Entrevista > Carmen Andrés Reyes / Escritora (Aras de los Olmos, València, 7-abril-1983)
Carmen Andrés Reyes se confiesa una lectora empedernida, desde siempre. “Mis padres se alternaban leyendo ‘La historia interminable’, ‘Momo’ o ‘El Principito’”, apunta, fueron las primeras narraciones que le marcaron. Se crio rodeada de libros, augurio de cómo se iba a desarrollar su edad adulta.
Sin embargo, reconoce que “nunca me planteé dedicarme a escribir, pese a ganar algún concurso durante mi etapa estudiantil”. Fue un vaticinio que por fortuna no cumplió, pues imprescindibles para el público juvenil son ‘Los líderes del mañana’, ‘La profecía incumplida’ -ambos premiados- o ‘Moira y el baúl del tiempo’.
Lleva asimismo numerosos años trabajando con niños y adolescentes en el ámbito de la educación no formal. “Aprendo mucho más de ellos que viceversa”, se sincera. A día de hoy lleva a cabo talleres en centros educativos y con colectivos en riesgo de exclusión social.
¿Releer libros provoca que perdamos la magia?
Pienso que no. De ‘Momo’ tenía un recuerdo difuso y disfruté releyéndolo, igual que ‘La princesa prometida’ o ‘La historia interminable’, que tienen una doble lectura, pues los niños aprecian la parte fantástica, pero el calado y la profundidad de la obra es enorme.
«Salamanca, tan maravillosa, me ayudó en mi espíritu crítico a tener bases para cuestionarlo todo»
Pese a tu pasión literaria, estudiaste Historia.
¡Y en Salamanca!, que posee la universidad más antigua de España. Esa ciudad, maravillosa en todos los sentidos, me ayudó en el espíritu crítico, a tener unas bases que me permitieran cuestionarlo todo y a disponer de un criterio propio.
La Historia me apasionaba, igual que investigar. Hice seguidamente un curso en la Complutense de Madrid, completando mi formación con un máster en Arqueología -otra de mis pasiones- por la Universidad de València.
¿Tu primer libro fue ‘Los líderes del mañana’?
El segundo que escribía, el primero que se publicó; una distopia ambientada en un país ficticio (Columbland) que se dedica a fabricar líderes, los del mañana. El objetivo de los menores -narrada por dos mellizas- es llegar a ser los mejores, con la frustración que conlleva no conseguirlo.
La competencia es enorme, su vida carece de sentido y es el país del mundo que más índice de suicidios presenta, un tema que sabemos tabú en la sociedad actual. En marzo ‘Edelvives’ lanzará la versión en valenciano, ‘Els líder del demà’.
Una historia que Netflix convertiría en serie.
No me importaría en absoluto (ríe). De hecho, no paran de repetírmelo cada vez que acudo a un instituto. Espero presentar en 2027 la segunda parte, ‘Sobrevivir a Columbland’, focalizada en el momento que los chicos llegan a la universidad.
Los padres, que ocupan puestos importantes, son sumamente fríos con sus hijos, no dejan de echarles en cara cuánto se han sacrificado por ellos.
«En diversas ocasiones he intentado hacerme un guion, una escaleta, pero realmente no me funciona»
¿Qué respuesta has tenido de los jóvenes?
Muy buena. Me ha servido además para hablar con ellos de temas como el suicidio -tan tabú como latente- o los tipos de relaciones, sanas e insanas (tóxicas). También la vinculación que tienen con sus padres, si los escuchan y comprenden.
Otra propuesta es ‘Moira y el baúl del tiempo’.
Centrada en la historia de una niña que veranea en mi pueblo. Juega al pillapilla con su hermano, entra en un baúl y aparece en el Paleolítico. Debe volver y no sabe cómo.
De reciente lanzamiento es ‘Maia i la senda del temps’, una versión valenciana ambientada en Aras de los Olmos, Titaguas, Alpuente y La Yesa.
¿‘La profecía autocumplida’ es ya para un público adulto?
Considero que la puede leer cualquiera. Los protagonistas de este thriller psicológico están en la universidad, precisamente en la mía, la de Salamanca.
¿Cuál es tu metodología a la hora de escribir?
Escribo como leo, de una forma muy caótica. Quizás tengo a mitad ¡cinco libros!, y los acabo todos; de repente me centro mucho en uno, lo dejo -por cualquier razón- y retomo otro.
A ‘Los líderes del mañana’ en realidad le dediqué dos semanas, no seguidas. Es una novela corta (120 páginas), pero que redacté en este tiempo. En ‘La profecía autocumplida’, por ejemplo, tenía clarísimo el final y tuve que inventarme una historia para llegar a él.
Muchas veces empiezo a escribir y las historias fluyen, aunque en otros momentos paro, no sé dónde seguir.
«He trabajado con niños de clases media-alta que lo tienen todo, sin disponer de lo más importante»
¿El relato puede variar entonces por un sinfín de motivos?
En diversas ocasiones he intentado hacerme un guion, una escaleta, pero realmente no me funciona. Bajo mi método la historia es como si cobrara vida: los personajes pueden ser de una forma y luego, llegado un punto, cambian.
¿Te inspiras en algo concreto?
Principalmente en la vida que me rodea. He estado muy vinculada con niños de clase media-alta, a los que he visto sufrir muchísimo, porque tienen de todo, pero carecen de lo más importante, el tiempo y cariño de sus padres.




















