Entrevista > Carlos García Mera / Poeta (Guadalajara, 8-enero-1992)
Aunque nació en Guadalajara, Carlos García Mera se considera un poeta extremeño, pues pasó toda su juventud en Don Benito (Badajoz), localidad donde se formó. Confiesa, asimismo, que su poesía habla de sus vivencias, pues “toda poesía es autobiográfica”.
Hace unos meses envió su poemario ‘Jardín cerrado’ a nuestro certamen de Poesía Internacional Miguel Hernández, resultando el ganador entre los 1.055 participantes. “Al principio no me lo creía”, manifiesta.
García Mera, focalizado en su nueva obra, se desvela como un notable seguidor de la obra hernandiana, “un poeta claro”. Además de un impulso, el triunfo en el concurso oriolano le certifica la publicación de su libro, una motivación determinante a día de hoy.
Recuérdanos tus inicios literarios.
Todo ocurrió por casualidad. En mi instituto de Don Benito el profesor de literatura nos mandó hacer una tarea, copiar ‘Volverán las oscuras golondrinas’, de Gustavo Adolfo Bécquer. Pero yo no lo entendí así y en su lugar escribí un poema inspirado en aquél.
Le gustó, me instó entonces a escribir más e incluso presentarme a algún concurso.
¿Quiénes eran en ese momento tus poetas fetiches?
Fui un lector tardío de poesía. El primero que me interesó fue León Felipe, un poeta difícil de encasillar, pues, aunque suele incluirse en la Generación del 27, su voz está a medio camino entre ésta y la del 98.
Por supuesto me influyeron los poetas extremeños, entre ellos José Miguel Santiago Castelo, para mí un padre literario y emocional; Pureza Canelo, Basilio Sánchez Álvaro Valverde…
«Opino que la poesía es algo raro; muchas veces es complicado decidir por qué esa palabra y no otra»
¿Y Federico García Lorca no?
A Lorca obviamente lo he leído, y me gusta, pero mi poesía no bebe de la suya. De la Generación del 27 he apreciado más a Vicente Aleixandre, Pedro Salinas o Luis Cernuda.
¿Por qué la poesía no es tan entendida?
La poesía es algo raro y pese a que muchos opinan que está por encima del resto de géneros, opino que no es cierto. Sencillamente se ubica en otro plano distinto a la literatura.
El poema es autosuficiente, encierra un cosmos en sí mismo, pero igualmente se fomenta muy poco su lectura. La narrativa, por su parte, ofrece una visión más ‘sencilla’, en cuanto a que es menos metafórico y no requiere conocer el mundo simbólico del autor. La poesía es tan complicada de escribir como de leer.
Lorca decía, por ejemplo, “hay que subir la cultura al pueblo, no bajarla”.
¿En qué te inspiras para escribir?
Diría que en los aspectos que me rodean, en aquello que me pasa. La poesía que escribo habla de mí, en definitiva, y del propio proceso de la escritura. Es difícil decidir por qué esa palabra y no otra.
«Me siento muy influenciado por los poetas extremeños, especialmente Santiago Castelo, un padre literario»
¿Obligándote a reescribirlo una y otra vez?
La escritura verdadera del poema está en la corrección, en sus diferentes versiones, hasta llegar a una que piensas es la correcta, la pulida, pero que quizás cambiarías en unos años. Juan Ramón Jiménez decía que el poema no se termina, se abandona.
Si tus poemas hablan de ti, ¿son biográficos?
Se refieren a mí en el sentido que soy yo el que escribe, sin poder obviar que soy un sujeto al que le afectan los sucesos de la vida. Pienso que toda la poesía es autobiográfica y nace de la experiencia de uno.
¿Miguel Hernández está entre tus autores de cabecera?
Siempre ha estado presente en mí, y de muchas maneras. Sin ir más lejos, la imagen más conocida de Miguel está fechada en 1937, en Castuera, un pueblo cercano al mío, mientras estaba en el frente de Extremadura.
Asimismo, es un poeta que entró bien en mi adolescencia, porque es muy claro, habla con una palabra muy desnuda. Las imágenes que muestran son muy potentes y sí, lo he leído bastante, sobre todo en mi juventud.
«Veremos qué ‘vuelo’ tiene el libro, porque como sabemos vivimos en una época de mucha inmediatez»
¿Escribiste ‘Jardín cerrado’ para presentarlo al certamen oriolano?
Uno siempre tiene varios premios en mente, entre ellos el Miguel Hernández de Orihuela. Suelo calibrar la calidad de la edición, pues lo que más me interesa es publicar, más que la cuantía del premio.
El libro no es solo lo que yo escribo, sino cómo sale después publicado. Sin duda, la calidad de la edición condiciona muchísimo su posterior lectura.
¿De algún modo te esperabas ganar?
En absoluto. De hecho, cuando me llamó Javier Díez de Revenga, presidente del jurado, no supe de qué se trataba hasta que me dijo que había ganado el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández y la alegría fue inmensa.
¿Va a ser un impulso en tu trayectoria?
Un premio siempre lo es, y más si es uno internacional como éste. Veremos qué ‘vuelo’ tiene el libro, porque como sabemos vivimos en una época de mucha inmediatez, en la que los libros duran lo mismo que la presentación.





















