Entrevista > Marina Guerola / Actriz (Xàtiva, 25-noviembre-1997)
Ligada al arte desde la infancia, esta joven setabense inició su trayectoria como saxofonista a los cinco años y se formó en el Conservatorio Profesional de Orihuela. Años después, dio un giro decisivo a su carrera al ingresar en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia.
Ya dentro del ámbito profesional, formó parte de las obras de teatro ‘Culpables’ y ‘Samsara’ y obtuvo el premio a Mejor Interpretación en el festival FeelMotion por su papel en el cortometraje ‘El T.F.G.’.
En 2024 dio el salto a la gran pantalla con ‘Los Destellos’, donde su interpretación de Madalen le valió una nominación a Mejor Actriz de Reparto en los Premios Feroz y otra a Mejor Actriz Revelación en los Goya 2025, consolidándola como una de las intérpretes emergentes más prometedoras del panorama nacional.
Tras trabajar con actores como Javier Cámara en la miniserie ‘Yakarta’ empezó su proyecto más importante hasta la fecha: ‘Las vidas posibles de mi madre’. En dicha película, cuyo estreno tendrá lugar este 2026, da vida a Luisa, un papel protagonista que supone todo un paso decisivo en su carrera como actriz.
¿Cómo entraste en el mundo de las artes escénicas?
Toco el saxofón desde pequeña y estuve muchos años en el conservatorio, pero pronto me di cuenta de que, aunque la música me gustase, no me apasionaba como para dedicarme a ello. Explorando caminos con una prima descubrí la carrera de Arte Dramático. En dos meses me preparé las pruebas, conseguí entrar y pensé: esto es lo mío.
¿Siempre tuviste claro que preferías lo audiovisual al teatro?
La verdad es que para mí van muy de la mano. Al final, ambas cosas son interpretación y nunca he descartado ninguna vía. Mi formación se centró en el teatro, pero un año tuve una asignatura de actuación ante la cámara y me llamó mucho la atención. Me gustan las dos vertientes por igual.
«Como actriz, es importante tener claro que un proyecto no depende solo de ti»
¿Qué aprendizajes de la escuela de Arte Dramático dirías que sigues aplicando hoy en día cuando interpretas?
Hay cosas básicas como tener una buena relación con los compañeros, estar dispuesta a jugar, no dar las cosas por hechas y estar siempre abierta a que te sorprendan y a sorprender. Además, en la escuela se incide mucho en el trabajo en equipo. Como actriz, es muy importante tener claro que un proyecto no depende solo de ti.
Tu primer largometraje fue ‘Los destellos’. ¿Cuál fue la reacción al enterarte de que habías conseguido el papel de Madalen?
Lo viví con muchísima emoción y todo me parecía un sueño. Recuerdo llamar a mi madre con un ataque de ansiedad porque no sabía cómo gestionar bien todo lo que me estaba pasando. Este tipo de oportunidades son muy bonitas, pero también dan un poco de miedo.
Más allá de ese sentimiento inicial, ¿hubo algo que te supusiese un verdadero reto durante la preparación de la película?
La presión por estar a la altura de mis compañeros y no decepcionarme a mí misma. El síndrome del impostor está siempre presente en los artistas, pero cuando empiezas un proyecto así, sin experiencia, se multiplica por mil.
Con el estreno de ese largometraje llegaron también dos nominaciones: una a los premios Feroz y otra a los Goya. ¿Qué significó esto para ti?
Me hizo muchísima ilusión que desde la Academia de Cine valoraran mi trabajo, especialmente teniendo en cuenta que acababa de empezar mi camino en la industria y que no era una persona conocida. ¡Fue muy bonito!
«Al empezar un trabajo sin experiencia el síndrome del impostor se multiplica»
¿Crees que estos reconocimientos cambiaron tu vida de alguna manera?
A nivel profesional sí siento que me han abierto puertas, pero a nivel personal, las inseguridades no se han ido. Sobre todo, al empezar cada proyecto. Una vez ya estás dentro, confías en el proceso, pero cuando te dicen que te han cogido siempre aparece ese miedo a no ser suficiente.
Sobre tu forma de actuar, ¿tienes algún ritual a la hora de prepararte los papeles?
Me gusta mucho trabajarlos con el director y los compañeros, pero también suelo rellenar lo que el guion no dice, creando el pasado del personaje a partir de vivencias inventadas que me ayudan a enriquecerlo.
¿Existe algún referente que te inspire especialmente?
Tengo muchos, pero mi ejemplo a seguir es Patricia López Arnaiz, que trabajó conmigo en ‘Los destellos’ y ha participado en películas como ‘20.000 especies de abejas’ o ‘Los domingos’. Le admiro muchísimo.
¿Qué tipo de roles te imaginas interpretando a partir de ahora?
¡Todos! No le cierro las puertas a nada y tampoco me gustaría hacer siempre lo mismo. Me encantaría descubrir nuevos papeles. Cada personaje es un mundo.
«Hay que tener los pies en el suelo porque a poca gente le regalan algo»
Este 2026 se estrenará ‘Las vidas posibles de mi madre’, película que has protagonizado interpretando a la versión joven de Luisa. Ahora que ha acabado el rodaje, ¿estás orgullosa del resultado?
Ha sido mi primer papel protagonista en el cine y encarnar a Luisa ha supuesto un desafío muy exigente, pero sí, estoy muy contenta con el trabajo que he hecho. Además, siempre me he sentido muy acompañada y arropada por Jorge, que es el director, y por todos mis compañeros.
A nivel personal, el proyecto ha significado…
Una experiencia vital increíble. Es un personaje al que le pasan muchas cosas y, al final, siempre aprendes lecciones de los papeles que luego aplicas a tu vida personal.
¿Tienes algún consejo para quienes quieren empezar a trabajar en esto?
La formación es importante, pero, sobre todo, hay que tener los pies en el suelo porque a poca gente le regalan algo. Tienen que ser constantes y no dejar de soñar nunca porque las cosas se consiguen con esfuerzo.
Si una de esas personas fuese tu yo de hace unos años, ¿qué le dirías?
Le animaría a disfrutar al máximo toda la etapa de la Escuela de Arte Dramático. Cuando estás aprendiendo tienes ganas de acabar para poder ponerte a trabajar y hacer muchas cosas, pero hay que tomárselo con calma y vivir el proceso.


















