Entrevista > Daniel Sánchez / Ingeniero robótico y docente en la Universidad Alicante (Elche, 8-octubre-1998)
Hoy en día la robótica ya no pertenece a la ciencia ficción: es la alianza entre sensores, algoritmos y acero que redefine la frontera entre lo humano y lo artificial. Desde fábricas inteligentes hasta quirófanos, su progreso vertiginoso anuncia una era donde las máquinas aprenden, colaboran y expanden nuestras propias capacidades.
Daniel Sánchez trabaja en proyectos que combinan Inteligencia Artificial (IA), automatización y fabricación inteligente. Desde su experiencia en Japón hasta su labor como profesor universitario, y su trabajo en el centro de investigación AIJU, en Ibi, reflexiona sobre el impacto de la tecnología, el futuro del trabajo y la importancia de mantener el factor humano.
¿Qué es lo que más te atrae de tu trabajo?
Poder experimentar con tecnología muy avanzada. No todas las empresas tienen acceso a ciertos robots, sensores o cámaras, y nosotros sí. Eso me permite probar y aprender constantemente.
Cuando se diseña un robot, ¿qué profesionales participan en su desarrollo?
Depende del tipo. En robots industriales, el equipo suele incluir ingenieros y técnicos. Pero si el robot debe interactuar con personas, también colaboran psicólogos y expertos en comportamiento humano.
¿La IA es clave en este campo?
Totalmente. En los últimos años toda gira en torno a la IA. Hoy, cualquier proyecto que no la incorpore deja de ser novedoso. En mi doctorado trabajé en la manipulación de objetos deformables, como las piezas calientes que se extraen de moldes para fabricar juguetes. La IA se usa para predecir y regular la fuerza necesaria al sacarlas, garantizando que no se rompan ni arañen.
También hay avances en robótica médica, control muscular, asistencia motora o generación de contenido y cualquier otro sector. Evoluciona y avanza a una velocidad que da vértigo.
«Los trabajos no desaparecen de un día para otro, sino que evolucionan»
¿Y qué pasa con otros sectores, como la domótica o la agricultura?
La IA ya está en todos ellos. En domótica, por ejemplo, las casas inteligentes aprenden tus hábitos y predicen cosas como el consumo energético. Lo mismo sucede en agricultura, donde se optimiza el uso de agua o fertilizantes.
Pero muchos temen que la automatización destruya empleos.
Es cierto que hay estudios que predicen la desaparición de más de quinientos oficios en la próxima década, pero también hay malentendidos. La gente ve robots humanoides y piensa que ya pueden reemplazarnos, y eso está muy lejos.
Entonces, ¿el factor humano sigue siendo esencial?
Sí. Los trabajos no desaparecen de un día para otro, sino que evolucionan. Por ejemplo, Chat GPT puede generar textos o dar consejos, y aunque mucha gente se confía no debemos pensar que puede sustituir a un psicólogo o un nutricionista con años de formación. La IA es una herramienta, no un reemplazo.
¿Cómo se aplica esa filosofía en tu trabajo?
Nuestros proyectos buscan mejorar las condiciones laborales, no sustituir personas. En el caso del robot que extrae piezas calientes del molde, antes lo hacía un trabajador que corría riesgo de quemarse. Ahora el robot asume esa parte peligrosa, y el operario se ha trasladado a un puesto donde aplica habilidades humanas más complejas.
«Todos los métodos de hace unos años ya están obsoletos»
Si tuvieras la posibilidad y presupuesto ilimitado, ¿qué proyecto desarrollarías?
Algo relacionado con la robótica de rehabilitación, me interesa cómo puedo ayudar a las personas. Está demostrado que combinar robótica y videojuegos mejora la recuperación motora. Si una persona con una lesión repite un movimiento dentro de un juego, se motiva más y progresa más rápido.
También eres profesor en la Universidad de Alicante ¿Cómo estás viviendo esa experiencia?
Muy buena. Llevo tres cursos y disfruto mucho. Doy clases en el mismo grado y máster que estudié, así que entiendo bien las dudas de los alumnos. Intento ofrecerles una visión actualizada de la tecnología, más cercana al mundo real.
Eras muy joven cuando empezaste a dar clases ¿Cómo fue el primer día?
Tenía unos veinticuatro años, justo antes del doctorado. Al principio no me daban las llaves del aula porque no creían que fuera el profesor.
Incluso los alumnos me preguntaban mi edad y muchos eran mayores que yo. Además, como tenía cara de ser aún más joven de lo que era, me costó unas cuantas clases que creyeran que era su profesor.
«Era tan joven que me costó unas cuantas clases que creyeran que era su profesor»
¿Crees que tus estudiantes tienen más oportunidades en este campo?
Sí. Todo avanza a una velocidad increíble. Hace poco, las imágenes generadas por IA eran irreales, y hoy parecen fotografías. Los métodos de hace cinco años ya están obsoletos. Hay que actualizarse constantemente.
Tu trabajo parece tener mucho futuro
Sin duda. La Inteligencia Artificial y la robótica seguirán creciendo. Las empresas y las personas están cada vez más interesadas en estas tecnologías, lo que nos obliga a seguir investigando para no quedarnos atrás.
¿Cuál era tu juguete favorito de pequeño?
Siempre quise el Halcón Milenario de Star Wars, pero nunca lo tuve. Si algún día tengo un hijo espero que aún exista para comprárselo y jugar con él.





















