Constituían un curioso grupo, y más heterogéneo de lo que cabría esperar, aquella reunión de creadores, sobre todo desde la literatura, amalgamados en lo que se vino a llamar la Renaixensa o Renaixença (renacimiento) valenciana, el movimiento artístico, cultural y literario nacido entre mediados y finales del XIX, que proponía una recuperación de lo nuestro, lo valenciano, acudiendo a las mismas raíces.
Se unían en el esfuerzo, aunque para unos lo valenciano llega desde la Provenza, Occitania; para otros, aún más blaveros o blavers (por la banda azul, ‘blava’, de la bandera), que venimos directamente del latín; y otros más, pancatalanistas, que todo, hasta lo de Francia, procede del catalán. Pero encontraron puntos en común y confluyeron. Entre ellos, Teodoro Llorente (1836-1911).
Importancia capital
Lo cierto es que la importancia del periodista e historiador Teodoro Llorente Olivares, sobre todo como literato, es tal que aún sigue considerándoselo como el más importante poeta en valenciano del movimiento. Sin embargo, no pudo, por exceso de peticiones, concretar sobre el papel un encargo que, para él, constituía lo máximo. Ya hablamos de ello en ‘Hijos del arte y de la ciencia’ (octubre de 2022).
Refresquemos ahora: el encargo consistía en ponerle letra al que iba a ser el himno de la Exposición Regional de València de 1909 y, con el tiempo, de la hoy Comunitat Valenciana. La música iba a ser, y lo fue, obra del compositor suecano José Serrano (1873-1941); la letra la puso finalmente el también periodista y escritor, además de cineasta, Maximiliano Thous Orts (1875-1947).
Dirigió ‘Las Provincias’, que fundó junto al impresor José Domenech
Periodismo conservador
¿Y con qué pie, valencianista o no, echaba a andar Teodoro Llorente? Bilingüista y conservador, basó su labor en un “regionalismo prudente, dentro del españolismo entusiasta”; seguidor del político Francisco Silvela (1845-1905) y de su movimiento, el silvelismo, descentralizador (con acento regionalista, algo que lideró especialmente Llorente), recuperador del campo (agrarista, costumbrista en su espejo literario). Aparte de en sus obras, tuvo donde proyectar lo anterior, incluso un periódico.
Fundado ‘Las Provincias’ por el propio Teodoro Llorente, con la ayuda del impresor, también valenciano, José Domenech Taberner (1815-1879), en realidad supuso la reorganización de otra publicación, ‘La Opinión’, adquirida en 1861 por el comerciante, naviero y político autóctono José Campo Pérez (1814-1889), quien puso a la dirección de aquella precisamente a Llorente. ‘La Opinión’/ ‘Las Provincias’ iba a convertirse, de esta forma, en distribuidor de las ideas de este.
Comenzó a escribir en valenciano tras la visita de Marian Aguiló
Regionalismos autóctonos
Pero hemos corrido mucho. ¿Dónde se forjó todo esto? Teodoro Llorente nacía, un 7 de enero, justo después del Día de Reyes, en el seno de una familia de juristas descendientes de hidalgos de origen riojano establecidos desde la anterior centuria, el XVIII, en la ciudad de València. Y por ahí, el Derecho, más Filosofía y Letras, iba a encauzar el futuro periodista y poeta sus estudios superiores.
Españolista y regionalista, no consta que fuera precisamente pancatalanista, como se sugiere desde muchos textos, aunque sí es cierto que, aunque escritor (en las vertientes periodística y lírica) en castellano hasta el momento, la Renaixença catalana, extendida a Mallorca, influyó mucho en él, al menos en cuanto al espíritu de recuperar lengua, costumbres y alma social. De ahí, posiblemente, su adscripción, ya señalada, al agrarismo y al costumbrismo.
Pudo disfrutar en 1909 de un homenaje popular en su tierra natal
Influencia catalana
Al respecto, la visita cursada a València de Marian o Marià Aguiló (1825-1897), poeta y lingüista de origen mallorquín, establecido en Barcelona y uno de los principales autores de la Renaixença catalana, iba a influirle hasta el punto de comenzar a escribir poesía en valenciano. Eso sí, en un enfoque, por convicciones, valencianista. No solo iba a convertirse en el principal autor de la Renaixensa valenciana. Fue catalizador e impulsor.
Lo Rat Penat, asociación nacida en 1878 y aún viva, sería una de las instituciones en las que se embarcó Teodoro Llorente, pero no habría de ser la única para quien también llegó a ponerse al frente del partido conservador valenciano. Al cabo, fue además bibliotecario de la Universidad de València, y, como político, diputado de 1891 a 1896 y de 1899 a 1901.
Herencia cultural
Que no pudiera al final ponerle letra a nuestro himno no impidió que dejase un fuerte legado cultural en un movimiento que abrió, simplificando mucho, dos ramajes: el burgués, con el propio Llorente en cabeza, y otro más popular, liderado por Constantí Llombart (1848-1893). Aglutinaban, como se adelantó al principio, a un grupo de autores cuyas miras iban desde lo meramente literario al deseo de trascender a lo cotidiano.
Llorente dejó semilla cultural y activista también en su propia familia. Su cuarto hijo, Teodoro Llorente Falcó (1869-1949), continuó, ya desde una óptica pancatalanista, según unos, o simplemente unionista, para otros, la labor paterna, especialmente desde ‘Las Provincias’, cuya dirección asumió desde 1911. Llorente padre, eso sí, aún pudo disfrutar en 1909 de un homenaje popular en su tierra natal.




















