Entrevista > Jesús Marcos / Comunicador audiovisual, redactor publicitario y escritor (Elche, 13-abril-1988)
Seguro que a muchos les suena la frase: ‘El último bocado es el que alimenta’, y es que, además de ser el título de la última obra del escritor Jesús Marcos, evoca recuerdos y pistas que adelantan el contenido del relato, aquella frase que repetían las abuelas animando a que los niños terminaran su comida.
El autor nos trae ahora una obra muy personal sobre la que nos adelanta algunos detalles.
Tu nuevo libro es muy diferente a los anteriores.
Sí, en los dos anteriores, ‘Christopher, el chico del metro’ y ‘A un metro de Christopher’, me sumergí en un universo ficticio para dar vida a Edu Prieto, y en este he escarbado en mi propio universo.
Cuando buceas por tus entrañas, por tu tierra, y plasmas tus recuerdos de niñez, vivencias de la adolescencia y reflexiones adultas, la cosa cambia y mucho. De ahí esta sensación de desnudez y vértigo que siento ahora mismo.
«Este libro me ha ayudado a afrontar la pérdida de mi abuela materna»
¿Qué te animó a escribir ‘El último bocado es el que alimenta’?
Principalmente la necesidad de salvaguardar el legado inmaterial que me dejó mi abuela materna.
Hoy creo que todo fue una especie de terapia, de balance, de charla final… Una forma de afrontar la pérdida, esa que no nos enseñan a gestionar. Una manera de que ella siguiese estando conmigo hasta que estuviese preparado para decirle: «gracias y hasta siempre, abuela».
¿Ha sido difícil escribirlo?
Sin duda ha sido el proyecto literario más difícil de todos. Primero, por la cantidad de recuerdos que me venían a la mente y tenía que anotar en cualquier lugar para que no se perdieran.
En segundo lugar, por la montaña rusa emocional en la que he estado inmerso durante todo el proceso creativo; y tercero, porque quería que el relato estuviese a la altura de la gran protagonista de esta historia: mi abuela Josefina.
¿Crees que, en esta lectura, cualquiera puede verse identificado?
Creo que es fácil sentirse identificado en un relato cuando bebe del costumbrismo tan propio y característico de una tierra, la Vega Baja del Segura, y de una de las fuentes más universales de todas: el amor.
El amor que siente un nieto hacia su abuela. El amor que siente una abuela hacia su nieto. El amor que siente una abuela hacia la vida. El amor que siente un nieto hacia su tierra.
«Contiene muchos recuerdos de mi infancia en la Vega Baja»
¿Cuál es el principal mensaje que transmite?
Un mensaje de agradecimiento. Este relato es un homenaje a mi abuela y a todas esas abuelas que nunca estuvieron destinadas a salir en ningún libro porque ‘solo’ cuidaron, enseñaron, alimentaron y amaron a los suyos, olvidándose muchas veces, o casi siempre, de ellas mismas.
Este libro pretende eso, el no olvidar, agradecer y ensalzar su figura.
¿Son las abuelas de tu generación diferentes a las actuales?
Salvo excepciones, la mayoría de las abuelas de antaño sentían devoción por sus nietos, al igual que ocurre con las abuelas actuales. El amor es lo que las une, y ese sentimiento tan universal está por encima de cualquier época.
Es decir, la esencia de lo que significa ser abuela creo que se mantiene intacta; otra cosa es el tiempo que puedan ejercer presencialmente debido a las circunstancias que nos rodean.
Aunque ahora no resides allí, pasaste tu infancia en Benferri, un pueblo de nuestra Vega Baja de poco más de 2000 habitantes. ¿Qué recuerdos destacarías?
Recuerdo con especial ilusión esas noches de verano al fresco, esas bajadas a la rambla a cazar ranas, esas maldades tan inocentes que teníamos de ir tocando los timbres para molestar a la gente, esas calles sin asfaltar con las que me raspaba las rodillas…
Y todo envuelto en esa simpleza y esa sensación de sentirnos eternos que hace de la infancia una de las etapas más mágicas de la vida.
«No cambiaría mi infancia por la que ahora veo en los niños»
¿Consideras que ha cambiado la infancia de la que hablas?
Sí. Desde mi perspectiva adulta observo a los niños de mi alrededor y no puedo evitar comparar infancias.
No cambiaría la mía por una de ahora, aunque supongo que esto es algo completamente subjetivo. Seguro que a más de un niño de hoy le horrorizaría tener una infancia sin tantas pantallas y comodidades.
¿Cómo están yendo las críticas de los lectores?
La verdad es que no me puedo quejar, les está encantando la historia.
Además de emocionarse con el relato se sienten identificados y, claro, cuando te ves reflejado en una historia, la magia y los recuerdos propios comienzan a aflorar.
¿Tienes nuevos proyectos literarios en mente?
Las personas que escribimos siempre tenemos proyectos en mente.
En mi caso estoy experimentando un realismo más crudo y sucio, trabajo en un manuscrito que no tiene nada ver con el tierno y adorable Edu Prieto, ni con ‘El último bocado es el que alimenta’, libro que me ha traído de vuelta a esta publicación que hoy considero amiga y hogar, gracias por el interés.






















