Entrevista > Miguel Ángel García / Artista (Alicante, 13-abril-1988)
De formación prácticamente autodidacta, el artista Miguel Ángel García fue aprendiendo con los años, aunque nos apunta que sí acudió a alguna academia de dibujo, “para mejorar la teoría del color, por ejemplo, aspectos muy básicos”. Su enseñanza llegó con la experiencia, el ensayo-error.
“Procedo del cómic”, indica, pasando después brevemente por el grafiti, mundo que abandonó “porque no me agrada del todo la práctica”. Se decantó entonces por el muralismo, en 2008, con una narrativa -la suya personal- en la que persigue reivindicar los Derechos Humanos.
Desde principios de noviembre está pintando un mural enorme, de 580 metros cuadrados, en la parte trasera del edificio conocido de Telefónica. La obra, que pertenece a la reforma urbanística del Luvi, finalizará a finales de enero.
¿Por qué optaste por el muralismo?
Primero hice mucha customización de cascos de motos e ilustración, hasta que poco a poco me fueron surgiendo encargos para pintar murales. Comprobé que la aerografía era una técnica muy tediosa, complicada, además de costosa. No me era rentable.
¿Cuál fue la decisión que tomaste?
Quise comercializarlo un poco más, buscando otras técnicas -más económicas-, y de ahí nació ‘Doble13’, mi marca personal, en 2013, bajo métodos más sencillos.
¿Tu estilo está muy marcado?
Poseo dos líneas, la de servicio mural -decorativa- y la personal, donde me gusta reivindicar de un modo poético los Derechos Humanos, en su contexto más universal, sin hacer distinciones y siempre que las obras lo permitan.
Es una gran responsabilidad plasmar aspectos políticos y carezco del derecho para hacerlo. De hecho, sería injusto para la gente, que tuvieran que convivir con mis opiniones.
«Siento que estoy en un momento muy bueno de madurez artística, llegando a conclusiones interesantes»
¿Son aceptadas tus obras?
Siempre habrá críticas, tengo claro que no todos me van a aplaudir. Sin embargo, como muestro los Derechos Humanos opino que no hay discusión posible.
¿Cómo has evolucionado en estos doce años?
El artista que era en 2013 no tiene nada que ver con el que soy hoy. Incluso evoluciono en pocos meses, analizo mis obras y pienso en cambiar uno u otro aspecto. Quizás soy demasiado exigente conmigo mismo.
Siento que estoy en un momento muy bueno de madurez artística, llegando a conclusiones interesantes.
¿Sueles poner nombre a tus murales?
Me gusta hacerlo, algunos son más poéticos y otros menos. Uno de los que más reconocimiento tuvo fue ‘Ocean Free Plastic’, ubicado en San Agustín (Alicante). Es una ballena -de ahí su denominación popular- dentro de una bolsa de plástico, criticando la problemática existente por la contaminación en el mar, cada vez mayor.
También le tengo especial cariño a ‘Colapso y Esperanza’, en el Luvi de Petrer, sobre el mundo que no queremos -pero tenemos- y el que nos gustaría disfrutar, la esperanza de un mundo ideal, sin guerras ni maldad.
¿Un mundo que posiblemente no veamos nunca?
Se ve en las series (ríe) y en el arte, que está para eso, para generar utopías. Aunque no sea real, intento dibujarla al menos. Lo realizo para que pensemos, ¿qué os parece esta versión de la sociedad?
«Hay demasiado ruido en el mundo y nos perdemos los pequeños detalles, aquello que da sabor a la vida»
¿Alguna obra más?
‘Escucha’, en el barrio alicantino de La Florida, mostrando la cara de una chica que invita al silencio: nos manda callar, pero de un modo muy dulce. Considero que hay demasiado ruido en el mundo y nos perdemos los pequeños detalles, aquello que da sabor a la vida. Invito a ser más calmado.
¿Cuánto tardas en completar estos murales enormes?
El proceso es largo, porque no solo está la ejecución, sino asimismo la preparación, investigación, diseño y composición. Esa parte lleva mucho tiempo y no se ve.
Recordemos que el muralismo es arquitectura y debo amoldarme al espacio y al lienzo, a la forma que tenga. No puedo ignorar el entorno, porque pinto una pared al aire libre.
Es decir, cada mural es un reto.
Preciso el máximo de mi cuerpo y mente. Es como si estuviera estudiando en medio de la calle, interactuando con la gente, los coches, sus cláxones… Hay días sumamente complejos.
«Recordemos que el muralismo es arquitectura y debo amoldarme al espacio y al lienzo, a la forma que tenga»
¿El mural que estás haciendo en el Luvi qué es?
Hay una doble narrativa. Una es una continuación de la pinada y la otra es una alegoría dedicada al pueblo de Petrer, a su calzado y marroquinería. Ya en la parte baja, habrá un imaginario histórico del propio Luvi, con imágenes antiguas que recuerden la zona.
¿Con el objetivo de…?
Principalmente una dinamización del entorno, además de reforzar la integración visual del espacio y proyectar la identidad histórica y paisajística de la zona.
¿Qué respuesta estás obteniendo de los que lo ven?
De momento he recibido buenos comentarios, aunque seguro que a más de uno le desagrada. Sí quisiera poner en valor el arte, porque nos alimenta el alma. En ese sentido, nuestro peso artístico, el de España, es inigualable.





















