Leyre Almena, pese a ser una firme promesa del ciclismo valenciano, no sabe qué le va a deparar el futuro de un deporte -en su segmento femenino- que va “en picado”, lamenta. Solo hay que comparar los salarios de los ciclistas chicos con los de las chicas, aunque es bien cierto que su visibilidad y repercusión es mucho mayor.
Se inició muy pronto, a los cuatro años, cuando junto a su familia se trasladaron a Benifaraig, localidad próxima a Burjasot. Fue un vecino, Raúl Estellés, quien le instó a apuntarse a un club de Vinaleza y dar las primeras pedaladas, recuerda, inicialmente en una bici de ¡Hello Kitty!
Casi de inmediato empezó a destacar, ganando varias de sus primeras carreras. Fue ascendiendo de nivel -corriendo contra chicos, a los que también derrotaba-, hasta su categoría actual, la que le ha permitido disputar el Mundial de Kigali (Ruanda). “Fui una de las que más ayudó al triunfo final de Paula Ostiz”, dice orgullosa.
¿De qué modo te llamó la atención este deporte?
Me gustó muchísimo el ambiente que veía en mis primeras pruebas. Poco después empecé a fijarme sobre todo en Anna Sanchís, de Genovés, todo un referente para las ciclistas que hemos venido más tarde.
¿Cuándo descubriste que eras buena?
Más adelante, porque la etapa de escuela me la tomé como una diversión. Cuando comencé a superar a los chicos, me dije “uf, soy buena”; no paraba de oír comentarios desagradables de los padres, tipo “¿cómo te puede ganar una chica?”
Pasé entonces a cadete, corriendo por toda España, y seguía sin bajarme del podio, tanto en ruta como en pista. Disputé el pasado año las Olimpiadas Juveniles, en Eslovenia, donde conocí a Paula Ostiz, navarra.
«Cuando vencía a los chicos oía comentarios muy desagradables, tipo: ¿cómo te puede ganar una chica?»
Destacas especialmente en Ómnium.
Una prueba en pista altamente exigente, olímpica. En mi primer Campeonato de Europa hice séptima -este año, bronce- y en el Mundial, disputado en China, décima.
¿Qué te queda para ser profesional?
Aún me falta. Si es cierto que esta temporada me esperaba avanzar un poco más y poder dar el salto a un equipo continental, pero está complicado, porque el ciclismo femenino se va a pique.
¿A qué te refieres?
En España, por ejemplo, solo dos equipos (Movistar y Laboral Kutxa) pagan y cuando salimos a correr fuera no es lo mismo, el ritmo es totalmente otro. Sé que, si mi progresión continúa, que es mi auténtico sueño, el camino será fichar por un equipo extranjero.
«Si mi progresión continúa, que es mi auténtico sueño, el camino será fichar por un equipo extranjero»
Si no acabas triunfando, ¿estás preparada psicológicamente?
Pienso que sí, aunque como es lógico tengo mis bajones. Me veo tan arriba que después un quinto o un séptimo puesto en el campeonato de España me sabe a poco. Después lo analizo, pienso que éramos 150 corredoras y he finalizado entre las primeras.
¿Eres escaladora o más todoterreno?
Donde mejor rindo es sobre terreno ondulado, el denominado rompepiernas. Pese a mi escaso peso, no tengo el perfil de las grandes escaladoras, prefiero puertos cortos, de tres-cuatro kilómetros. Es uno de los puntos que me gustaría mejorar, tengo tiempo.
El ciclismo, ¿no es demasiado sacrificado?
Muchísimo, a todos los niveles, preparación, viajes, control de la comida, no poder salir con las amigas el día previo a un entrenamiento… Me he pasado el verano de un lado a otro, compitiendo, y es realmente duro.
Por eso es determinante la labor que realizo con mi psicóloga. Hubo una época que estuve cerca de dejarlo, porque el sacrificio es enorme, no vives para otra cosa.
«Este año entró en vigor que los equipos continentales deben pagar un sueldo mínimo a todas las ciclistas»
Pero tendrá muchas otras satisfacciones.
Claro, las victorias (ríe), conocer muchos lugares del planeta, enseñar -como hago ahora a los más pequeños- o el trabajo bien hecho, por ejemplo, el que completé en el Campeonato del Mundo de Kigali y fue determinante para el triunfo final de Paula.
Todavía recuerdo mi inquietud sobre quién había ganado, “who won?”, les preguntaba a los árbitros, y los lloros que eché tras comprobar que mi amiga había ganado. Nos abrazamos, fue muy emotivo, inolvidable. Toda la experiencia en Ruanda fue increíble.
¿Cómo te preparaste para esa cita?
Inmediatamente después del Mundial de pista en Países Bajos, nos instalamos veinte días en altura, en Sierra Nevada. Allí volví a tener otro pequeño bajón, porque más allá de los entrenamientos, hay poco que hacer; por fortuna me llevé una tablet y pude ver infinidad de series.
¿Cuáles son tus aspiraciones de cara a 2026?
Crecer en la nueva categoría, seguir aprendiendo y saber sufrir más. Ya conocemos las diferencias con el ciclismo masculino, mucho más profesionalizado.
Por fortuna, este año entró en vigor que todos los equipos continentales deben pagar un sueldo mínimo a todas las chicas. El problema es que nuestros campeonatos casi ni se ven por televisión.





















