En el mundo artístico, especialmente el audiovisual, se viene produciendo un fenómeno sumamente cruel, el de ignorar a las actrices a partir de cierta edad. ¡Incluso le ha sucedido a la sublime Meryl Streep! De ello y mucho más charlamos con Victoria Salvador (València, 28-febrero-1961), una de nuestras actrices más reconocidas, triunfando desde su madurez.
Actriz de raza, a la que muchas veces le otorgan papeles fuertes, “aunque también me encanta la comedia” -le gusta reivindicar-, era tal su pasión por la interpretación que no dudó en mudarse a Milán para continuar formándose. Regresó a València, periodo en el que sobre todo fue ayudante de dirección.
Su vuelta a las tablas fue con más fuerza si cabe, llevando a cabo a partir de 2006 sus mejores actuaciones. La vimos en ‘La jornada particular’, “haciendo de una mujer con mucha enjundia”, y ‘Hora y media de retraso’, sin olvidarnos de ‘2.24’, escrita y dirigida por Jerónimo Cornelles. En la actualidad disfrutamos de ella en ‘La Ratonera’ y ‘Princeses, cavallers i dracs’.
¿Se puede decir que empezaste tarde en esto del teatro?
Pues no sé, me inicié a los veinte años. Ya había hecho algo en el colegio, de un modo muy amateur, lógicamente, antes de apuntarme a la Escuela de Arte Dramático.
¿Quién te dio la primera oportunidad?
Fueron dos, Carles Alfaro y Rafa Calatayud, con los que empecé a hacer teatro. Éramos los tres alumnos de Antoñito Díaz Zamora y en un momento dado Carles me propuso irme con él a Madrid, para recibir clases de interpretación y voz con más compañeros.
Me apunté a esa comitiva y de ahí surgió el primer montaje en el que participé, ‘El malalt imaginari’, dirigido por el propio Alfaro. Al año siguiente, tras verme en esa obra, Calatayud me reclamó para ‘Hotel temporal’.
Después te trasladaste a Milán.
Me rechazaron para el Teatre Jove, compañía de Manuel Ángel Conejero, estaba un poco perdida y siempre me había hecho mucha ilusión hacer Comedia del Arte en Italia. Además, ya había visto alguna función del Piccolo, me fascinaba el mundo de las máscaras y tuve la suerte que iba a celebrarse un seminario de Comedia del Arte.
Era 1986 y, justo cuando volvía a España, vi que se iba a abrir una escuela con vocación europea. Permanecí en Italia un total de tres años y pico, hasta 1990, con el corazón un poco partido porque, por un lado anhelaba aprovechar esa oportunidad, y, por otro, estaba el deseo de volver a estar con el que luego sería mi marido.
«Tengo mucho carácter, y la mayoría de los personajes que me dan son en esa línea»
Tras un posterior parón por maternidad, ¿quién o qué te hizo regresar?
Realmente no dejé del todo el teatro, sino que estuve unos años en un segundo plano, como ayudante de dirección. Únicamente tuve un papel relevante en ‘Pánico contenido’.
Habiendo nacido mi segunda hija, en 1998 me llamó Joan Miquel Reig para dirigir su primer espectáculo para adultos, junto, entre otros, a la alcoyana Rosana Espinós. Lo disfruté muchísimo y seguidamente volví a los escenarios.
¿Qué adjetivos te definen como actriz?
Tengo mucho carácter, y la mayoría de los personajes que me dan son en esa línea. También intento entender el que hago, seguir las directrices que me marca el director, siempre que las vea claras. Me gusta, en este sentido, que los directores/as sean abiertos, que escuchen las propuestas.
En ocasiones me han dicho que soy demasiado técnica, dominándola, tapando a veces otros aspectos como la espontaneidad, aunque con los años he ido mejorando. Ahora me dejo ir más, soy más natural.
¿Alguien importante en tu carrera es Jero Cornelles?
¡Le debo mucho! Si la persona que me recuperó para el teatro fue Juanmi, Jero lo hizo para los escenarios, con sus ‘Construyendo a Verónica’ (2005), ‘Reencuentros’ (2006) y ‘2.24’ (2008), una obra que para mí era un auténtico bombonazo. En esos tres años, pasados los cuarenta, me consolidé como actriz.
«Aunque a mí no me ha pasado, sí tengo compañeras a las que han dejado de llamar a cierta edad»
¿En qué estás trabajando ahora?
‘La Ratonera’, de Agatha Christie, compartiendo el mismo personaje con Lola Moltó, pues ella me cubre cuando no puedo y viceversa, y ‘Princeses, cavallers i dracs’, un texto de Jero y Guadalupe Sáez para un público más adolescente.
¿Por qué esta profesión es tan cruel con las mujeres a partir de cierta edad?
Afortunadamente a mí no me ha pasado, quizás también porque me reincorporé tarde. ¡Todavía me salen buenos trabajos!, pese a que apenas hay producción. Tengo compañeras a las que sí han dejado de llamar, una situación muy machista, aunque creo que se sufre mucho más en audiovisual.