Donald Trump está generando un más que preocupante precedente en el cambio del orden mundial.
Partiendo de ese enorme narcisismo y egocentrismo que le caracteriza, está consiguiendo que el resto de los países se callen y acepten cosas inasumibles poco tiempo atrás.
Premio a la medida
Por ejemplo, consiguió que la FIFA, institución dedicada al fútbol, le diera el Premio de la Paz por esa obsesión que tiene con el Nobel no otorgado, ni merecido. Este premio, creado específicamente para él y que de hecho ni siquiera pasó por el Consejo de la FIFA ni por sus vicepresidentes, se hizo como a Trump le gusta todo: porque él lo dice.
De hecho no se anunciaron nominaciones, no se dieron los criterios de selección… es decir, todo lo menos trasparente con lo que se puede hacer un reconocimiento que pretende ser relevante.
Todo menos paz
Quedémonos con lo de la paz y lo de los precedentes peligrosos. Trump ha demostrado que todo lo hace por la fuerza: apoyó a Israel en el genocidio de Gaza; ha entrado en un país soberano imponiendo la ley del más fuerte; pretende quedarse con Groenlandia por su propio criterio; y está matando y maltratado a los propios ciudadanos en su país sin mayor argumentación, como denuncian muchos jueces en EE.UU.
Es un pequeño resumen de las actuaciones viscerales de este hombre que, según el propio Código de Estados Unidos (Título 18), estaría cometiendo crímenes de guerra al matar a civiles que se hayan fuera de combate o que simplemente no representan una amenaza.
Pero el presidente de los EE.UU. está dispuesto a reescribir todos los códigos legales y morales. La OTAN no le gusta, porque él desprecia a Europa, y nos humilla constantemente sin que desde este lado del ‘charco’ reaccionemos y rechacemos esa actitud.
El propio perrito faldero de Trump, Mark Rutte, secretario general de la OTAN, alaba abiertamente al presidente americano con admiración y respeto, todo el que no demuestra con el resto de los países integrantes de la organización que le mantiene al frente. Esas formas antes habrían supuesto su destitución inmediata.
El matón de la clase
Lo que pasa es que nadie se quiere enfrentar al ‘matón de la clase’, y de esa impasividad y miedo nace que ese chico malo pase de ser una persona indeseable, a dominar. No le gusta lo que dice la ONU, pues crea su Consejo de Paz (que ironía) en el que se nombra todopoderoso vitalicio.
Y siempre en nombre de esa paz que él promulga, pero no cumple. Al final, aparte de lo que él cree que ocurre con sus decisiones, que no tiene relación directa con lo que realmente está ocurriendo (véase Ucrania), todo lo que le mueve es exclusivamente la economía y sus beneficios.
Gaza lo quiere transformar en un gran resort para ricos, eso sí sin contar con los ‘molestos’ gazatíes; Venezuela no se trataba de eliminar al dictador y devolver la democracia, sino de controlar su petróleo y riquezas naturales…
En definitiva, si a este casi octogenario caprichoso y que cuenta con el poder de controlar el ejército y la economía estadounidense en beneficio de sus ideas concretas, saltándose sus propias leyes, nadie le pone freno, querrá decir que la debilidad del resto del mundo es mayor de la que se podría pensar.
Incumplimiento de la Constitución
Viniendo a lo local, a nuestro país, también estamos creando precedentes peligrosos. En concreto me refiero al incumplimiento sistemático de la obligación constitucional de presentar los Presupuestos Generales del Estado, la ley más importante de todas ya que sin dinero cualquier otra ley es inejecutable.
Y es que el artículo 134 de la Constitución Española obliga al Gobierno a elaborarlos y presentarlos anualmente ante el Congreso de los Diputados al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior, es decir como tarde el 1 de octubre. Luego otra cosa es que se aprueben o no, que eso ya corresponde a las Cortes Generales tras su examen y enmiendas.
Presentar las cuentas es conocer los gastos e ingresos, y por lo tanto que se puedan fiscalizar las acciones que se hacen con el dinero de todos los españoles.
Inversiones muy necesarias
En cambio llevamos tres años sin que se presenten y, es más, los último fueron en una legislatura anterior a la actual en la que no hemos conocido documento alguno. Si eso es inaceptable en una simple comunidad de vecinos, ¿cómo puede producirse en un estado?
Cuando el propio Gobierno se salta la Constitución, entramos en una deriva más que delicada. No tener Presupuestos Generales además impide inversiones importantes como las que necesita la Sanidad o las comunicaciones.
Sobre este último punto solo hay que ver el estado de las vías de Alta Velocidad; tras el accidente de Adamuz han saltado las alarmas y hay más de 900 puntos donde se les obliga a los maquinistas a reducir la velocidad. O la denuncia de que más del 50% de las carreteras del estado, 34.000 km, se encuentras en una situación crítica.
Si la economía española va como un tiro, como ha expresado literalmente más de una vez el presidente del Gobierno, no se comprende que tengamos todas estas carencias.
Gobernar sin parlamentar
El otro precedente peligroso es gobernar por decreto ley, lo que permite hacer cosas sin que pasen por el poder legislativo (Parlamento). Pero este formato está creado exclusivamente para situaciones de extraordinaria y urgente necesidad como catástrofes, crisis económicas o emergencias, que requieren respuesta rápida.
La perversión llega cuando se usan para gobernar sin el Parlamento, que es la representación de todos los ciudadanos. Por poner un dato: Felipe González firmó 129 decretos ley en 13 años y medio; Pedro Sánchez lleva ya 155 en la mitad de tiempo.
Concluyendo, ya sea a un lado u otro del Océano Atlántico no se puede gobernar de espaldas al Parlamento, porque eso es acabar con la democracia.

















