llevada a cabo en el suelo de la Calle Estores de mi municipio, en el que imito los dibujos que realizaban los diseñadores de alfombras.
Presenté el proyecto -que completé en dos meses intensos- al Ayuntamiento de Crevillent, que aportó el material. Es una obra pensada para que se pueda pisar, se desgaste y sea restaurada dentro de un tiempo, pues habla de la memoria, la de un pueblo que se ha hecho mayor con la industria de la alfombra.
¿El público entiende tu arte?
Hay una parte que sí, por supuesto. Opino que las obras tienen capas, como si de una cebolla se tratara, y eres consciente que a las más profundas seguramente no lleguen todos, ¡pero están ahí! Debes ir dejando pistas para que sea más evidente, pues lo primero es que entre por los ojos.
Muchas veces por el tamaño, como es el de la Calle Estores, llega a la gente. Otros conceptos -la memoria- algunos lo pueden intuir y muchos otros, no. Quedan en el subconsciente.
«Ahora mismo estoy proyectando intervenciones en espacios públicos, que tengan sentido en ese contexto»
¿Elaboras las obras por encargo?
Ahora mismo, por ejemplo, estoy realizando proyectos para después presentarlos a sitios. Son proyecciones en espacios públicos que pueden aportar y tienen sentido en ese contexto.
Son temáticas que me interesan, como la identidad como pueblo, un aspecto que nos toca a todos. Se trata de plasmar inquietudes lo suficientemente elevadas como para reflejarlas en una pared. Me gustaría dedicarle una al Paraje Natural del Hondo, por medio de una metáfora sobre las aves, que van y vuelven.
Cambiando de tercio, ¿también eres músico?
Lo soy, amateur y autodidacta. Empecé a tocar la batería con quince años, investigando las diferentes músicas del mundo. Visité incluso Brasil, donde descubrí el proyecto de Candeal, de Carlinhos Brown. Esa parte social, sin duda, forma igualmente del arte.
En este sentido, hoy más percusionista, soy el director de ‘Tropa lo trop’, en el que se trabaja con geste de distintas edades y condición social. Iniciamos a los presos en la música mediante la percusión, mostrándoles las normas de convivencia con los compañeros. Es un programa tanto social como artístico.





















