Leemos que el mundo (las actividades humanas) dejó en 2024 una huella de carbono en torno a las 37.400 millones de toneladas de CO2 (dióxido de carbono). De ahí, 1.100 millones las emitió Europa, de las cuales unas 280 (millones de toneladas) corresponden a España. Vale, nos asustamos o nos da igual. ¿Y en la Comunitat Valenciana?
Y se nos abren los ojos más que a un dibujo japonés cuando leemos que unos 26 millones de toneladas, cifra que circula por los medios, aunque no haya informes específicos (desde este pasado 2025 la Ley de Cambio Climático aprobada por estos autóctonos lares obliga a las empresas a registrarlo: ¿la cifra oficial?, este año). ¡Ay madre, ahora sí que la hemos hecho! O… espera, ¿eso qué significa?
Culpable de envenenar
Vale, centrémonos, ¿qué es la huella de carbono? Supone saber la cantidad total de gases de efecto invernadero, sobre todo el dióxido de carbono (de hecho, la cifra total se da en equivalente a cantidad de CO2), pero también otros como el metano o tetrahidruro de carbono (de ‘tétra’, cuatro; la fórmula es CH4) o el monóxido de carbono (‘mónos’, uno solo: CO).
¿Entonces, el carbono ese está detrás de todo? Pues carguémonoslo. No tan deprisa: si los compuestos descritos son dañinos para la atmósfera, en exceso en el caso del dióxido, como acelerante de los efectos en el último, tóxico, y por eso se lo ha estigmatizado tanto desde el ámbito político, lo cierto es que el carbono resulta fundamental para nosotros. El sexto elemento de la tabla periódica. ¿Cómo?
Tales de Mileto se planteó que todo estaría formado por un elemento
Orígenes griegos
Para aclararnos mejor, sigamos por un momento (esquematizándola mucho, eso sí) la línea temporal propuesta por Isaac Asimov (1920-1992) en su libro ‘La búsqueda de los elementos’ (‘The Search for the Elements’, 1962). Según nos relata el científico y escritor estadounidense, fue Tales de Mileto (624-546 a.C.) quien se planteó que todas las cosas estarían formadas en última instancia por un bloque (o algo) elemental.
‘Elementum’, aún con su brumoso origen etimológico (se piensa que viene del griego ‘stoikheîon’), hay acuerdo de que significaba algo así como ‘primer principio’. Para Tales, con el omnipresente mar Mediterráneo (por allí, Egeo) y la cercanía de la desembocadura de un río, el Gran Meandro (Büyük Menderes, que acabó por colmatar la bahía de Mileto, cuyas ruinas son hoy visitables), el elemento era el agua.
Forma la base de todos los elementos vivos, al menos en nuestro planeta
El quinto elemento
Hubo varios filósofos griegos más que aportaron su elemento, hasta que a Empédocles (495-435 a.C.) se le ocurrió la idea aglutinadora: agua, aire, fuego y tierra. Bueno, más tarde, Aristóteles (384-322 a.C.) añadiría el hoy peliculero ‘quinto elemento’: el éter o quitaesencia. Bien, hagamos una gran elipsis, hasta los tiempos de la Alquimia (de ‘al-khīmiya’, mezclar líquidos o elementos), con la idea de que puede pasarse de un elemento a otro.
Aquellos experimentos (buscando el elemento oro producido artificialmente) dieron muchos frutos, como cuando el valenciano Arnau de Vilanova (1238-1311), de quien ya hablamos aquí (‘Mucho más que un boticario universal’, agosto de 2023) ‘descubrió’ (hoy lo sintetizaría) el monóxido de carbono. Sería el químico francés Antoine Lavoisier (1743-1794) quien agrupase, en 1789, los 33 elementos descubiertos.
De modo racional, sin caer en los mediáticos heroísmos, hay que controlar
Un sueco y un ruso
Racionales o peregrinas, se sucedieron categorías para ordenarlos. Que el sueco Jöns Jacob Berzelius (1779-1848) introdujera los símbolos químicos en 1814 ayudó mucho. Pero fue al ruso Dmitri Mendeléiev (1834-1907) a quien se le ocurrió agruparlos por número atómico (número de protones: partículas de un átomo con carga positiva). Tras reordenaciones varias, hoy el carbono es el sexto (número atómico seis).
Nada menos que 118 elementos hay por ahora (noventa naturales, donde el quinto, por cierto, es el boro, B). ¿Y cuál es la importancia del carbono? Forma la base de todos elementos vivos, al menos en la Tierra. De hecho, tenemos la química orgánica (con carbono) y la inorgánica (el resto de los compuestos). Son sus trazas las que, por ejemplo, nos permiten sospechar la existencia de vida en algún lugar.
Heroísmos marítimos
Sería impensable, pues, el ciclo de la vida sin el carbono, pero si se desregula el asunto, por defecto o por exceso, podemos tener problemas y gordos. De ahí el control de la huella del carbono. Pero de modo racional, sin caer en heroísmos mediáticos, como el cruce del Atlántico en 2019 de la activista sueca Greta Thunberg (bienintencionada, pero una cría entonces: dieciséis años).
Acudió en velero a la Cumbre de la Juventud sobre el Clima, en Nueva York, para reducir sus emisiones de carbono. Hubo que enviar por avión una tripulación para llevar la embarcación a Europa, y el capitán usó un vuelo trasatlántico. La huella de la aventura se disparó. Científicamente hablando, la Comunitat Valenciana parece haber seguido el descenso de emisiones desde 1990, reduciéndola, como el país, en un 35%. Sin heroísmos mediáticos.




















