Desde hace una década, los residentes de Torrevieja tienen un nuevo vecino: una población aviar inesperada y asilvestrada que se ha rebelado contra su naturaleza doméstica para proliferar más allá de las puertas del campo. El incidente fundacional ocurrió en 2014. Fue entonces cuando un particular anónimo decidió, presumiblemente en un acto de dudoso altruismo o de simple irresponsabilidad, liberar sus gallinas.
Fue precisamente ese anonimato, y la ausencia de testigos que lo corroboraran, lo que impidió que se formalizara una denuncia y se identificara un responsable claro por el abandono de los animales.
Cabe destacar que la Ley 4/1994 de 8 de julio, de Protección Animal de la Comunitat Valenciana, contempla sanciones administrativas que pueden ascender a miles de euros por el abandono de animales domésticos. Dado que la gallina ostenta esa categoría, cuenta con la protección legal pertinente, cuya aplicación se ha visto paralizada por la impunidad del acto inicial.
De la selva asiática al corral planetario
El padre biológico de la gallina doméstica es el Gallo Rojo de la Selva (Gallus gallus), una especie que habita en el sudeste asiático, en regiones que comprenden la actual India y Pakistán. En su origen, las gallinas no estaban concebidas primariamente como fuente de alimento o ponedoras de huevos, sino como elementos rituales cuyas partes se utilizaban en ceremonias ancestrales.
Pronto se reconoció su utilidad alimenticia, lo que impulsó su expansión global, desde las rutas fenicias hasta los viajes de los exploradores. Fue en el Imperio Romano donde se popularizó su consumo de carne y huevos a gran escala, viajando con los soldados como ración de batalla. Posteriormente, durante la Edad Media, se consolidó como una de las principales fuentes de carne.
En los siglos XIX y XX se implementó la explotación intensiva, un proceso que industrializó su crianza y estableció las granjas industriales, asegurando una distribución masiva a nivel global.
Clima mediterráneo, su hábitat ideal
Como confirman los expertos veterinarios, la temperatura óptima para la cría y desarrollo de la gallina oscila entre los catorce y veinticuatro grados.
Esta condición térmica convierte a la ciudad de Torrevieja, con su clima mediterráneo templado, en un entorno propicio para fomentar la evolución y el desarrollo poblacional de esta especie. La benignidad ambiental actúa como un catalizador clave para su actual proliferación.
Rebelión en la granja
Si George Orwell resucitara, quizás vería en este episodio una alegoría sociológica digna de sus obras más célebres. Esta controversia, que podría tener tintes tiernos si no fuera por sus consecuencias, supone un verdadero problema sistémico para Torrevieja y sus vecinos; siendo estos últimos quienes, paradójicamente, están fomentando el crecimiento poblacional de las aves al alimentarlas.
Los diferentes estudios ecológicos destacan que la irrupción masiva de gallinas asilvestradas supone un impacto significativo en los ecosistemas que invaden de manera descontrolada. Esto comienza con las afecciones directas a especies autóctonas, incluyendo otras aves, anfibios y reptiles, al competir por los recursos.
A esto se suman los graves problemas de salubridad generados por los excrementos y la intensa contaminación acústica en el entorno urbano. Además, perjudican los cultivos y jardines como consecuencia de su costumbre innata de escarbar en la tierra en busca de alimento.
¿Cuántas gallinas habrá en diez años?
En 2014, se abandonaron aproximadamente cuarenta gallinas. Diez años después, la población estimada se eleva a setecientos ejemplares. Si no se logra controlar eficazmente el problema, el crecimiento poblacional de gallinas en Torrevieja seguirá una progresión exponencial.
Teniendo en cuenta los múltiples factores que inciden en su desarrollo -entre ellos, la baja incidencia de enfermedades, la disponibilidad ilimitada de alimento y la casi total ausencia de depredadores en la zona urbana-, la población de gallinas en el futuro cercano podría contarse por miles, lo que generaría un impacto dramáticamente negativo en la fauna local y la calidad de vida de la población.
Otros casos internacionales
Dicha sobrepoblación de gallinas en el estado norteamericano es el caso global más conocido, especialmente en la isla de Kauai, en Hawái. Al igual que en Torrevieja, el fenómeno se originó por el abandono de gallinas por parte de colonos y criadores, y se vio agravado por sucesos como el huracán Iniki en 1992, que destruyó gallineros y liberó un gran número de aves.
Las consecuencias han sido análogas a las que impactan al municipio alicantino: perjuicio a la agricultura local, daños a huertos y jardines, y un notable aumento de la suciedad en el entorno.
Como resultado del abandono de animales, similar a los casos de Torrevieja y Hawái, la población de estas aves proliferó también en Key West, Florida, un crecimiento que también se vio impulsado por la autorización de crianza libre en ciertas áreas. Este fenómeno tuvo las mismas consecuencias en la salubridad del entorno y la tranquilidad de los vecinos, amplificando la contaminación acústica y el ruido.
También, en diversas comunidades urbanas y semi-rurales de Australia y Nueva Zelanda, las autoridades han tenido que lidiar con poblaciones asilvestradas de gallinas y, en algunos casos, de pavos reales, demostrando que el desafío de la fauna doméstica que regresa a un estado salvaje es un problema de gestión global.
Poner puertas al corral
Además de las soluciones físicas, como construir vallas y barreras para controlar la dispersión de las aves, la clave de la estrategia reside en la educación vecinal.
Es fundamental fomentar la no alimentación de los animales, pues este sustento artificial elimina la necesidad de buscar alimento y de enfrentarse a las contingencias naturales, condiciones que favorecen su crecimiento poblacional descontrolado.





















