Entrevista > Charlotte Messiaen / Premio Nacional de Divulgación Científica (L’Alfàs del Pi, 30-noviembre-1995)
Con solo treinta años, Charlotte Messiaen se ha convertido en una de las voces más prometedoras de la divulgación científica en España. Su reciente Premio Nacional de Divulgación Científica no sólo reconoce un currículum brillante, sino también una línea de investigación profundamente comprometida con la inclusión social.
Desde la ciencia del deporte, Messiaen analiza cómo la actividad física puede convertirse en una herramienta clave para desarrollar habilidades blandas en personas con discapacidad intelectual y, con ello, mejorar sus oportunidades de acceso al mercado laboral.
Su vocación nace de dos pasiones tempranas: el deporte, muy presente en su entorno familiar, y la discapacidad, a la que se acercó desde niña gracias a la convivencia con un vecino con síndrome de Down. Ambas inquietudes terminaron confluyendo en la universidad y hoy se traducen en un trabajo investigador que une rigor académico y un impacto social real.
Acabas de cumplir treinta años y ya has sido reconocida con el Premio Nacional de Divulgación Científica. ¿Te pasa que la gente, al conocerte, no espere encontrarse con una mujer tan joven?
Alguna vez me ha sucedido; pero tampoco es que sea algo muy habitual.
El caso es que tu currículum, más allá de ese reconocimiento, es impresionante. ¿En qué momento comienzas a sentir esa inquietud por investigar en el campo de la discapacidad y del deporte?
Siempre hemos sido muy deportistas en mi familia, así que puedo decir que recuerdo tener interés por él desde que tengo uso de razón. Además, soy una persona muy afortunada porque siempre tuve muy claro qué quería estudiar: ciencias del deporte.
En cuanto a la discapacidad, es algo que siempre me ha despertado también mucho interés. Tengo un vecino que tiene síndrome de Down y me juntaba mucho con sus hermanos y sus hermanas. Por lo tanto, siempre me he sentido muy cercana a la discapacidad.
«Siempre tuve claro que quería estudiar Ciencias del Deporte»
Esa proximidad al caso de tu vecino supongo que te despertó el interés por ver de qué manera se podían unir los dos mundos.
Efectivamente. Estudié Ciencias del Deporte en Valencia y ahí cada vez me interesaba más por el deporte adaptado, por el deporte para personas con discapacidad. Siempre que he podido, he ido orientando mi actividad en esa dirección.
No quiero utilizar la palabra ‘fácil’ porque no lo es, pero investigar en un campo que te apasiona supongo que será, si me permites, menos duro.
Sí, creo que eso es lo fundamental: que te guste y que te apasione. De esa manera, te da igual tener que madrugar mucho o tener que echarle horas.
Y al final de todo ese recorrido, el pasado mes de octubre, recoges ese Premio Nacional de Divulgación Científica en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. ¿Cómo fue ese momento?
Fue toda una sorpresa. Antes del verano te tienes que presentar al concurso y luego te selecciona la universidad. En España han participado un total de 58 universidades y a mí me seleccionó la Universidad Miguel Hernández de Elche.
De esas 58 candidaturas iniciales, se seleccionaron seis finalistas y no me esperaba estar entre ellas. Fue toda una sorpresa. Sobre todo, porque la decisión de presentarme a este premio la tomé a última hora, pero salió muy bien.
«Considero el deporte una herramienta brutal para trabajar habilidades blandas»
Ahora tienes un gran currículum y, además, un premio de enorme nivel y prestigio. ¿Qué es lo que toca a partir de ahora?
Para empezar, todavía me queda terminar la tesis, así que tengo unos dos años por delante para hacerlo. A partir de ahí, me gustaría seguir con la divulgación y la investigación. La intención es no parar.
Tu investigación analiza cómo el deporte puede entrenar habilidades blandas con personas con discapacidad intelectual y cómo esto mejora sus oportunidades de acceso al empleo.
