Los pueblos de l’Horta Nord guardan un gran parecido los unos con los otros. Debe el visitante ir al detalle para dar con algún elemento rotundo que le diferencie de sus municipios vecinos. Diríase que podría ser un gran término que aglutinara desde Alboraya hasta Puzol en lugar de fraccionarse en multitud de pueblos de mayor o menor dimensión que, a la postre, arrojan un denominador común.
¿Y cuál es ese denominador común? Una potente huerta circundante que baja las temperaturas en invierno, tablas en las entradas de las vivienda, protecciones arrinconadas a la espera de los festejos, amor por la bici y la pilota, pasión por los ‘bous al carrer’, carnicerías y hornos, huella de Modernismo y alquerías.
Pero, con suerte, puede que en uno de estos municipios alguna potente industria marca su pasado de tal modo que le hace sobresalir sobre el resto de pueblos vecinos. Es el caso de Foios.
Vida en sus calles
Un sábado por la tarde en Foios hay actividad comercial. No sólo de alimentación, con sus pequeños comercios así como las dos grandes cadenas de supermercados, sino de ocio y textil. Esto ya es revelador, pues en los municipios vecinos la vida en esa franja horaria muestra calles desiertas.
Esta actividad económica y comercial de Foios indica que la industria pisó fuerte en un pueblo que roza los 8.000 habitantes. Hay una avenida que une la parte antigua del pueblo con su ensanche, una vez se atraviesa el paso a nivel de la línea de metro: la Avenida Hugo Bacharach.
Dicho apellido, pese a no ser de los más enraizados en el pueblo como puedan ser los Carceller o los Bruixola, empezó a extenderse por València hace unas generaciones. Y su historia se remonta al primer cuarto del siglo XX, cuando la economía de Foios sufrió un giro copernicano.
Francisco Ruiz Ferrando, ‘El Tio Caparotllos’, está considerado un referente maestro de obras
Del cáñamo al yute
El 3 de mayo de 1926 se solicitó el permiso de construcción de la Yutera Española S.A., promovida por el alemán Hugo Bacharach. Se trataba de una gran factoría de sacos que durante décadas dio trabajo a buena parte de la comarca. El cáñamo fue sustituido por una fibra oriental, el yute; fibra cultivada en India y Bangladesh muy práctica para los sacos agrícolas.
Al inicio de su actividad tenía trescientos trabajadores y al cabo de cuatro años eran casi un millar. Cerró, no obstante, en 1988. Desde entonces sus instalaciones se han convertido en el desafío municipal. Su vallado perimetral de alambres de espinos y algunas pintadas contrastan con la estética dulce y moderna del mobiliario urbano que la circunda.
El 3 de mayo de 1926 se solicitó el permiso de construcción de la Yutera Española S.A.
El ‘TIo Caparotllos’
Con más de 40.000 metros cuadrados, la fábrica se montó en las afueras, en terreno de huertas, pero el crecimiento de la empresa y el desarrollo urbanístico acabaron fusionando pueblo e industria. El Ayuntamiento desea reconvertir y urbanizar parte de ese entorno abandonado, sobre todo el chalé exterior, que pasará a ser un espacio público municipal.
Las obras estuvieron a cargo de un hijo del pueblo, Francisco Ruiz Ferrando, ‘El Tio Caparotllos’. Este maestro de obras local ya tiene una placa que le rinde homenaje desde 2010 en el vestíbulo de entrada de un reaprovechado edificio de manera espléndida que se ubica en la misma Plaza de España de la localidad: la Casa de la Cultura.
La Calle Unión, con sus catorce metros de ancho, está flanqueada por palmeras washingtonianas
Obra emblemática
Ejemplo de modernismo popular valenciano, se trata de las antiguas Escuelas Nacionales, inauguradas en 1917 por él, y con proyecto del arquitecto Ramón Lucini, autor también del Balneario de la Alameda en València (y del edificio de Tabacalera). Muy bien aprovechado en todos sus espacios, combinando el arte con el deporte y el ocio, pasando por la gastronomía.
Así, el Llar del Jubilat goza de un servicio de restauración de los más elegantes de toda la comarca y un salón de acto magníficamente reutilizado Largo y profundo, dos filas alargadas se estiran y suben en un recinto utilizado tanto para proclamaciones falleras como para distintas artes escénicas. El lugar combina modernidad en su logística y tradición en la conservación de sus techos y alturas.
Pintura y petanca
Al otro lado del salón de actos se encuentra la escuela de pintura y sala de exposiciones ‘Fernando Barrachina’. Pequeñas dependencias sirven de desahogo logístico de la Casa de la Cultura en las esquinas del perímetro. Una pista de petanca reúne a vecinos para medir sus habilidades a última hora de la tarde.
Junto a la Iglesia de la Asunción, conocida como la ‘Catedral de l´Horta’, se estira una pequeña calle que reúne pequeñas joyas arquitectónicas y que el Ayuntamiento desea promocionar. Es la Calle la Unión, con sus catorce metros de ancho y flanqueada por palmeras washingtonianas y naranjos.
En esta vía destacan Ca German y la casa de José María ‘el de Jeroni’, ejemplos de modernismo popular que también se encuentran en domicilios próximos a la estación como ca Segura, ca els Artillers, ca Macana y ca’l Ganso, entre otras.

















