Entrevista > Pilar Fabregat / Pianista (Orihuela, 14-julio-1971)
Pilar Fabregat pronto tuvo claro que su vida giraría alrededor de la música, “mi gran pasión”, pese a carecer de precedentes familiares. Reconoce, no obstante, que su progenitor todavía posee un “oído increíble, además de un gran talento artístico”.
“Entre mis recuerdos, el de mi padre cantando frente a sus cuatro hijos”, apunta. Todos se matricularon en el conservatorio, aunque ella admite que “no quería”; por fortuna prosiguió una carrera que le condujo a ser una excelente pianista.
Casi inmediatamente se incorporó a la docencia, primero en el Conservatorio de Murcia y más tarde en el colegio Santo Domingo de Orihuela. “Me ofrecieron dirigir el coro, primero dije no, pero acabé llevándolo, y más tarde hice lo propio con los dos de la catedral”, resume.
¿Por qué rechazaste inicialmente el conservatorio?
Me restaba horas para dibujar y leer libros. Mis padres me convencieron, aceptando mi condición de estar solo tres meses, tiempo que acabó convirtiéndose en toda mi vida. Ciertamente mi profesora de piano apreciaba mi facilidad para el piano, “vas por la lección 101 y el resto por la veinte”, me recalcaba.
¿Te agradaba ya la música religiosa?
Siempre he sido bastante abierta en ese sentido, a excepción del bakalao y la música disco. Estudié, de hecho, en un colegio de monjas y en el coro tocaba la guitarra, mi primer instrumento, antes de centrarme en el piano.
¿Qué ha representado el piano para ti?
¡Es mi vida!, he pasado miles de horas con él. Para mí el piano era lo primero; estudiaba seis horas al día, haciendo un sinfín de sacrificios, por ejemplo, cursar el bachiller nocturno.
«Para mí el piano era lo primero; estudiaba seis horas al día, haciendo un sinfín de sacrificios»
¿Tanto esfuerzo valió la pena?
Por supuesto. Pasaba los veranos en Granada, aprendiendo del maestro Juan José Pérez Torrecillas, catedrático de piano; también me desplazaba a Bruselas (Bélgica) para progresar junto a Patricia Montero.
¿Cómo te introduces en el mundo de los coros?
De un modo accidental. Tras cuatro años como docente de piano en el Conservatorio Murcia, el quinto me trasladé a Cartagena, donde no me acabé de adaptar. Ese mismo curso, en 1995-1996, me llamaron del colegio diocesano Santo Domingo.
El responsable del coro había dejado el cargo y el Padre Vicente, director del colegio, me pidió si podía sustituirle. Rechacé en un primer momento la oferta, insistió y acepté hasta que encontraban a otro.
¿De qué modo pasas asimismo a la catedral?
El cabildo quiso montar en 2009 una escolanía, es decir, un coro de 35 voces blancas (jóvenes) y el deán de la catedral anhelaba que yo la dirigiera. De forma paralela, en la misma catedral tenemos el coro mixto, formado mayoritariamente por 45 adultos de más de sesenta años.
Mi posición, de espaldas al público, es determinante para los coristas, vocalizo lo que deben cantar, les guío.
«Mi posición, de espaldas al público, es determinante para los coristas, vocalizo lo que cantan»
¿En el coro mixto hay más presencia femenina?
Muchísima más, 39 mujeres y solo seis hombres. Es algo habitual, porque cada sexo enfoca las emociones de una manera distinta; nosotras necesitamos más esa comunidad, pertenecer a un grupo, empatizar y socializar. Tras los ensayos ellas se quedan charlando, a veces un buen rato, mientras ellos salen escopeteados (ríe).
¿Disfrutas igual con ambos coros?
Debo reconocer que el mixto me ha costado muchísimo. Ahora los dos suenan como los ángeles, pero las voces blancas -las previas al cambio hormonal- son tan bonitas… Después les baja dos tonos la voz y la tesitura no corresponde.
Tus jornadas deben ser muy estresantes.
Bastante, con ensayos todas las tardes de martes y miércoles, sin olvidarnos de los numerosos conciertos a los que asistimos. Sin embargo, veo el lado positivo de todo: al respecto, recientemente hice una conferencia, en la Universidad de Alicante, sobre los beneficios de cantar en un coro.
«Ahora los dos coros suenan como los ángeles, pero las voces blancas son tan bonitas…»
¿Cuáles son vuestras citas más relevantes?
Obviamente dentro del ámbito litúrgico sobresale la Cuaresma y la Semana Santa. ¡No paramos!, pues debemos acompañar al obispo en todos los oficios. En la Vigilia Pascual es prácticamente cuando termino, por eso digo muchas veces eso de cuando el Señor resucita, yo descanso.
¿También eres doctora en Historia?
Pese a que mi vida ha estado focalizada en la música, la historia siempre me ha fascinado. Me matriculé, de hecho, en la Universidad de Historia de Murcia, aunque no pude asistir a clases ni dos semanas. Era imposible compatibilizar horarios.
Se me quedó la espinita clavada y tiempo más tarde, incluso después del nacimiento de mi hija Rocio, quise probar de nuevo. David Bernabé Gil, director del departamento de Historia, me recomendó hacer directamente el doctorado.
Incluso investigaste un canto muy oriolano.
El de la Pasión de Orihuela. Quise saber sus orígenes y descubrí que procede de las misiones apostólicas del siglo XVI, cuando los franciscanos entraban por la noche en Cuaresma cantando unas saetas penetrantes.





















