A lo largo de la historia han proliferado diferentes leyendas y mitos a colación de los bandoleros y forajidos. Se han escrito novelas, rodado películas y han inspirado más de un centenar de relatos sobre los episodios protagonizados por los ladrones de guante épico. Existen diferentes corrientes en las que por un lado venden el legado de estos ilustres forajidos con una pátina de heroísmo, y en cambio, otros prefieren dejarlos en un lugar apartado y oscuro de la memoria.
Durante el siglo XIX, en la provincia de Alicante, y en concreto en Crevillent, se hizo popular un personaje llamado Jaime ‘El Barbudo’, considerado por algunos como un Robin Hood patrio por su papel de protección e involucración con los más desfavorecidos y los pobres.
Revoluciones y caos
El historiador Jaime de la Cierva definió la situación de España en el siglo XIX como “el cambio y el caso”. Fue una era en la que proliferaron las diferentes inestabilidades políticas, la depresión de nuestra nación, y la llegada de la noche a un imperio en el que no se ponía el sol. El momento fue tan impredecible, que en cien años se sucedieron 130 gobiernos, nueve constituciones, tres desmoronamientos y cinco guerras civiles.
Tras una estratagema napoleónica, el ejército francés invadió España cuando en un principio la corona española auxilió a Napoleón para que hiciera lo propio con Portugal. No hacen falta presentación la cantidad de personajes destacados que dejó este siglo, mencionando en especial a Godoy, uno de los grandes juguetes rotos de la memoria histórica patria, o el hermanísimo José Bonaparte, que reinó en España con la esperanza de cambiar el régimen establecido.
Liberales contra absolutistas
Porque si hay una constante en el siglo XIX es la continua lucha entre liberales y absolutistas, los anhelos de unos de reformar el antiguo régimen y el enrocamiento de los otros de mantener el sistema establecido. Destaca en esta época la llegada de la célebre constitución de Cádiz de 1812, que era menos liberal de lo que se ha dicho habitualmente en los libros de historia. Carta constitucional que fue efímera, y que se disolvió con la llegada de Fernando VII.
Cualquier tiempo pasado fue mejor
Cabe destacar, que pese a que, en el inicio del siglo, España tenía una situación pareja a las potencias de su entorno, con el desarrollo de los años y como consecuencia de las inestabilidades, las revoluciones, y las guerras civiles, además de las pérdidas del horizonte marítimo español con las depresiones coloniales, nuestro país entró en decadencia económica.
Mitos del bandolerismo
El bandolerismo era un fenómeno social y criminal caracterizado por el conjunto de violencias, robos y asaltos cometidos por bandoleros, a menudo en grupos organizados en áreas rurales y montañosas de difícil acceso. Se desarrolló a lo largo de la historia, especialmente en España entre los siglos XVI y XIX, en contextos de inestabilidad económica y social, pobreza y falta de oportunidades.
Aunque se incide en fechar el origen de los bandoleros en los siglos tardíos, existen escritos de autores como Cicerón en los que destacan que en la época del imperio romano ya se practicaba el bandolerismo.
Los personajes más ilustres de esta naturaleza son Mate Cosido, Juan Bautista Bairoletto, Martín Aquino y Santos Guayama.
Tipos de bandoleros
A lo largo de la historia, dentro del bandolerismo, han existido diferentes personajes de diversa naturaleza, caracterizándose y perfilando tres tipos distintos.
En primer lugar, los más habituales eran los guapos o los valentones, los cuales hacían alarde de sus capacidades y no tenían ningún tipo de reparo, ni ley, ni moral. En segundo lugar, los más éticos, se trataba de los contrabandistas, los cuales no utilizaban la violencia salvo que fuese necesario. Por último, destacan los famosos ladrones, que eran meros pica pleitos ladronzuelos.
Jaime ‘El Barbudo’
Nació en Crevillent en 1783, y en su juventud se ganaba la vida como pastor en su pueblo natal. No fue hasta cuando cumplió veinticinco años y habiendo establecido su propio hogar, cuando empezó a desempeñar su labor como bandolero y a forjar su propio mito en las sierras de la provincia de Alicante y de Murcia.
Murió en 1824 cuando tras haber sido un fiel colaborador de la monarquía, fue engañado con acudir a un encuentro en Murcia en el que seguir instrucciones, cuando llegó a las dependencias fue detenido y finalmente ejecutado.
Absolutista por interés
Tras la caída del gobierno napoleónico en la España invadida y posteriormente rescatada, se aprobó la Constitución de Cádiz de 1812. La garantía constitucional, y las políticas liberales llevadas a cabo, hicieron proliferar el control en los territorios y perjudicaron al bandolerismo como consecuencia de la coyuntura del nuevo régimen político. No corrían buenos tiempos para su oficio, para eso era lo único que sabía hacer. El sistema que había traído bonanza para algunos trajo la miseria para él.
No le quedó otra que apoyar la vuelta del absolutismo y cerró filas en torno a la figura de Fernando VII, no había nadie que deseara más que el Borbón se sentara en su trono. Ya con ‘el deseado’ en la corona, se le concedió un nuevo indulto con la condición de que colaborara en la persecución de los liberales, siendo nombrado sargento primero y puesto al frente de una partida de “soldados de la fe”.
Su lealtad al nuevo ‘establishment’ no fue un problema para que volviera a las andadas y la cabra tirase al monte del bandolerismo. Tanto es así, que la prensa de la época, como Correo Murciano, destacó que “aquel que había sido nombrado ‘Señor General de la fe’ hubiera retornado a la profesión de ladrón”.
Fernando VII no paga a bandoleros
El indultó llegó, pero por poco tiempo, cuando se creía un hombre intocable y aliado de la Corona, en 1824 fue ejecutado, desmembrado.
Se quemaron las extremidades amputadas con el fin de exhibirlas por los lugares en los que Jaime ‘El Barbudo’ había actuado, su cabeza fue expuesta durante un tiempo en su pueblo natal, Crevillent. El amigo de Fernando VII fue ejecutado ante el peligro que suponía para los fantasmas de la monarquía, y el recelo que despertaba en la Corte.




















