Entrevista > Richard Nevado / Estudiante (Benidorm, 1-agosto-2001)
Caminar durante 41 días, recorrer más de 1.100 kilómetros y hacerlo, además, en solitario. Ese fue el reto que se marcó Richard Nevado al decidir emprender el Camino de Santiago por la ruta del sureste, partiendo desde Benidorm y llegando hasta la plaza del Obradoiro. Una experiencia intensa, silenciosa en muchos tramos, profundamente personal y muy distinta al Camino Francés que ya había realizado el año anterior.
Decidiste hacer el Camino de Santiago en solitario. ¿A qué suena El Camino?
A viento, a coches, a silencio. A muchas cosas, pero a la vez, a nada.
Esta vez hiciste la ruta del sureste saliendo de Benidorm y llegando a la Plaza del Obradoiro. ¿Cuánto tardaste?
En total fueron 41 días.
Kilómetros alguno que otro más, ¿no?
(Ríe) Algunos, sí. Algo más de 1.100 kilómetros.
No veo que lleves ahora mismo uno de esos relojes inteligentes que cuentan los pasos. ¿Lo usaste en El Camino?
No. No tengo. Llevo una aplicación en el móvil, aunque no la utilizo, pero te puedo decir que me salía una media de 40.000 pasos al día.
«Sobre todo, el Camino es un encuentro contigo mismo»
Ya hiciste el itinerario más conocido el año pasado: el Camino Francés. ¿Por qué ahora te ha dado por hacer el del sureste?
Porque me hacía muchísima ilusión el hecho de salir desde mi casa, desde Benidorm. Al final, me he criado aquí y al volver empecé a ver flechas por todas partes y lo tuve claro: el siguiente reto tenía que ser desde aquí, desde casa, como lo hacían los peregrinos medievales.
El Camino de Santiago tiene una connotación religiosa y cuando hablamos de religión está aquello de la llamada, que se tiene o no se tiene. Esas flechas ¿fueron para ti como una especie de llamada?
Sí, justo. En cuanto empecé a ver las flechas por aquí, se lo comenté a un par de amigos “la próxima vez, cuando se me vaya la cabeza, ya sabéis por dónde empezar a buscarme”.
Aventura, reto… ¿cómo lo llamas?
Realmente es un camino, mi camino.
Se habla muchas veces de que al final del camino de baldosas amarillas está el arcoíris. ¿Qué querías encontrar tú y qué has encontrado?
Quería encontrar, entre muchas cosas, una forma de encaminarme en un futuro laboral, porque voy un poco perdido. He hecho muchos estudios, muchos empleos también y al final, ninguno ha acabado de encajarme del todo. Por ello, me dije “vamos a ver si me encuentro”. No ha salido como esperaba, pero ya sé por dónde me quiero encaminar un poquito.
«El Camino suena a viento, a coches, a silencio… y a nada»
¿Algo que no hayas encontrado que sí pensabas hacer?
Es que realmente, cuando salí de casa, no salí con una lista de cosas que quisiera encontrar, sino que más bien fueron apareciendo durante el camino, y considero que es la forma más óptima de hacerlo, porque siempre que buscamos algo con mucha fuerza, al final resulta imposible encontrarlo.
Por lo que has hablado con otros peregrinos, ¿las motivaciones para iniciar un reto así son muy coincidentes entre todos vosotros?
Al final, cada uno tiene unas especificaciones con las que hacer el camino, pero sí que hay muchos jóvenes que salen porque no saben qué hacer con su vida y se piensan que van a intentar arreglar algo. No todo se arregla simplemente caminando, evidentemente hay un trabajo detrás, bastante grande.
Pero me he encontrado historias bastante más profundas. Esto al final me parece también un caprichito, quieras que no, porque es una forma de conocer tu país, que es increíble.
¿Qué es lo más increíble?
Lo más increíble es el conjunto. En apenas diez kilómetros te puede cambiar radicalmente el paisaje. En la gastronomía sucede lo mismo: en cosa de kilómetros te cambia. El clima, por supuesto. Que sea tan variante, me parece fascinante. Tenemos mucho que descubrir todavía.
«España cambia radicalmente en apenas diez kilómetros»
¿Te ha sorprendido tu propio país?
Sí, ya me sorprendió cuando hice el Camino Francés y por eso decidí optar por otra vertiente y me sigue sorprendiendo.
¿Algún sitio que te haya sorprendido por su belleza o porque no lo esperases de esa manera?
En cuanto a belleza, Galicia ya la conocía. Pero me desvié del camino para entrar allí por el punto más alto de la comunidad autónoma y la verdad que esa zona, que se llama la Sierra Segundera, es una pasada.
Llegaste a Santiago de noche, con la plaza mojada y casi vacía. ¿Qué sensación te transmitió esa imagen casi ideal de la plaza del Obradoiro?
Fue muy emotiva, la verdad. Estaba cayendo la de Dios y no había nadie. Ya he podido hacer las dos entradas: la de película alegre y la de película triste, depresiva, que es llegar a las ocho de la tarde con lluvia y sin gente.
¿Cuál te gusta más?
Es que va acorde al camino que yo hice. El camino francés fue mucho más multitudinario, fue más festivo y, por ende, hay que celebrarlo de esa manera. Y el otro camino fue solitario, fue yo con mis cosas y el llegar yo solo con mis cosas, fue como una etapa más.





















