Desde mucho antes de que se tenga recuerdo, la música ha estado siempre muy presente en nuestra localidad. En fiestas, desfiles, pasacalles, o cualquier tipo de evento y celebración, toda excusa es buena para presumir de ella. Y si de lo que hablamos es de las fiestas de Moros y Cristianos, entonces su nivel de presencia se eleva notablemente.
Nuestra ciudad cuenta con un buen puñado de espacios y lugares públicos que recuerdan muchas de las costumbres locales, y una muy buena forma de perpetuar y de mantener viva simbólicamente entre nosotros la llama de esta tradición melódica es integrándola en el paisaje urbano.
Bandas venidas de fuera
Uno de los puntos donde podemos encontrar esa querencia por lo musical es en la nueva rotonda de Luvi, donde el Ayuntamiento acaba de levantar un monumento de grandes dimensiones que homenajea a las bandas de música que participan en las fiestas de Moros y Cristianos de la localidad.
Un monumento de metal que alcanza una altura de casi cinco metros, colocado muy cerca de donde antiguamente se encontraba la fábrica de calzado Luvi, y que simboliza ese reconocimiento a todas las agrupaciones musicales que llegan a Petrer para tocar durante nuestros festejos más conocidos.
El grupo escultórico alcanza casi cinco metros de altura
Cuatro figuras de músicos
El grupo escultórico está compuesto por cuatro músicos, dos hombres y dos mujeres, tocando la trompeta, el clarinete, la flauta y el saxofón. Las figuras se asientan sobre un tambor de grandes dimensiones que sirve de base y sobre el que se alzan los músicos.
Por supuesto, nadie puede dudar de la importancia que tienen las bandas musicales en cualquier acto de Moros y Cristianos. Forman una parte esencial de la fiesta, creando con sus marchas y repertorios la ambientación adecuada a cada momento y convirtiendo los desfiles en espectáculos vibrantes que transportan al público al centro mismo de la emoción.
Está formado por cuatro músicos tocando sus instrumentos
Recuerdo del pasado
Paralelamente, el monumento simboliza también una historia que entronca con esa tradición acogedora que caracteriza a Petrer, ya que en este lugar era donde históricamente los músicos que llegaban a nuestra ciudad se reunían para ser alojados por los festeros en sus casas durante los días que duraba la fiesta.
Una costumbre arraigada antiguamente en el pueblo que conoce muy bien el presidente de la Unión de Festejos, Francisco Cerdá, puesto que vivió muy de cerca al ser su familia una de las que participaban en este acto hospitalario.
“Recuerdo que, cuando era pequeño, -nos cuenta el máximo mandatario del ente festero-, la comparsa de Labradores a la que pertenezco traía a Petrer a la banda de Torralba de Calatrava (Ciudad Real), y siempre había algún músico que se quedaba en casa con nosotros durante estos días”.
«Cuando era pequeño mi familia solía alojar a algún músico que venía de fuera» F. Cerdá
Como uno más
Cerdá rememora cómo las relaciones que acababan forjándose entre estas gentes venidas de fuera y los vecinos de Petrer eran muy estrechas, hasta el punto de que eran considerados “como un familiar más”. Muchos repetían de un año para otro, “así que cuando llegaban aquí ya sabían a qué casas tenían que ir”.
Unos lazos que nacían por la falta de alojamiento que entonces había en Petrer. “Antes, las sedes de las comparsas, a diferencia de ahora, eran muy pequeñas y no tenían la capacidad de alojar a la cantidad de músicos que venían desde otras poblaciones lejanas. Esto, unido también a que las comunicaciones por carretera no eran como las actuales, hacía bastante inviable que todos los días tuvieran que ir y venir desde sus localidades hasta aquí”.
La costumbre desapareció alrededor de los años ochenta del siglo pasado, recuerda el presidente de la Unión de Festejos, “cuando las sedes de las comparsas crecieron y los músicos podían quedarse a dormir en ellas, así que ya no había la misma necesidad de que fueran a las casas”. Aun así, y a pesar del tiempo transcurrido, muchos siguen actualmente cultivando esa bonita relación de amistad, “hasta incluso algún músico se terminó quedando a vivir en Petrer”, destaca.
Homenaje merecido
Para Cerdá, conocido también en el ambiente festero como Paco Castalla, la rotonda significa un reconocimiento y un “buen homenaje” a todas esas bandas que vienen a tocar durante las fiestas de Moros y Cristianos.
Hoy, los tiempos han cambiado y muchas cosas han sufrido un vuelco, pero, a pesar de los años, el corazón de la fiesta sigue necesitando de esos ritmos épicos que crean las bandas de música y que nos sumergen en una atmósfera tan emotiva como mágica.





















