Entrevista > Ramón Asensi / Histórico del fútbol sanvicentero (San Vicente, 30-mayo-1936)
Muchísimos sanvicenteros de todas las generaciones le recuerdan con gran cariño. Él aún se sigue refiriendo a ellos como “mis críos”, aunque algunos hoy son hombres que ya superan los setenta años. A veces cuando se los encuentra por la calle todavía le agradecen todo lo que hizo desinteresadamente para formarles tanto como futbolistas… como personas.
Durante toda su vida profesional Ramón Asensi Juan trabajó en la Fábrica de Cemento. También llegó a ser concejal en los primeros años de la Transición. Sin embargo, es su vinculación al fútbol local de base aquello que más le ha unido para siempre a la sociedad sanvicentera. Hasta el punto de que varios de sus antiguos discípulos propusieron (con éxito) al pleno municipal que el estadio donde juega el Español de San Vicente lleve su nombre desde esta temporada.
Hoy en día Ramón vive tranquilamente jubilado de todas sus antiguas labores. Eso sí, la pasión futbolera es algo que nunca se pierde.
¿Qué recuerdas de tu infancia en San Vicente?
Por circunstancias de la Guerra Civil me tuve que criar con mis abuelos hasta que pude volver con mis padres a los seis años. Compraron una casita en la calle Pi y Margall, donde vivía también con mis cinco hermanos.
Tras el colegio me matriculé en la Escuela de Comercio para estudiar peritaje. Sin embargo, como faltaba dinero en casa, me tuve que poner a trabajar con quince años. Poco después entré en la Fábrica de Cementos, donde empecé como meritorio y me retiré como subdirector.
¿Cómo fueron tus comienzos en el fútbol?
Me gustaba mucho desde pequeño. Jugaba con los amigos en el pueblo. Hasta que con catorce años nos juntamos unos chiquillos para formar un equipito al que llamamos ‘Chamartín’. Echábamos nuestros partidos en un antiguo campo que estaba en la calle Velázquez, muy cerca de donde yo vivía. Jugaba de centrocampista.
¿En qué equipos jugaste a nivel senior?
Siendo todavía adolescentes el Alicante, que entonces estaba en Tercera División, nos fichó a tres chavales del Chamartín. Aquí estuve jugando hasta que, al cumplir dieciocho años, en una pretemporada me fui a las oficinas del club en la calle Castaños para decirles que necesitaba cobrar algo de dinero para seguir. Me dijeron que no, así que pensé en fichar por el equipo de San Vicente.
Sin embargo, apareció entonces un señor del Crevillente que me ofreció irme allá, pero solo estuve un año. Básicamente así terminó mi carrera como jugador. Tenía mi trabajo en la Fábrica de Cemento y además estaba estudiando por mi cuenta en el Centro de Estudios Superiores de Alicante y en una academia de contabilidad, así que ya tenía mucho trajín en mi vida.
«Empecé de adolescente en la cementera y acabé siendo subdirector»
Además, tenías un problema de visión, ¿no?
En realidad me dejé el fútbol cuando me llamaron para hacer el servicio militar en Menorca. La verdad es que tuve suerte, fue una mili muy plácida. Y jugando algunos partidillos con mis compañeros empecé a darme cuenta de que, al rematar de cabeza, a veces veía el balón doble.
Así que cuando regresé a San Vicente, ya no busqué ningún nuevo equipo. Eso sí, a pesar de mi problema de vista, de vez en cuando seguía jugando con amigos sin muchos problemas.
Hasta que un tiempo después, el fútbol vuelve a llamar a tu puerta… aunque ahora desde un rol fuera del campo.
Esto comenzó cuando tenía veintisiete años, recién casado. Todo surgió porque unos compañeros de la fábrica querían que fundáramos nuestro propio equipo en la cementera para que jugaran los hijos de los trabajadores. Así nació el Rigas CF. Y decidieron que Ramón Asensi fuera la cabeza de turco que cargara con todas las gestiones (risas). Al principio te metes un poco en broma… y al final cuando te quieres dar cuenta te has tirado 47 años con ello.