Esto viene porque en la Universidad ofrecemos una cátedra para personas con discapacidad intelectual. Gracias a esa cátedra, pueden formarse durante un año con el objetivo de conseguir un trabajo. Es como un ‘nanomáster’ que se llama auxiliar de tienda. Tienen asignaturas específicas para luego hacer prácticas en las tiendas y algunos de ellos acaban contratados.
Y tienen una asignatura, que es la que lleva mi directora de tesis, Alba Roldán, que se llama ‘Actividad física aplicada’, porque la aplicamos al trabajo, a las tareas que van a hacer.
¿Cómo lo hacéis?
En líneas generales, las empresas con las que colaboramos y con las que luego estos alumnos van a hacer prácticas, nos explican cuáles son las principales dificultades con las que se encuentran. Lo más repetido es que les cuesta comunicarse con el cliente, que a veces se bloquean y no son muy resolutivos.
Es decir, las habilidades blandas, que son la comunicación, la toma de decisiones, la resolución de problemas, el trabajo en equipo… son todas esas cosas que necesitamos dentro del empleo y que a este colectivo a veces le cuesta.
«La pasión es clave para soportar la dureza de la investigación»
Sigo sin verle la relación con el deporte.
Mi directora de tesis lo tenía súper claro: en el deporte se trabajan todas esas habilidades. Se desarrolla todo eso de lo que hemos hablado. Entonces, lo que hacemos es trabajar para intentar que, a través de la práctica deportiva, puedan ir mejorando en aspectos como la resolución de problemas, la toma de decisiones… para, posteriormente, que todo eso se transfiera al ámbito laboral.
¿Puedes ponerme algún ejemplo concreto de cómo se trabaja esto?
Nosotros decimos deporte, pero en verdad nos referimos a actividad física en general. Un ejemplo muy clásico sería el que representa un juego llamado la telaraña. En él, los chicos tienen una cuerda en parejas y el objetivo es que tienen que formar una telaraña y encima de la telaraña hay una bola y tienen que transportarla de un lado del campo al otro sin que se caiga.
Esa es la única instrucción que les damos. Les decimos “no soltéis la cuerda, la bola tiene que ir de un lado a otro”. Y entre ellos se tienen que apañar.
Entonces, claro, se tienen que comunicar, tienen que pensar, tienen que trabajar en equipo… Si se cae la bola, tienen que pensar ¿y ahora qué hacemos? ¿cómo lo solucionamos? A veces, si se quedan bloqueados, intervenimos nosotras. Pero también se ha dado el caso en que aparece una persona que toma el rol de líder y habla mucho y todos los demás se quedan callados.
En otras palabras, trabajáis para que, a través del deporte y de la actividad física, los alumnos puedan ganar en habilidades como la agudeza, la rapidez mental, la toma de decisiones, el trabajo en equipo…
Sí, porque todo ese trabajo, al final, te ayuda cognitivamente en un montón de aspectos.
«No me esperaba estar entre las seis finalistas del premio»
Todo ello, claro, para luego aplicarlo a su experiencia en la vida laboral.
Así es. Se trabaja, por ejemplo, en enseñarles que tienen que escuchar a sus compañeros y aunque su idea no te encaje, no te guste, o no tengas la misma opinión, considerar por qué esa persona ha pensado eso y por qué yo considero que no es una buena idea… Que se den cuenta de que, quizás, no lo están viendo desde el punto de vista correcto.
También aprenden a comunicarse y cuando se va en un poco de tono, nosotros nos encargamos de reconducir la situación. Decirles “oye, esto así no se dice, ten cuidado con tus palabras, que pueden ofender”. Entonces, claro, es un ambiente en el que aprenden un montón de cosas.
Ese aprendizaje de la comunicación asertiva podría ser muy útil más allá del colectivo de personas con discapacidad. Estoy pensando que hoy en día nos vendría muy bien a toda la sociedad.
