Confluencias, que dicen. El área metropolitana de València, l’Horta, crece y abraza a la ciudad y a sus pedanías, mientras el ‘cap i casal’, dentro de su interés con alzarse con el título de capital de la cultura mediterránea, programa también con vistas a su entorno. Itinerar, de esta forma, se convierte en algo fundamental, en una de las bases de las programaciones culturales de la zona.
Programaciones que, no obstante, de momento quedan en una especie de limbo ilusionado, porque ni los consistorios parecían tener algo aún confeccionado al elaborar este reportaje (lo que, según fuentes consultadas, no es verdad, simplemente se trata de ofrecer las realidades en el momento oportuno) ni las redes son muy comunicativas al respecto (en algunos casos, por cierto, permanecen bastante desactualizadas). Y se trata de un buen número de localidades.
Demanda y oferta
Estamos hablando de un contingente de municipios formado por Alaquàs, Albal, Albalat dels Sorells, Alboraia, Albuixech, Alcàsser, Aldaia, Alfafar, Alfara del Patriarca, Almàssera, Benetússer, Beniparrell, Bonrepòs i Mirambell, Burjassot, Catarroja, El Puig de Santa Maria, Emperador, Foios, Godella, La Pobla de Farnals, Manises, Llocnou de la Corona, Massalfassar, Massamagrell, Massanassa, Meliana, Mislata, Montcada, Museros, Paiporta, Paterna, Picanya, Picassent, Puçol, Quart de Poblet, Rafelbunyol, Rocafort, Sant Antoni de Benaixeve, Sedaví, Silla, Tavernes Blanques, Torrent, Vinalesa y Xirivella.
Aunque, en principio, sí se pueden aventurar pinceladas generales para unas programaciones articuladas, por un lado, en torno a auditorios y casas de cultura locales, y por otro en calles y plazas. Cine, exposiciones (arte y patrimonio), música (conciertos y ciclos) o teatro (‘amateur’ y profesional), combinando la cultura foránea con la local, incluido, como hemos visto, el apoyo a las artes y las artesanías propias. Y lo antropológico, lo folclórico.
Son unas programaciones articuladas en torno a centros, calles y plazas
Teatro, folclore y cine
Existen citas ya marcadas en los calendarios, anuales o bienales, como la Mostra de Teatre Amateur de Benetússer, por noviembre (el año pasado, la edición 18); o Fimel, la Gran Fira de Meliana, para octubre (en el 25, la 26), sobre agricultura, comercio y gastronomía (que hoy también es cultura, por la parte más nutritiva de todo lo que antaño agrupaban en el folclore, que también incluye danzas y tradiciones).
Sin olvidarnos del sempiterno cine, destacando Quartmetratges (en otros tiempos fue el Concurs de Curtmetratges de Quart de Poblet), uno de los veteranos para los cortometrajistas, que ha recorrido desde el cine en súper 8, 16 o 35 milímetros hasta los reinos digitales actuales. Lo creaba en 1984 la entonces asociación juvenil Terra Culta, fundada dos años antes.
Gracias a estas programaciones podemos pulsar el ambiente cultural
Veteranía y juventud
Centrado, el Quartmetratges, en octubre, en lo producido en este apartado en la Comunitat Valenciana, se convierte en una ventana a la creación audiovisual precisamente en estas tierras, ya que va dirigida a obras de autoría autóctona (o residente por estos pagos). Y esto nos da también otra clave para la realización de actividades, donde siempre el elemento propio tiene cuanto menos su apartado.
Desde las redacciones de los medios nos permite pulsar el ambiente cultural gracias a estas programaciones. A veces esto trasciende en su espíritu. El Som Paiporta, por ejemplo, asegura de sí mismo: “no es solo un festival. Es un latido colectivo, un espacio donde la música, la cultura y la solidaridad se encuentran para celebrar lo que nos une como comunidad”.
Realmente hay casi al menos un espacio cultural por municipio
Especular sobre un nombre
Además, “aquí confluyen artistas locales y nacionales, iniciativas solidarias y la energía de todas las personas que creen en la fuerza de nuestro pueblo”. Folclor, fallas (en concreto, la solidaria y colectiva, en marzo, que protagoniza), para posiblemente la programación más joven. Se creaba el pasado año “para dar apoyo y visibilizar la recuperación tras la dana”.
¿Música? Señalemos el Gothejazz, en Godella. El pasado año se celebraba en noviembre este panorama de lo mejor del jazz en la Comunitat Valenciana e incluso nacional. Su nombre ha servido para especulaciones mil: que fusiona gótico y jazz, que homenajea al escritor, filósofo y naturalista alemán Goethe (1749-1832). La realidad es que deriva de la expresión ‘Go! The Jazz’ (¡vamos, el jazz!).
Sinergias con la capital
Llega la época de las sinergias (varios en una función común). La València capitalina, sede, por otra parte, de la Diputación valenciana, propone también sus propios circuitos culturales, asumidos por la red metropolitana, ya hemos visto que articulada en torno a auditorios y casas de cultura locales, así como espacios urbanos. Es el caso de Les Arts Volant (las artes volando).
No hay lugar fijo: sí programación distribuida por calles y plazas provinciales. O el apoyo a grupos de voces corales. La itinerancia es aquí bandera a enarbolar. Obviamente, de ello se enriquecen también las programaciones de los espacios culturales del área metropolitana. Otro tema, que aquí obviamente no cabe, sería reparar en cuáles son estos. Y realmente hay casi al menos uno por municipio.

















