Resolvamos, antes de continuar, qué entendemos por frutas exóticas. La definición más oficial posible nos diría que se trata de aquellas no comunes en las dietas de la zona en que vivimos, y procedente, en nuestro caso, de países con climas tropicales o subtropicales, generalmente de América Latina (Hispanoamérica más otras áreas de América Central o la del Sur), África o Asia.
Un ejemplo paradigmático, plantado ya aquí, sería el aguacate (‘Persea americana’), también conocido como aguacatero, avocado, curo o palto. Bien es cierto que el de aguacate es un nombre que casa bien con el original, muy descriptivo, de ‘ahuacatl’ (literalmente, testículo), en lengua náhuatl, nawatlahtolli o mexicano. Lo traía a España el empresario y escritor divulgativo (sobre estos temas) Julián Díaz Robledo, allá por los años cincuenta.
Etiqueta americana
Procedían de Mesoamérica (con el prefijo griego ‘mesos’, intermedio: la mitad de México, parte de Costa Rica, Honduras y Nicaragua, más Belice, El Salvador y Guatemala enteros), y Díaz Robledo comenzó su adaptación en el Rancho California, en Almuñécar (Granada). Aunque el vegetal llegó a la Comunitat Valenciana antes de los esfuerzos del empresario andaluz. Sorprendentemente, ya había aguacates aquí.
Alguien debió traerlos en el bolsillo desde ultramar, porque el estudioso francés Carolus Clusius (vamos, Charles de L’Écluse, 1525-1609), en su obra botánica ‘Rariorum aliquot stirpium per Hispanias observatarum historia’ (1576; literalmente, ‘Historia de algunas especies raras observadas en toda España’), habla de aguacates (árboles) en las costas valencianas y alicantinas. En todo caso, la crianza comercial no llegará hasta los setenta del siglo XX.
Aguacates y nísperos rivalizan en los campos de la Marina Baixa
Por tierras propias
L’Horta Sud (en Alcàsser, Picassent, Silla…), La Safor (como en Gandia), las Riberas Alta (especialmente en Alzira) y Baixa: la crianza del aguacate se extendió por las huertas de la provincia valenciana. También por la Marina Baixa alicantina. Fue sobre todo desde Callosa d’en Sarrià (también en Altea, La Nucia o Polop) donde iba a arrancar, de hecho, el negocio en la Comunitat Valenciana.
El modelo era, por supuesto, el del empresario Díaz Robledo, pero en estos últimos casos específicos se trataba además de complementar el cultivo de otra fruta exótica, el níspero japonés o, simplemente, níspero (‘Eriobotrya japonica’), que, pese a los nombres, es oriundo del sudeste de China, aunque sería en Japón donde arraigase, hasta el punto de, más allá de naturalizarse, directamente tomar gentilicio nipón.
Andalucía y Canarias triunfan aún en la producción del mango
Cuestión de nombres
Ironías de la vida, cuanto menos la primera: el cultivo del aguacate en esta comarca alicantina se ha convertido en poderoso rival del dedicado al níspero, que se tiene como algo más propio, a pesar de que su explotación comercial no comenzaría hasta los sesenta y setenta de la pasada centuria. Bien es cierto que su introducción en huertas callosinas, obra del botánico autóctono Juan Bautista Berenguer y Ronda (1797-1863), peinaba ya canas.
Hay una curiosa segunda ironía: por muchas zonas de la Comunitat Valenciana, sobre todo alicantinas (como en l’Alacantí), se denominaba coloquialmente aguacate al níspero. Pero al final hoy se alerta de que se imponga el fruto mesoamericano. En la campaña 2023-2024, por aquí alcanzamos entre 21.000 a 23.000 toneladas, por debajo de Andalucía (55.682). Pero en nísperos, eso sí, continuamos liderando, con 10.000 toneladas (la media es de 20.000).
El kiwi es un cultivo difícil, que especialmente por estos lares requiere gran inversión
Zonas productoras
En todo caso, esta zonificación, como la del níspero, resulta bastante común en la Comunitat Valenciana. Así, el quivi, kivi o kiwi, baya comestible de la enredadera ‘Actinidia deliciosa’, original de China, por donde se encuentra muy extendida, y luego trasplantada a Nueva Zelanda, de donde nos llegó esta vez en fechas más cercanas, hacia 2010 y de un modo experimental.
Arraigó en la provincia valenciana, en l’Horta Nord, Camp de Túria y las Riberas Alta y Baixa, así como en la Plana de Castellón. Los últimos datos consignados públicamente, los de 2023, registraban una producción de más de 2.000 toneladas (anotaciones cambiantes, a veces parece que erróneamente transcritas, incluso las del propio Ministerio), sobre todo de la variedad amarilla Dori, la que se planta, por ejemplo, en Picassent o en Torrent.
Variedad y dificultades
Se trata de un cultivo difícil, que especialmente por estos lares requiere gran inversión (estructuras de sombreo, mallas cortavientos, riego por microaspersión), así que realmente donde triunfa del todo su cultivo y crianza es en las más húmedas Galicia (15.000 toneladas), Asturias (4.000) y Cantabria y el País Vasco (2.500). Pero no acaba aquí nuestra dedicación a la fruta exótica.
Chirimoyas (‘Annona cherimola’), lichis (o lechias: ‘Litchi chinensis’), maracuyás (o calalas, chinolas, frutas de la pasión o parchitas: son el fruto de la planta trepadora pasionaria o ‘Passiflora edulis flavicarpa’) o el mango (‘Mangifera indica’), de origen sudasiático, aunque luego trasplantado en América, hacia el siglo XVI, por los portugueses. Pero aún no tienen mucho lugar aquí: este último fruto triunfa realmente en Andalucía y Canarias. Son exóticos, y complicados.




