Claro, nosotros nos enfocamos en las habilidades blandas, pero es que el deporte nos da muchos más beneficios. También hablamos de un colectivo que suele ser muy sedentario. Entonces, el simple hecho de moverse un poquito, darles ese espacio de un par de horas al día para que se muevan ya produce muchos beneficios. Hace que tengan menos bajas laborales o que, incluso, aguanten de pie todo un día laboral.
Además, siempre les decimos que el primer paso para conseguir un empleo son las entrevistas y que tienen que ir dando una buena imagen.
¿Los preparáis, incluso, para afrontar ese proceso de la entrevista?
No es que los preparemos, pero sí que les educamos un poquito. Hacen deporte con nosotros y, por lo tanto, también hablamos de cuestiones como la higiene. Después de hacer deporte te tienes que duchar. O, mientras lo haces, tienes que llevar un chándal o ropa deportiva y cuando vuelves al aula tienes que llevar otro tipo de ropa.
Ese tipo de cosas sí que las intentamos dejar muy claras: no puedes vestirte como quieras siempre, a veces tienes que ir más arreglado.
«Muchas barreras no son físicas, son sociales o comunicativas»
Eso me lleva al campo de las rutinas, que también son algo fundamental tanto en el deporte como en cualquier aspecto de la vida.
Así es. Te hablaba de la higiene, porque muchos de ellos tienen bastantes problemas o no entienden muy bien el concepto de cosas como frotarse por todos lados. O de mojarse un poco, pero no usar el jabón. Son detalles que también forman parte de la asignatura.
¿Cómo es la respuesta que ellos os trasladan desde el plano emocional?
A mí me dan la vida, la verdad. Tengo clase con ellos los lunes y los viernes y es la mejor manera de empezar y de terminar la semana laboral.
También has formado parte del Proyecto Europeo Ideal 2.0. ¿En qué consiste este proyecto y cómo llegas a él?
Es un proyecto que ya ha finalizado y que tuvo una duración de cuatro años. En él han participado varias universidades en Europa que colaboraban, y también la Federación Internacional de Deportes para Personas con Discapacidad. Lo que intentábamos es sacar productos para mejorar, para tener un mundo más inclusivo. Nosotros lo llamábamos un mundo ideal.
«Cada vez hay más mujeres en ciencia… y eso es una gran noticia»
¿Qué tipo de productos?
Aplicaciones, porque con todo el tema de la covid había muchas competiciones que se habían pausado. Entonces, generamos aplicaciones, concursos virtuales, le dábamos más visibilidad a las redes sociales, intentábamos hacer más investigación o formaciones para los entrenadores, que muchos de ellos se sienten poco competentes a la hora de trabajar con este colectivo.
Conseguir todo este tipo de información, juntarla toda y repartirla y que sea lo más accesible posible. La expresión accesibilidad universal también sobrevuela todo el proyecto. Al final, no sólo hablamos de barreras arquitectónicas, hay muchas barreras que no son físicas.
En ese sentido, y dentro de este proyecto, sacamos un manual de buenas prácticas gratuito y que se lo puede descargar cualquier persona.
¿Cómo de importante es tener un código de buenas prácticas y seguirlo? ¿Para qué sirve?
Concretamente, este habla sobre lo que hacemos nosotros en la universidad con los chicos con discapacidad intelectual. Reunimos unos 36 juegos y explicamos cómo enfocar ciertas habilidades blandas y cómo adaptarlas si tienes algún conflicto. Es un documento muy informativo, muy lúdico, que puede servir hasta a los profesores de educación física, a cualquier entrenador que trabaja con niños.
Empezaba hablando de tu juventud, pero también tenemos que hablar de tu condición de mujer. Creo que, poco a poco, estamos mejorando; pero la presencia femenina en el ámbito de la ciencia sigue siendo escaso.
Cada vez hay más mujeres. De hecho, en nuestro centro de investigación éramos minoría y ahora parece que las que entran son casi todas mujeres. Además, en la fase final del Premio Nacional de Divulgación Científica, de los seis finalistas sólo uno era hombre. ¡Mujeres al poder!






















