Entrevista > Dani Gil y Eva Ballesteros / Componentes de Carasses Teatro (Las Palmas de Gran Canaria, 25-marzo-1972, y Elda, 10-diciembre-1982)
Son muchos los que aseguran que el destino está marcado, mientras otros prefieren hablar de un cúmulo de casualidades. Ninguno tiene certeza, aunque historias de amor como las vividas por Dani Gil y Eva Ballesteros son dignas de ser contadas.
Las inquietudes culturales de Dani le condujeron a Madrid, para estudiar Psicología, “carrera que no podía estudiar entonces en Canarias”. Completados los estudios deseaba cambiar de aires, salir de la gran ciudad, y surgió la opción de trabajar en Novelda.
Se instaló en nuestra zona en 2006 y pronto quiso apuntarse a una compañía teatral, “otra de mis pasiones, junto a la escritura”. Lo hizo en Carasses Teatro y en Elda coincidió con Eva, de la que no tardó en enamorarse; la relación se fructificó cuando presentaban ‘Requetemagazine’, de Tele Elda.
La magia del teatro amateur
Recordemos que la magia del teatro, también el amateur, reside en el trabajo de muchos meses, condensado en apenas una hora y media. Así, el esfuerzo en los ensayos se transforma poco a poco en sensaciones y emociones, desprendiendo un aire especial que el espectador rememorará durante mucho tiempo.
Para muchos la diferencia con el teatro profesional es que unos cobran y otros no, “porque todos ponemos la misma ilusión y sacrificio”.
¿Cómo fueron vuestros inicios en las tablas?
Dani Gil (DG) – Realmente comencé muy joven, con seis años, en el grupo teatral del colegio. Me gustó, seguí con esa afición, que trasladé a mi etapa universitaria en Madrid.
Allí incluso escribí una obra, que igualmente dirigí, ‘El espectador o reflexiones al borde de la cuarta pared’.
Eva Ballesteros (EB) – Me inicié en una asignatura en Segundo de BUP y realmente me agradó, apuntándome acto seguido a un taller de teatro en Petrer.
Siguió fascinándome, me incorporé a otro curso y allí conocí a Alberto Rodríguez, quien me habló que en Carasses Teatro buscaban a una chica para un papel. De eso han pasado ya veinte años.
¿Quién escribe vuestras obras?
DG – Poseo la triple faceta de escribir, dirigir e interpretar. Las obras que escribo habitualmente las codirijo con Antonio Santos, director de la compañía.
«Hasta ahora he escrito dramas basados en mis vivencias, eso que llevo dentro y vale la pena contar» D. Gil
¿Te centras en la comedia?
DG – Al contrario. De hecho, mi primera comedia la estoy redactando ahora, también como un reto personal. En el grupo, en tono cómico, no paran de preguntarme ¿quién muere? (ríen).
Hasta ahora he confeccionado dramas, basados en mis propias vivencias, eso que llevo dentro y considero que vale la pena contar. ‘Ne me quitte pas’, una de mis últimas propuestas, trata sobre la guerra, un tema por desgracia tan actual y latente.
¿Qué otras obras destacarías?
DG – ‘A tu vera’, centrado en los primeros homosexuales travestis en el Madrid de los años ochenta, donde aparentemente hay mucha libertad, pero también una alta represión. Es la historia de María -realmente Mario-, de cómo convive con las circunstancias, lo que le cuesta ser aceptada y encontrar el amor sin renunciar a su identidad.
También ‘La pensión’, una función que nos interrumpió la pandemia. Era de misterio y crímenes, con todos los componentes típicos de los libros de Agatha Christie.
¿El escenario tiene algo especial?
EB – Minutos antes de aparecer en escena sufro muchísimo, me invade ese pensamiento de impostora, ¿quién me manda hacer esto?, me repito una y otra vez.
Pienso que no voy a recordar el texto, que me quedaré en blanco, pero en cuanto suelto la primera frase me concentro en mi personaje, en quién soy, porque dejo de ser Eva. Siento asimismo mucha libertad.
DG – Ciertamente padezco más como director que actuando. Sobre el escenario, más allá de los nervios iniciales (lógicos), me indico a mí mismo que tengo el poder. Disfrutar de esa sensación -que todos esperen a ver qué hago- es mágico, porque puedo hacer lo que desee.
Las tablas te permiten jugar y cuando lo haces, te diviertes mucho. Ésa es la clave de todo.
«Minutos antes de aparecer en escena sufro muchísimo, me invade ese pensamiento de impostora» E. Ballesteros
¿Realizáis ese viaje imaginario con los compañeros?
DG – Lo que sucede en escena procede de mucho más atrás, de haber convivido y compartido semanas y semanas. Del mismo modo, de los ensayos y del propio trayecto en carretera cuando hacemos un bolo fuera.
Todo ello hace que se genere una magia, una atmósfera, un clima donde esa sensación de interdependencia se aprecia notablemente en las obras. En escena sabes que nunca estás solo, sientes que tus compañeros permanecen detrás.
EB – Nos gusta decir que somos una familia elegida, que ya comienza en los ensayos. Aparte de preparar las obras nos lo pasamos bien, ¡por eso es teatro amateur!, independientemente que estemos preparando una comedia o un drama.
Sin embargo, los nervios son inevitables.
EB – Por supuesto. Muchas veces el trabajo se asemeja al de un profesional, con la diferencia que ellos cobran, es su profesión, como bien indica la palabra.
DG – Ser amateurs puede ser hasta una ventaja, porque nuestro sueldo no depende del teatro, aunque obviamente el compromiso y la responsabilidad va con cada uno. Siempre queremos dar lo mejor de nosotros en cada escena, y claro que pasamos nervios, muchos.
