Entrevista a Miguel Terol / Participante en ensayo clínico de la UMH (Redován, 23-noviembre-1956)
Miguel salió de su casa un día con visión normal, y horas más tarde, regresó completamente ciego. El diagnóstico médico confirmó que la causa fue una neuropatía óptica isquémica, una patología neuronal que afecta al nervio óptico, como consecuencia de una interrupción súbita del flujo sanguíneo.
A partir de ahí, hace ya unos años, decidió no rendirse y entró a formar parte de un ensayo clínico pionero, liderado por el director del instituto de bioingeniería de la UMH Eduardo Fernández, a quien ya entrevistamos en este periódico hace dos años, y asumió todos los riesgos.
Reconocimiento internacional
Ahora ha sido noticia internacional gracias a la publicación de estos resultados, en la revista científica americana ‘Brain Communications’ una de las más prestigiosas del mundo, donde nada se publica sin estar comprobado, contrastado y demostrado, y con un respaldo riguroso.
En el ensayo participaron junto a Miguel tres invidentes más. Les introdujeron en el cerebro un implante que enviaba señales eléctricas a la región del cerebro, encargada de procesar la información visual, dicho de forma resumida.
Una vez retirado ese implante, el único que ha conseguido progresar y distinguir formas y colores ha sido Miguel, que hoy celebra haber decidido vivir, y no rendirse nunca.
«Fue un golpe muy duro que tuve que asimilar»
¿Cómo viviste el inicio de todo este proceso?
Al principio fue un golpe muy duro que tuve que asimilar. No fue fácil, ni para mí ni para mi familia. No me he rendido en ningún momento y he seguido adelante sin descanso, y sigo con la esperanza de seguir avanzando.
«De repente todo se volvió oscuro»
¿Cuándo empezaste a notar que algo no iba bien?
Comencé a notar problemas en un ojo dos o tres semanas antes, hasta que un día al llegar al trabajo vi que algo no andaba bien, y me llevaron al hospital de la Vega Baja. Al llegar, en solo diez minutos, me quedé totalmente ciego, y de repente todo se volvió oscuro.
Y entonces entraste en este ensayo.
La neuróloga que me atendió en el hospital, Arantxa Alfaro, me habló de un ensayo experimental en la Universidad Miguel Hernández de Elche, del que ella formaba parte. Ni me lo pensé, a pesar de los riesgos, por si existía una posibilidad de que funcionara. Al poco tiempo, y tras muchas pruebas, me abrieron la cabeza para colocarme un implante en el cerebro.
¿Recuerdas el momento más crítico?
Ha habido muchos, como el miedo a secuelas o rechazos, pero sobre todo el miedo a que tras la retirada del implante todo volviera a la total oscuridad. Afortunadamente no ha sido así, y sigo distinguiendo formas, siluetas y algunos colores.
¿Cómo cambió tu vida de repente?
Pues imagínate, de salir en coche cada día para ir a trabajar, a quedarte ciego de un día para otro. Gracias también a la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) me ayudaron a asimilarlo, y a poder valerme por mí mismo en lo esencial: vestirme, utilizar con aplicaciones el móvil y el ordenador, ir solo por la calle, y moverme por mi casa.
¿De qué manera lo asimiló tu familia?
También a mi mujer y a mis hijos les cambió la vida de un día para otro. Han tenido que adaptarse a la situación. Aparte del shock al enterarse, han tenido que cambiar su modo de vida: llevarme en coche cuando necesito desplazarme, mantener en casa un orden extremo. Nada puede estar fuera de su sitio ni objetos que puedan entorpecerme el paso, ni nada que pueda lastimarme. Están siempre muy pendientes de mí.
¿Dicho ensayo ha terminado o continúa la investigación?
El ensayo no se detiene. Una de las cosas que estoy aprendiendo es que la ciencia no deja de avanzar. Siempre se sigue investigando y buscando nuevos resultados. No se sabe hasta donde llegarán, pero el trabajo continúa. Tengo esperanza.
¿Por qué crees que los otros participantes no tuvieron la misma evolución?
Cada persona es diferente. Mi cerebro tuvo una respuesta que los otros no pudieron reproducir. En este tipo de proyectos influyen muchos factores, y no todos los pacientes obtienen los mismos resultados.
¿Qué piensas del comportamiento de la gente en general en la calle ante las personas sin visión?
Agradecidísimo, no solo con la familia y mis amigos, sino en general con gente que ni me conoce. Yo viajo solo muchas veces en el tren de cercanías, y nunca he tenido que pedir ayuda para bajar o para subir, siempre hay gente que se adelanta y me ofrece su ayuda.
«Siempre hay gente solidaria dispuesta a ayudarte»
¿Y por la calle?
Me pasa igual, la gente me pregunta si necesito que me acompañen, me ayudan a cruzar la calle, y algunos me acompañan hasta donde voy. Hay mucha solidaridad en ese sentido, y hay algo que quiero destacar, y es que la mayoría de los que me ayudan, sobre todo en el tren, suelen ser personas inmigrantes de quienes quiero destacar su solidaridad.


















