Declarada de Utilidad Pública desde 2002, Auna Inclusió es una entidad que busca “mejorar las condiciones y vida de cada persona con discapacidad intelectual (PCDI)”, expone Amparo Torres, gerente de estos centros ubicados en la comarca de La Safor.
El origen de la firma se remonta a 1965, fruto de la preocupación de unos familiares que “sufrían al ver a sus seres queridos prácticamente escondidos de la sociedad”. Por suerte, agrega, los tiempos han cambiado y a día de hoy poseen numerosos derechos.
Estas familias -hoy propietarias de Auna Inclusió, una referencia en la zona- se unieron para defender esos derechos. “Hemos evolucionado muchísimo en las últimas décadas, especialmente la forma de trabajar, ahora mucho más focalizada en la persona”, remarca.
Sus propias decisiones
Junto a un sinfín de actividades, Torres destaca la formación laboral, incluyendo la creación de un centro especial de empleo, Econatura. “Anhelamos empoderarles, que sean protagonistas de su propia vida, porque históricamente no lo han sido”, lamenta, consciente del apoyo que necesitan de las familias.
La idea es que, en la medida de sus posibilidades, “sean capaces de tomar sus propias decisiones, que alberguen oportunidades y otros no tengan que escoger por ellos”, sugiere, antes de apostillar la existencia de un departamento de ocio inclusivo.
Amparo considera que en muchas ocasiones se les ha protegido en exceso -una discriminación que podríamos calificar como silenciosa-, “hemos decidido por ellos, y no debería ser así, desde qué comen hasta a qué deben dedicar el resto de su vida”. Más que beneficiarles, les ha perjudicado.
«Hemos decidido por ellos y no debería ser así; más que beneficiarles, les perjudica» A. Torres
Teatro, deporte adaptado…
La organización presenta numerosas actividades, como avanzábamos, “para incluirlos en disciplinas tan terapéuticas como el teatro, que les apasiona”. Asimismo, un equipo de fútbol y una pasarela de moda anual inclusiva, sin olvidar los aspectos formativos.
“Son muchas las PCDI que tenemos trabajando en empresas ordinarias”, comenta, orgullosa, en una modalidad denominada empleo con apoyo. Lo llevan a cabo de un modo personalizado, “pues cada uno precisa de un soporte determinado”.
Los acompañan en el día a día, “para que tengan las mismas oportunidades”. Si las reciben -y son conscientes de ello, clave ahí es la comunicación- su vida mejora, es mucho más plena; “se ven capaces de desarrollar su talento artístico, o de otro tipo”.
Torres reconoce cómo estas personas con discapacidad intelectual le sorprenden en cada una de las funciones que representan, ya sea en el teatro Serrano de Gandia u otros puntos de la comarca.
«Nos enseñan muchísimo, por su gratitud ante cualquier cosa, nos hacen mejores seres humanos» A. Torres
Aprender de ellos
Las PCDI, expone Amparo, “nos enseñan muchísimo, por su gratitud ante cualquier cosa que les ofrezcas, nos hacen al instante mejores seres humanos”. Se sienten escuchados, queridos, aprecian que te preocupas por ellos, “y te devuelven ese cariño multiplicado por mil”. En ese momento son muy felices, afirma la gerente.
Muestran, a partir de ese momento, una actitud voraz por implicarse en todo, siendo al mismo tiempo muy coherentes, asevera. “La nuestra es una labor muy gratificante”, porque sabemos que, pese a no poder disfrutar de todo lo que proporciona la vida, “se contentan con poco”. Nuestro reto es seguir luchando para que tengan los mismos derechos.
Sin embargo, el riesgo de la frustración en este tipo de empleos es constante, por muchos motivos, “principalmente por una sociedad que muchas veces no les entiende, o no les quiere entender”. Cuesta también muchas veces avanzar, pero intentamos ser optimistas, “echar la vista atrás y comprobar su evolución”.
Lejos de aburrirse, el día a día en Auna Inclusió es frenético: producción de cerámica, pulseras, excursiones, teatro, deporte…
Fátima, reina de los fogones
Anécdotas suceden millones en el centro, expresa, pero sí hubiera que destacar una, no duda en replicar la historia de Fátima. “Residente en uno de nuestros centros, tiene síndrome de Down y necesita mucha atención”, nos adelanta.
Apasionada de todo lo artístico, Fátima fue componente del grupo de teatro inclusivo durante años, hasta que descubrió la cocina. Completó un curso, tras mucho esfuerzo, y le fascinó tanto que poco después se incorporó a la empresa de catering de uno de los centros Auna Inclusió.
“Es la persona más feliz que vi jamás”, confiesa Amparo, ataviada siempre de cocinera, contándote qué ha cocinado, “su cara se llena de alegría, ¡es otra!”
Salario de estímulos
Lejos de aburrirse, el día a día en la entidad es frenético: a lo enumerado se suma la producción de cerámica, visitas a museos, bibliotecas, excursiones, detalles creados por ellos o pulseras, “simulando el trabajo que se realiza en una fábrica, incluyendo un salario, en forma de estímulos”.
Otra de sus aficiones es el cine, “ven todo tipo de películas, les fascina”. Siempre sería más aconsejable adaptar el film a su capacidad cognitiva, como ya acontece en la lectura fácil, “es una de nuestras reivindicaciones”.
“Luchamos por un mundo más justo y solidario”, finaliza en su exposición Amparo, “porque ellos, insisto, con muy poco son felices”.




