Hacer la obra que queremos nos brinda una libertad extraordinaria, pues no trabajo para ganar dinero, sino para comunicar y disfrutar, como decía previamente.
¿Cuáles han sido las obras más relevantes de ‘Carasses Teatre’?
EB – Tuvo mucho éxito ‘Trufaldino, el servidor de los patrones’, una comedia del arte; ‘El deseado amor de la disputada Cásina’, donde desarrollé un papel destacado, y ‘En busca de la última frontera’, obra con la que gané mi primer premio.
No obstante, mi mayor reto interpretativo ha sido ‘Ne me quitte pas’.
«Sobre el escenario, más allá de los nervios iniciales (lógicos), me indico a mí mismo que tengo el poder» D. Gil
Premio que, sin embargo, no pudiste ir a recogerlo.
EB – Me lo concedieron en Girona, a esa entrega de premios no asistí y subió al escenario en mi nombre Dani, el que hoy es mi marido. En ese momento, curiosamente, solo éramos amigos.
Luego he tenido la fortuna de lograr más reconocimientos, por ejemplo, con ‘María La Calderona’.
¿Es cierto que participasteis en un festival francés?
DG – Con ‘Romancero gitano’, versión de la obra de Federico García Lorca. La Federación de Teatro Amateur de la Comunidad Valenciana seleccionó esta obra para representarla en el país vecino como un intercambio cultural. La interpretamos en Cahors, en el departamento de Occitania, y gustó muchísimo.
¿La interpretasteis en castellano?
DG – Al ser poemas representados, con mucha visualidad -como la propia Luna de Lorca- llegó al público, traspasando el problema idiomático. También había mucho baile, colorido, luces y sabemos que muchos habitantes del sur de Francia hablan castellano.
«Lo que sucede en escena procede de mucho más atrás, de haber convivido y compartido semanas y semanas» D. Gil
¿Podríais definir la capacidad actoral del otro?
EB – Dani muestra mucho compromiso con los papeles que le toca desarrollar. Valoro, hasta le envidio -de una manera sana- por su capacidad para improvisar.
DG – Eva es una actriz todoterreno, capaz de hacer suyo el papel en cualquier circunstancia. Esa versatilidad, como decía, le permite llevar a cabo una gran amplitud de registros y sobre todo es muy pasional.
Anhela que le otorguemos personajes de mucho carácter, más allá de un texto inteligente o enrevesado. Le apasionan, sin duda, los retos interpretativos, lo que es ‘desnudarse’ en el escenario.
¿Dani es un director duro, exigente?
EB – Sí, mucho. Si debe decirme las cosas claras no duda, a pesar de que sea su pareja. Emplea su profesión (psicólogo) para que te metas más en el personaje, saber qué siente, cómo es el papel, la forma de construirlo.
Te hace sacar de dentro aspectos que no me imaginaba; es muy buen director.
¿Para cuándo la próxima obra de Carasses?
DG – Estoy en la fase de escritura de nuestra nueva propuesta. No podemos desvelar el título, porque todavía no lo sabemos, pero si algo de la trama.
«Dani muestra un enorme compromiso en todos sus papeles; valoro, incluso envidio, su capacidad para improvisar» E. Ballesteros
Adelante, entonces.
DG – Se trata de una comedia, una sátira política en el que los dos principales partidos del país se apuestan si son capaces de hacer presidente a cualquier persona.
¿Hay fecha de estreno?
DG – La idea es presentarla en la próxima Muestra de Teatro Amateur, en octubre.
¿Tanto cuesta poner el título a las obras?
DG – Habitualmente es lo último que pongo, y además siempre lo cambio. La última obra que escribí se iba a llamar ‘La guerra’ y acabó denominándose ‘Ne me quitte pas’, la canción leiv motiv de la historia que sucede.
«Eva es una actriz todoterreno y esa versatilidad le permite llevar a cabo una gran cantidad de registros» D. Gil
¿El público disfruta igual que vosotros?
EB – Es el objetivo, que se lo pasen bien, y nosotros también con ellos. En el fondo, un actor no es nadie sin su público.
DG – Una gran realidad es que el espectador de Elda o Petrer es muy fiel, siempre tenemos el teatro lleno. Son sumamente agradecidos, entendido, y nos sigue allá donde vamos.
Luego nos comentan las diferencias de las mismas funciones, es extraordinario y nos anima a seguir. Conocen nuestra trayectoria, la del grupo y es de agradecer, porque se implican, forman parte de nosotros.
Las anécdotas se contarán a miles.
EB – Ha habido muchísimas, podríamos llenar libros. En ‘Trufaldino’ hay un momento que mi personaje está discutiendo con otro; salí de escena, con tan mala suerte que caí, porque estábamos en alto.
El golpe fue dolorosísimo, pero como estábamos discutiendo mi compañero improvisó, y me dijo algo así como “¡ojalá te rompas una pierna!”
¿De qué forma reaccionó el público?
EB – Al principio pensaban que formaba parte de la escena, hasta que volví a aparecer y apreciaron mis medias (blancas) manchadas de sangre. Aun así proseguimos y la representación fue un éxito. ¡Viva el teatro!
Por cierto, vuestra boda fue singular de por sí.
EB – Nos casamos en el Teatro Castelar, en 2011, ceremonia en la que participó todo el grupo. Durante años solo fuimos compañeros, y la chispa surgió mientras trabajábamos en Tele Elda.
Nuestros dos hijos, Dani (2012) y Héctor (2015), ambos igualmente apasionados de las tablas, ya han hecho sus primeros pinitos en la actuación.






