Recuerdo que nos costó bastante encontrar un campo donde jugar. Al final convencimos a la empresa para que hiciera uno cerca de la antigua estación, que estaba al mismo costado de las vías. Más tarde el Ayuntamiento quiso construir aquí un puente, así que nos tocó hacer uno nuevo cerca del cementerio. Éste segundo todavía existe, aunque hoy en día se utiliza más para la petanca o el tiro con arco.
Aquel Rigas CF de la cementera acabó acogiendo a niños de familias sin vinculación con la fábrica, ¿no?
Sí, porque el primer año que jugamos ya federados con los chiquillos de los trabajadores solo ganamos un partido en toda la liga (risas). Así que los propios padres me decían: “Si mi hijo no vale nada, ni sabe pegarle al balón. Busca chavales por otro lado, y el que no valga que se vaya fuera” (risas).
«De joven jugué en el Alicante y en el Crevillente como centrocampista»
¿Cómo nació el Jove Raspeig?
Pues aquello tuvo su historia. Cuando la empresa Valenciana de Cementos vendió la fábrica a unos mexicanos, lo primero que hicieron los nuevos dueños fue analizar como podían ahorrarse perras. Y evidentemente los diferentes equipos del Rigas costaban dinero.
Al final nos dijeron que solo nos daban un millón de pesetas al año. Así que hablé con los padres para minimizar gastos. Por ejemplo, usábamos los coches de las propias familias cuando nos tocaban desplazamientos cortos a sitios como Muchamiel, Campello, Novelda, etc.
Hasta que en la próxima temporada los mexicanos nos dijeron que ya no nos daban ni un duro. Así que nos tocó mandar una carta a la Federación para darnos de baja. Sin embargo, los padres querían que el club se mantuviera. Por eso finalmente lo que hicimos fue ponerle otro nombre: Jove Raspeig.
Y unos años más tarde, ¿cómo se cocinó la fusión con el Español?
Esto fue a raíz de que José Juan Zaplana, entonces concejal de Deportes, me lo pidió. Él me comentaba que el Español estaba hecho polvo y no tenía apenas equipos de cantera. Hasta que me dijo: “Ya que vosotros sí estáis organizados en el fútbol base, ¿por qué no os fusionáis?”. También quiso meter al equipo del gimnasio Cosmos en la operación.
Estuvimos reunidos los tres clubes durante varios meses, y finalmente llegamos a un acuerdo. La Federación Valenciana nos permitió conservar la categoría de nuestros equipos del Jove; ya que por entonces teníamos los juveniles, cadetes e infantiles en Primera.
«Fue muy bonito que los chavales me hicieran un pasillo el día que inauguraron mi placa»
¿Cuál fue el rol que tuviste en el nuevo Jove Español?
Desde el principio dije que ya no quería seguir siendo presidente de club, porque llevaba muchos años. Además, ellos tenían a Antonio Alcaraz que tenía mucha experiencia porque también estaba metido en equipos de balonmano o baloncesto. Así que propuse que él se encargara del equipo de Preferencia y el filial en Regional, mientras que yo me quedaba a cargo de los canteranos.
A mí lo que me gusta realmente es estar con los pequeñitos, no con los que solo vienen a cobrar billetitos (risas). Así empecé, y estuve muchos años incluso después de haberme jubilado. Hasta que ya me noté que estaba demasiado mayor para seguir aguantando ese ritmo de estar siempre viajando, que si ahora este fin de semana a Jávea, la Vega Baja, Játiva, etc. llegando a mi casa a la medianoche.
Has tenido a tantos críos por tus equipos que te conoces a medio San Vicente. Imagino que es imposible que te acuerdes de todos, ¿no?
A veces me vienen los críos por la calle, que algunos ya tienen setenta años, y me gritan: “¡Asensi! ¿Es que no te acuerdas de mí?” (risas). Pero no siempre es fácil reconocerlos, porque los trataba cuando eran niños.
Me acuerdo hace poco que me metí en un taller para cambiar las ruedas al coche. De repente me vio un mecánico que había estado en el Jove Raspeig y enseguida salió a abrazarme. Yo ni le conocí, pero él sí me reconoció a mí. Esas cosas me pasan a menudo.
