Estamos allá en las alturas de la senderista sierra Perenxisa (entre la Hoya de Buñol, colindante con Utiel-Requena, y l’Horta Sud), sí, la de ‘las antenas’, cuyo vértice geodésico se acerca a los 330 metros sobre el nivel del mar. A punto casi de pasearnos, que el día lo pide, por el Paraje Natural Municipal (dependiente sobre de Torrent): 174,38 hectáreas (1.743.800 metros cuadrados).
Si miramos hacia el mar, antes se nos extenderá otro verde océano. Una huerta de unas 23.000 hectáreas (230.000.000 de metros cuadrados), según datos de la Generalitat, que también cifra en 63.000 las hectáreas (630.000.000 de metros cuadrados) para su ámbito ampliado. Una cesta madre que en 2024 produjo, siempre según apuntes oficiales, más de 1,2 millones de toneladas vegetales.
Arriban los romanos
¿Cómo y dónde surgió esta despensa de frutos propios? ¿Cuál es su historia? Sumergiéndonos en los tiempos más pretéritos, resulta fácil ceder a la tentación de imaginarnos la actual huerta valenciana, l’Horta, unos 44 municipios, parte de un río (el Túria) y la Albufera, llena de sosias de los televisivos y cinematográficos ‘Picapiedra’. De cuando nació la agricultura, hace unos 10.000 o 12.000 años, por Oriente Próximo.
La realidad es que hubo que esperar más. La clave está en esa Albufera, alimentada en parte por el río Túria. Vestigio del mítico pero real Golfo de València, nacido hace unos 200.000 años. En concreto, podemos marcar un aspa a poco después del 218 a.C., con la llegada de los romanos, de aquella expansiva civilización surgida desde Roma.
Más de 1,2 millones de toneladas vegetales se produjeron en 2024
Tríada mediterránea
Poco tardaron los romanos, tras fundar la colonia de Emporiae (Ampurias o Empúries), o sea, ‘puerto de comercio’, en colonizar toda la Península Ibérica: podemos decir que esto se formalizaría hacia el 197 a.C. ¿Y qué se iban a encontrar en la actual Comunitat Valenciana? Pues agua, sobre todo marismas, con las montañas como fondo, y de modo más marcado en las hoy provincias valenciana y alicantina, allí con el Sinus Ilicitanus o Golfo de Elche.
Ya comenzaban a colmatar estos golfos, eso sí, originando un generoso limo ideal para la agricultura: por la época, ya se anota en los legajos históricos el cultivo de la llamada tríada o trilogía mediterránea (cereales, olivos y vides). Bien es cierto que habían viajado en el morral de los fenicios, que se nos introdujeron tras fundar en 1100 a.C. la factoría de Gades (Cádiz).
Vestigio del Golfo de València, la clave está allí, en la Albufera
Camino de enlace
Una civilización que ya venía provista de alfabeto, acuñación de monedas, tornos alfareros. Los romanos aún iban a perfeccionarlo más: acueductos, arados, uso del estiércol como abono, rotación de cultivos. Y una activa ruta para distribuir lo producido, la Vía Augusta, unos 1.500 kilómetros que enlazaban Gades (para entonces, el siglo I a.C., Augusta Urbs Julia Gaditana) con Narbo Martius (Narbona).
Desde allí, con el resto de la civilización romana. Y pasaba incluso por estos pagos, hasta por la capitalina urbe de esta colonia bautizada por los romanos como Valentia Edetanorum (‘valor de los edetanos’) en su fundación, el año 138 a.C. Eso sí, la consolidación agraria llegaría con otra nueva colonización, la musulmana. Entre el 711 y el 713 entraría, a lo salvaje, las cosas como son, una cultura que sabía mucho del agro.
Con nuevas tecnologías, en la Edad Media arrancaría con fuerza
Aportaciones musulmanas
Acequias (del árabe hispano ‘assáqya’, procedente de ‘al-sāqiyah’, del árabe clásico: ‘la que lleva agua’), aljibes (‘alǧúbb’, a su vez de ‘ǧubb’: ‘pozo’) o norias (‘nā\’ūra’, derivado de una palabra siríaca, lengua franca oriental anterior al árabe: ‘crujir’). Y nuevas tecnologías o perfecciones de las ya existentes, como las almáceras (‘ma’sarah’, transformado en ‘al-ma’sara’: ‘exprimidera’ o ‘exprimidor’). Arrancaría fuertemente en la Edad Media (siglos V al XV) la futura huerta.
València, rebullir de un tira y afloja de conquistas, reconquistas y demás, con flujo y reflujo de personajes históricos, como Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid Campeador, 1048-1099) o Jaume I (1208-1276), batallando sobre estas tierras, la era le da, inclusive, para vivir un Siglo de Oro que en realidad se extiende sobre dos centurias, el XIV y el XV. L’Horta ya asentará.
Variados cultivos
Tanto asentó que las autoridades acabaron incluyendo nueve municipios en una extraña entidad, l’Horta Oest (1988-2023), sumada a las dos actuales zonas, l’Horta Sud y l’Horta Nord, que, con la capital más sus pedanías, conforman esta gigantesca almáciga (‘almásqa’, de ‘masqāh’: ‘depósito de agua’, ‘semillero’) donde impera mediáticamente el arroz, que aquí llegaba con la caída del Imperio Romano de Occidente (476).
Nada menos que más de 100.000 toneladas brotaron de la Comunitat Valenciana, en buena parte desde aquí, en 2024, si bien no fue el producto principal, galardón que se nos llevan las cebollas, 310.000 toneladas nacidas en la mismísima huerta valenciana para consumo propio (regional), nacional y hasta internacional. A los asuntos como este se nos dedica todo este inmenso mar vegetal, el que germinó hace tanto.




















