Entrevista > Juan Amirola / Presidente de Rafiki África (Bilbao, 3-marzo-1947)
En 2017 un grupo de alicantinos, la mayoría empresarios ya jubilados, se unieron para dedicar su penúltimo esfuerzo profesional al tercer mundo con la ONG Rafiki África. Su objetivo es lograr que una región de Uganda sea autosuficiente a base de mejorar sus técnicas agrícolas, infraestructuras, la formación académica, etc.
El presidente de esta organización es Juan Amirola. A lo largo de su trayectoria laboral este ingeniero industrial, afincado en Alicante desde hace cinco décadas, ha sido dirigente de compañías dedicadas a servicios públicos esenciales como Hidraqua (suministro de agua potable) o Suez (gestión de residuos). Toda una larga experiencia profesional, que ahora pone en beneficio del continente africano.
¿Cuál fue la razón por la que un grupo de ‘veteranos’ alicantinos decidió montar una ONG?
Mira, la nuestra es una generación única. Ninguna otra en la historia de la humanidad ha vivido veinticinco años más que las generaciones precedentes, y con buena calidad de vida. Además, hemos tenido siempre trabajo y no hemos sufrido ninguna guerra, mientras que hemos visto más transformaciones que en todos los 5.000 años anteriores.
Somos absolutamente privilegiados, así que debemos devolver algo a la sociedad para quienes no han tenido tanta suerte… como nuestros amigos de Uganda.
«Mi generación ha vivido una época privilegiada y queremos devolver algo a la sociedad»
¿Y por qué Uganda?
Hace algunos años llegó un párroco negro llamado Juan Berchmans a la zona de Relleu y Orcheta. Se trata de un superviviente de las matanzas de Ruanda que pasó mucho tiempo escondido en las selvas de Uganda, donde la población vive con mucha pobreza. Así que cuando llegó a España, se propuso hacer algo por ayudarles. Por eso montó una asociación, aunque con unos recursos muy limitados.
Un día en una boda me lo sentaron al lado mío y me contó su historia. Coincidió justo cuando yo ya estaba dejando todas mis aventuras laborales para jubilarme, así que le dije: “Mira, te vamos a ayudar”. Llamé a unos cuantos amigos, también ejecutivos de empresas en Alicante, para ponernos a desarrollar algo bien serio y planificado. Todos veníamos ya con bastante experiencia en gestionar, así que hemos cometido pocos errores. Por eso Rafiki ha ido creciendo tan rápido.
¿En qué consiste exactamente vuestra labor en Uganda?
Desde un primer momento nos planteamos hacer una ONG diferente. Porque la mayor parte se limita a dar comida o medicinas. Sin embargo, nosotros consideramos que, para ayudarles realmente a largo plazo, es necesario actuar sobre todos los factores que producen pobreza. Porque sino es pan para hoy, y hambre para mañana.
Al llegar enseguida vimos que había muchos niños en la calle, así que lo primero que hicimos fue construir un colegio de Primaria y más adelante otro de Secundaria. Luego inauguramos una escuela de agricultura y ganadería con el apoyo de la Universidad Miguel Hernández.
«Con las escuelas estamos evitando que muchas niñas se queden embarazadas a los doce años»
Imagino que allí casi todo el mundo vive del sector primario, ¿no?
Sí. Aun así al principio esta escuela fue un fracaso, porque los ugandeses consideraban que ya lo sabían todo de agricultura. Sin embargo, poco a poco se fueron dado cuenta de que estaban usando técnicas muy rudimentarias.
Por ejemplo, a causa del cambio climático perdieron las cosechas de maíz, y nosotros les dimos unas semillas especiales que resisten cinco grados más de temperatura. Tampoco tenían huevos porque decían que las gallinas en Uganda se morían, así que montamos una granja parar mostrarles que si se les vacuna debidamente evidentemente no se mueren. Ahora resulta que todos quieren cultivar maíz y criar gallinas (risas).
Este sistema de darles unos ‘microcréditos en especie’ también lo hemos hecho con la miel u otros cultivos y animales. Gracias a esto ahora pueden vender más y a mucho mayor precio.
¿Cuál es la situación de las mujeres en Uganda?
En realidad, son ellas quienes sacan adelante el país. Esto ocurre en casi toda África, pero quizás especialmente en Uganda.
Normalmente las niñas a los ocho años de edad ya están cuidando niños, cortando leña o recogiendo agua. En muchos casos a los once años ya están casadas, y a los doce embarazadas. En definitiva… es un desastre.
Por eso montamos un internado para chicas y una escuela-taller de costura. Al principio tuvimos pocas solicitudes dado que muchas familias no querían mandarlas para que siguieran trabajando en casa. Sin embargo, poco a poco se han dado cuenta de que las niñas que estudian aquí salen mucho más formadas y pueden optar a un futuro mejor. De hecho, ya tenemos proyectado construir un segundo internado femenino.
«Si las familias ugandesas cobran más de setenta euros al mes, ya no se plantean inmigrar a Europa»
Quizás una manera efectiva de contener la inmigración masiva a Europa, más que interceptar pateras en el Mediterráneo, sea ayudarles en su país de origen a ser autosuficientes…
Exacto. Hemos hecho encuestas en Uganda cuya conclusión es que la familia que alcanza ingresos de tan solo setenta euros al mes… ya no se quiere marchar. Aquella es su tierra, y ellos solo la abandonan si están desesperados. Nosotros buscamos que quien quiera venirse aquí sea para emprender, pero no por necesidad.
¿Cómo podemos ayudar a Rafiki África?
Tenemos doscientos apadrinamientos de niños, pero en nuestras escuelas ya contamos con ochocientos alumnos. Así que necesitamos más. Son treinta euros al mes. Solo con eso ya cubrimos la alimentación, la salud, la educación y el material escolar del chiquillo.
Además, tenemos socios tanto particulares como empresas que pagan cuotas desde los quince a los 2.000 euros al mes. Aprovecho para recordar que la desgravación puede llegar hasta el 50%.




