«Me metí como presidente y entrenador medio de broma, y al final estuve 47 años»
Supongo que debe ser muy gratificante que tanta gente te recuerde con cariño…
Desde luego. Por ejemplo, un chaval de sesenta años llamado Marhuenda siempre que me ve me dice lo mismo: “Asensi, yo soy un hombre gracias a usted”. Porque de chiquito era terrible, siempre estaba metido en líos. En el vestuario se dedicaba a repartir papelitos políticos porque era un activista total (risas). Y cuando estaba jugando en el campo era de los que le perdía mucho la boquita, y se metía en todas las broncas.
Básicamente lo que hice fue tratar de ponerlo en cintura. Lo curioso es que fichó por otro equipo, pero luego quiso regresar al nuestro porque él mismo sabía que necesitaba cierta disciplina.
¿Cómo te surgió lo de meterte en política?
Pues porque cuatro amigos que estaban en UCD vinieron a buscarme. ¿A ver cómo les dices que no? Me hicieron el lío (risas). Imagino que, si hubiéramos ganado las elecciones, yo habría sido el concejal de Deportes. Sin embargo, al final nos quedamos en la oposición porque gobernaron el PSOE y el PCE.
Solo estuve una legislatura. Por aquel entonces ya tenía un cargo alto en la fábrica, y me comentaron que preferían que no siguiera en política. Así que me volví a centrar en el fútbol durante mi tiempo libre.
¿Qué supuso para ti que te dedicaran el campo municipal?
Para mí es un honor. Agradezco tanto a mis ‘críos’ que se encargaron de presentar esta propuesta, como a todos los clubes deportivos y a la corporación municipal por haber dado el visto bueno.
Sinceramente en aquel pleno municipal lo pasé mal. Nunca he sido partidario de las grandes ceremonias. Cuando terminábamos la temporada simplemente comprábamos unas longanizas y demás comida para celebrarlo.
Además, yo tenía un hijo que también jugó en el equipo, pero falleció a los veinte años de edad por un accidente en Navidad. Precisamente en el pleno habló un antiguo compañero suyo… y aquello me hizo polvo. Cuando me tocó hablar a mí, estaba roto. Tuve incluso que pedir que me dejaran unos minutos para tranquilizarme.
«Fundamos el Jove Raspeig cuando la cementera ya no quiso seguir sufragando al Rigas»
Luego, además, se organizaron más actos como una comida o la inauguración de una placa en tu honor.
Para la comida se juntaron más de trescientos chiquitos que habían pasado por mis equipos. También me llevaron al campo para hacer el saque de honor antes del partido y días después se colocó la placa en presencia del alcalde y el concejal de Deportes.
Me gustó mucho que pusieran a varios equipos de alevines e infantiles a los lados para que yo pasara por en medio como si fuera un pasillo. Fue muy bonito y ese día afortunadamente no me tocaron fibras tan sensibles como en el pleno (risas).
No quiero terminar esta entrevista sin agradecer a todas las personas que me acompañaron en mis equipos de fútbol durante estos años como mis delegados Salvador Montesino, Santiago Leal, Pepe Torregrosa, Antonio Molera, Manolo López, etc. Ellos me ayudaban mucho, e incluso se quedaban con los críos para no dejarlos abandonados cuando no podía ir a los entrenamientos. Todos ellos pasaron conmigo del Jove Raspeig al Jove Español.
San Vicente ya tiene 60.000 habitantes. ¿No debería tener un equipo en una categoría más alta que la Tercera RFEF?
Sí, pero para eso hace falta muchas cosas. No tengo nada en contra de la gente de fuera del pueblo, pero se necesitan personas muy implicadas. A mí me costaba del orden de 8.000 euros de mi bolsillo cada año que pasé en el Jove. Esa implicación no la veo ahora.
Creo que habría fórmulas para ingresar más e incluso para no tener que depender tanto del dinero del Ayuntamiento. Por ejemplo, si tuviéramos un campo de fútbol mejor, se podrían poner carteleras de propaganda como dios manda. Esto se lo he dicho ya al alcalde alguna vez.






















