En la Real Academia de la Lengua se define el término ‘calle’ como una vía pública, habitualmente asfaltada o empedrada, entre edificios o solares. Y para definir ‘callejón’ habla de un paso estrecho y largo entre paredes, casas o elevaciones del terreno.
Parece que existe un sustantivo para todo cuando existe. ¿Qué decir de una calle cuyas dimensiones son muy estrechas, no posee salida y que tampoco tiene portales pese a enseñar un número de vivienda? ¿Existe un término para dicho vial?
Esto es lo que sucede con la calle Talega de València, una vía próxima a la Catedral de València y la plaza de la Reina, inserta en el casco antiguo de la ciudad. Aunque no se encuentra demasiado escondida sí oculta su particular naturaleza. Los escritos indican que el nombre dado a esta calle proviene de la forma, dimensiones y remate de, precisamente, una talega.
Casco antiguo
Si el paseante viene callejeando desde la Lonja de València en dirección al Palau de la Generalitat sus pasos le llevaran por los rincones del casco antiguo de la ciudad. Esa València añeja, con barrios separados según oficios, con casas señoriales y patios nobiliarios. Ahora hay bodegas, locales de ocio, restaurantes y algún que otro comercio.
Pero El Carmen ha sido y es desde hace décadas barrio de ocio nocturno de la ciudad. Nunca ha perdido esa magia que posee todo casco antiguo de una gran ciudad como València. Algunas fincas son estrechas, algunos portales también lo son, pero hay una calle que se estrecha y cierra sobre sí; como una talega.
Se halla en el distrito segmentado por antiguos oficios, casas señoriales y patios nobiliarios
Paso estrecho
Tan pequeña y recóndita es la calle Talega de València que ni tan siquiera sale en algunos navegadores. Si debiera uno orientarse tomándola como punto de referencia en el ‘cap i casal’ le resultaría tarea casi imposible. No aparece en algunos GPS. Pero existe.
Si el paseante abandona el centro del ‘cap i casal’ en busca de la plaza de la Reina y de ahí a la calle de la Paz o a la misma plaza del Ayuntamiento debe tomar la calle Correjería. Esta calle, que toma su nombre de los correjeros, oficiales y gremistas que se ocupaban en hacer correas y arreos para las cabalgaduras de las caballerías valencianas medievales, conduce hasta un estrechamiento poco habitual. Una suerte de angosto camino que asoma poco antes de alcanzar la reurbanizada plaza de la Reina.
Si debiera uno orientarse digitalmente le resultaría muy difícil; no aparece en muchos GPS
Calles que la abrazan
Antes de adentrarse uno en la estrecha boca de la calle Talega despide la vida comercial que deja atrás en la calle Correjería. Así, a la salida-entrada de la calle Talega existe una tienda de regalos y artesanía, un restaurante, un pequeño supermercado de barrio y una tienda de alquileres de vehículos de movilidad, negocio éste tan popular ahora en València.
La animada calle de la Tapinería, con sus mercadillos de fin de semana, así como la calle de la Verónica, ésta menos conocida pero paralela ya a la plaza de la Reina, son las vías que abrazan y circundan una calle Talega que nada más entrar muestra un número: el 1. Es éste el primero y último número de esta vía.
A lo largo de la calle Talega se alinean, de principio a fin, hasta cinco contenedores de basura
Residuos
Basta saber lo que mide de ancho un contenedor de basura para calcular el largo de la calle Talega. Esto es así porque a lo largo de esta vía se alinean hasta cinco contenedores para distintos usos. Desde el inicio de la calle hasta que ésta finaliza. Pegados a un lateral, apenas dejan espacio para nada más en sus raquíticas dimensiones.
En el poco espacio que queda libre para el tránsito, más bolsas de basura, un enrejado móvil que permitiría la clausura de la vía, y tubos de gas, cableado para electricidad y telefonía móvil terminan de cubrir las paredes. Una solitaria farola permite captar todo esto en la noche. Como ese número ‘1’ que no corresponde a portal alguno y que se sitúa, estéril, en lo alto.
Restauración
Nada hay al fondo de la calle Talega. Muere como callejón sin salida. Por el lado de la vía con ventanales enrejados aparece, al fondo, un estrechamiento aún más pronunciado imposible ya para el viandante. Quizá por ello ahí mueren los contenedores a modo de dique. O de sumidero de residuos.
¿Adónde llevaría la calle Talega de no estar cegada? A la hermosa plaza del Milagro del Mocadoret. Un rincón tranquilo, bien decorado y con servicio de hostelería. Una plaza acogedora donde suele haber mesas, terrazas y sillas para parejas que disfrutan de una sobremesa ajenos a lo que hay al otro lado de la pared; donde una calle sin destino tiene un número donde nadie habita.


















