Se puede encontrar al visionar el ‘Plan estratégico municipal Alfafar 2030’. Allí, en el campo urbanístico y dotacional, se habla de la construcción de la residencia y centro de día, cuyas obras continúan a buen pie. O, en fuentes mediáticas, de la finalización del plan de viviendas protegidas (2021-2026). Son acciones que, una tras otra, incluso a veces coincidiendo, van cambiándole la cara a la población.
En realidad, siguen contando una historia, la vital alfafarense. Aventura en la que vamos a ver pasar a la localidad del estatus de pueblo agrícola andalusí a municipio residencial e industrial en el siglo XX, para desembocar en lo que hoy ya es una moderna ciudad (con pinceladas, a veces muy tenues, de sus pasados en la zona más histórica) físicamente unida a otras.
Perfil acotado
Alfafar, como buena parte de los municipios de l’Horta Sud, ha ido acercándose a sus vecinos hasta su más directa conurbación con estos, algo muy evidente a poco que nos despistemos y nos pongamos a andar de más. Si nos acogemos a la rosa de los vientos, a los puntos y subpuntos cardinales, lo vemos más claro, ya que la comprobamos entonces extendida a sus vecinos.
O sea, al noroeste y al norte limita con València, Sedaví y Llocnou de la Corona; al noreste, este y sureste, con València; con Massanassa al sur y suroeste; y con Paiporta y Benetússer al oeste. En todo caso, maticemos estas acotaciones: solo el 13% del suelo alfafarense es urbano, mientras que el resto se queda en huerta, buena parte en el Parque Natural de la Albufera.
Posiblemente colindante con la Vía Augusta, hubo asentamiento romano
Pretéritas historias
Hay pasado donde hurgar, eso sí. Aunque todo indica que esta hoy urbe fue primeramente alquería muslime, con nombres como el de Aldamosfar (derivado de ‘al-ḥawwār’, tierra blanca), ‘alfarería’ o ‘lugar hondo’ según la fuente etimológica elegida, y que sería la primera de las seis etapas con las que resumiremos su historia, rastros hay de un primer núcleo poblacional de cuando tuvimos por estos pagos a los romanos.
Cercanía al mar, integración en las marismas generadas por el golfo de València y construirse aquel asentamiento posiblemente colindante a la Vía Augusta, suerte de autopista romana que nos llevaba, en un recorrido de unos 1.500 kilómetros desde Gades (Augusta Urbs Julia Gaditana) hasta Narbo Martius (Narbona), y de allí al resto de la Roma clásica, podrían ser las razones.
Su núcleo urbano se agrupó en torno a la vieja iglesia, quizá antes mezquita
El sitio primigenio
Aquel trazado se introducía en la hoy Comunitat Valenciana a través de la actual provincia de Alicante aprovechando la conexión física de esta con Cádiz mediante la cordillera Prebética. Y ya puestos, hay incluso indicios de otro posible asentamiento allá por la Edad del Bronce (entre el 2000 a.C. y el 800 a.C. por estas tierras). Así que Alfafar ya era una población viva antes de nacer.
Pero el brote desde el que se generaría la actual ciudad surge desde la cultura árabe, desde la conquista muslime desde 714 hasta la toma de la Taifa de Valencia por Jaume I (1208-1276) en 1238. ¿Cómo era aquel Alfafar? Fundamentalmente agrícola, entre acequias y marjales, además de, según se infiere del nombre, poseer manufactura cerámica. Algo que iba a consolidarse durante nuestra segunda etapa.
Hoy superan el centenar las firmas en los polígonos comerciales
Huerta eterna
Agrícola continuó siendo Alfafar entre los siglos XIII y XV (o sea, el final de la llamada Plena Edad Media, desde el XI al XIII, y toda la Baja Edad Media, hasta el XV). Su núcleo urbano se haría menos disperso, agrupándose en torno a la vieja iglesia, posiblemente erigida sobre una mezquita, que a partir de 1736 se convertía en la actual Nuestra Señora del Don.
Puesto que ya mi compañero A. Batalla se detuvo en estos meandros históricos (‘Alfafar, municipio con nombre andalusí entre la acequia y el marjal’, agosto de 2025), resumamos: la tercera etapa (XV al XVII) y la cuarta (XIX) contemplaron un municipio eminentemente agrícola, aunque la arribada del ferrocarril (de 1852 es la estación Alfafar-Benetússer) dinamizaría.
Barrios y centros comerciales
También implementó mucho. A lo largo del siglo XX, la quinta etapa, se recoge, de la anterior centuria, un crecimiento urbano aún más compacto, pero también, dadas las mayores y mejores conexiones, con una expansión urbana que incluía entre los años cincuenta y los setenta barrios obreros, como el paradigmático Orba (de finales de los sesenta). O el de San Jorge, residencial que a principios del XX fue la zona industrial.
¿Y las grandes superficies? La primera aterrizó en 1973, Continente, integrada en 1976 en el grupo Carrefour, que aquí y en Sant Joan d’Alacant (en 1977) iniciaba su expansión por la orografía española. En Alfafar, según información municipal hoy superan el centenar las firmas en los polígonos comerciales que rodean a aquel. Y nos presenta la sexta etapa, la de una urbe pequeña pero atrayente incluso en lo comercial.




















