Aguantó, ciertamente que aguantó, ‘La traca’, una de las revistas satíricas pioneras en la Comunitat Valenciana. Nada menos que desde 1884 hasta 1938, para resucitar después de la guerra civil (1936-1939) como suplemento de la publicación fallera ‘Pensat i fet’ (1912-1972), hasta 1970. Desde el reinado de Alfonso XII (1857-1885) hasta el franquismo, quedándose a las puertas de la democracia.
Y aún hoy constituye un valiente ejemplo de revista satírica editada desde la hoy Comunitat Valenciana. Publicaciones generalmente comandadas (o iniciadas, cuando duraban mucho) por audaces periodistas-editores. Al principio, los valencianos Manuel Lluch i Soler (1859-1895), escritor, periodista y perito agrario, y Luis Cebrián Mezquita (1851-1934), quien, además de literato y cronista, añadía la medicina.
Colaboradores destacados
Miembros eran de la asociación cultural valencianista Lo Rat Penat, fundada en 1878 y en los equipos impulsores, entre otras iniciativas, de actividades como la Gran Fira de Juliol o Feria de Julio. Tocan también los tiempos de movimiento artístico, cultural y literario de la Renaixença (renacimiento), surgido entre mediados y finales del XIX. El fermento ideal para montar una revista así, con textos y elementos gráficos.
Hubo otros impulsores, como el escritor, empresario y periodista Vicent Miquel Carceller (1890-1940), valencianista y anticlerical, a quien la guerra civil, o más bien la posguerra, inmoló, fusilado en Paterna. Admirador de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), quien, por cierto, colaboraría en ‘La traca’, su época iba a ser la que asentó especialmente este título, plantándolo en las enciclopedias.
Generalmente estaban comandadas por audaces periodistas-editores
Rechufla nacional
Por supuesto, no fue, ni mucho menos, la única. Por estas tierras, esa misma ‘rechufla’ que impregna fallas y hogueras iba a dar para mucho, en tales casos. Más en un país hasta ahora rico en publicaciones satíricas de una u otra filiación ideológica. En el caso valenciano, se recuerdan por una gran riqueza gráfica; en el alicantino, por servir de ventana a la realidad sociopolítica local. Se han espejado siempre en la producción nacional.
Títulos como ‘La ametralladora’ (1937-1941), ‘La codorniz’ (1941-1978), ‘Hermano lobo’ (1972-1976), ‘El papus’ (1973-1986), ‘Por favor’ (1974-1978), ‘El jueves’ (1977, aún activa) u ‘Orgullo y satisfacción’ (2014-2017) podrían ser los más famosos. Además, con autores de aquí, que heredan unas de otras. Como Edgar Neville (1899-1967), ligado a Alfafar, o Ricardo García López, o sea, K-Hito (1890-1984), al barrio alicantino de Benalúa y su hoguera.
Esa misma ‘rechufla’ que impregna fallas y hogueras iba a dar para mucho
Otros títulos
Las diferentes y sucesivas censuras acabaron, por decirlo de alguna manera, ‘institucionalizando’ el pseudónimo, aunque los periodos más permisivos permiten comprobar cómo lo más granado, a uno y otro bando, de la literatura, el dibujo y hasta el diseño fueron colaborando en estas publicaciones bilingües, con el recurso del habla popular. Eso sí, ‘La traca’, con ser la más famosa, no fue la primera.
No podríamos olvidarnos, desde València, de ‘El diablo predicador’ (1820-1821), solo con texto y con su título tomado de una obra teatral, ‘El diablo predicador y mayor contrario amigo’, del sevillano Luis Belmonte Bermúdez (1587-1650); o ‘La cimitarra del soldado musulmán’ (1822); del mismo año, ‘Las espabiladeras’, dedicada tanto a lo local como lo nacional; o ‘El atanás’ (1936-1837), un diario que ya incluye imágenes satíricas contra el poder.
Diferentes y sucesivas censuras acabaron ‘institucionalizando’ el pseudónimo
Pocas revistas
Desde la provincia alicantina, el asunto se espejaba bastante en el modelo valenciano, que a su vez tenía muy en cuenta lo publicado en materia satírica en Madrid y Barcelona, especialmente. Eso sí, por Alicante se tendía más a la sátira local, y las ilustraciones, a decir de los entendidos, resultaban de menor calidad gráfica en general, aunque no por ello habían de ser menos expresivas.
Menos prolífica, eso sí, resultó la producción editorial al respecto, en muchos casos casi literalmente flores de un día con más bien escasa distribución. Se entiende, pues, que cualquier otra anotación esté tapada mediáticamente con la existencia de un medio cuya fama, pese a su adscripción temática generalmente local, como mucho provincial, trascendiera incluso las fronteras domésticas. En concreto ‘El tio cuc’.
El gran editor
Si ‘La traca’ eran Manuel Lluch y Luis Cebrián Mezquita, o Lluch, Cebrián y Vicent Miquel Carceller, la publicación alicantina iniciada entre 1914 y finiquitad en 1936, con el comienzo de la guerra civil (hasta 1939), fue sobre todo y ante todo su fundador, el inquieto Josep Coloma i Pellicer (1875-1936), quien se compenetraba tanto con su publicación que cuando falleció, por problema cardiovascular, esta murió también con él.
Comenzó como impresor este ante todo periodista valencianista y republicano; estuvo ligado también a otras publicaciones satíricas, como El Cacauero, El Nano de Xixona, La Granera o Milord Quico; fundó también el diario ‘El popular’, y su revista-personaje gozó, aún lo hace, de muchas resurrecciones. Así, en el ‘llibret’ de la hoguera Pla del Bon Repòs (‘Clàssics foguerers’, 2005) o, desde otro frente ideológico, los ‘Diálogos del tío cuc’, libro de 2002 de Juan Carlos Tur Ayela (1932-2022).



















