Lo de la nobleza tenía su punto. Títulos con Grandeza de España (ducado, marquesado, condado, vizcondado, baronía, señorío) o sin ella (marquesado, condado, vizcondado, baronía, señorío, hidalguía). En todo caso, uno de los privilegios con que la realeza agasajaba a alguien que considera que le había servido bien. Herencia finalmente del feudalismo. Y de lo bélico.
Saltaba a la vista, dado el origen de tales prebendas, el componente masculino del asunto en sí. Pero lo de la nobleza como que siguió cuando las guerras que vinieron poco tenían que ver con un mundo ya periclitado, y la historia anotaría de nombres femeninos, en esto de las hidalguías, aunque eclipsados por el origen del invento en sí. Un ejemplo paradigmático lo tenemos con el condado de Elda.
Por los servicios prestados
Esto nos llevará, primero, de la mano de unos viejos conocidos aquí, la familia Coloma, que ostentaría el señorío, después condado, de Elda durante 216 años, entre los siglos XVI y XVIII. A ellos se les debió en buena parte el arranque sociopolítico-económico el municipio. El condado en sí nacía oficialmente el 14 de mayo de 1577 a instancias del rey Felipe II (1527-1598).
Concedía en esa fecha el condado (y la baronía de Elda, Petrer y Salinas) al eldense Juan Coloma y Cardona (también consignado como Juan Coloma Pérez Calvillo, 1522-1586). ¿El motivo? Los servicios prestados a la Corona de Aragón y Castilla. Coloma añadió el título de conde al de señor. Obtendrían la grandeza de España el 26 de abril de 1707, en la persona del quinto conde, Francisco Coloma Pujades y Borja (1656-1712), pero ‘envenenada’.
Felipe II otorgaba la distinción por los servicios prestados a la Corona
Grandes de España
El título se lo otorgaba Carlos de Habsburgo (1685-1740), archiduque-pretendiente que, aunque se proclamara como monarca, no llegó a reinar. Da igual: Alfonso XIII (1886-1941) ratificaría la grandeza, el 18 de marzo de 1918, en la persona de la XV condesa de Elda, María del Pilar Loreto Osorio y Gutiérrez de los Ríos (1829-1921). He aquí un primer nombre femenino en esta historia.
Bueno, fue reconocida nobiliariamente por el mismo monarca que en 1910 firmase la real orden para permitir el acceso de las mujeres a las universidades. En cuanto a María del Pilar, unía en su persona un sinfín de títulos tanto maternos (María Francisca de Asís Gutiérrez de los Ríos Solís, 1821-1836), como paternos (Felipe Osorio y de la Cueva, 1795-1859).
Alfonso XIII ratificaba la grandeza de España en María del Pilar Loreto Osorio
Subastando posesiones
María del Pilar Loreto Osorio, de hecho, se convirtió en el equivalente actual de una estrella mediática. Su acumulación de títulos la convirtieron en referente para la aristocracia española. Pero mantener eso costaba un potosí, así que procedió a escriturar todas las propiedades directas conservadas en sus antiguos señoríos, más en concreto los de por la hoy Comunitat Valenciana. Eso incluía aguas de riego, hornos, mesones, molinos, posadas…
A continuación, lo subastó todo. Fallecía en su castillo belga, en Namur, y el linaje, aunque seguiría, perdía algo de protagonismo. Había estado precedida, eso sí, de varias condesas consortes que habían dejado herencia de un cierto empoderamiento solidario al parecer asociado al cargo, en estos casos morganático (vía matrimonial). Destaquemos a Beatriz de Corella, de biografía diluida, aunque no su obra.
Beatriz de Corella fundaba un hospital para pobres en la calle San Roque
Dote millonaria
Fue ella, casada en 1581 con Antonio Coloma (1555-1618), la que ha quedado como una de las grandes benefactoras del municipio eldense. No solo aportó como dote al casorio 17.000 libras, que era un pastón: según revisemos el asunto por su valor en plata de la época, por salarios o por rentas señoriales entonces, se nos podría disparar hasta más de dos o unos cuatro millones de euros hoy.
Aparte, antes de morir fundaba un hospital para pobres en la calle San Roque. ¿Pero hubo más titulares del condado? A continuación de María del Pilar Loreto Osorio nos encontramos con el nombre de Silvia Álvarez de Toledo y Gutiérrez de la Concha (1873-1932), pero aquí lo del condado de Elda era un título más de los muchos que ostentaba. Destaquemos, eso sí, su dedicación casi total a las obras de caridad.
Toques solidarios
Este enfoque solidario lo heredará María Fernanda Méndez Núñez y Gómez-Acebo (1944-1998), llevándolo también (haciendo gala siempre de ser condesa de Elda) hasta lo máximo. Fue, por cierto, presidenta desde 1989 de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), con la que había comenzado a colaborar muy activamente desde 1986. Se aplicó a que la entidad contara con residencias para niños.
También para sus familias, además de unidades móviles de asistencia domiciliaria de cuidados paliativos. Su marido, por cierto, Enrique Falcó y Carrión, XVII conde de Elda, fue pregonero en 2010 de las fiestas patronales, con lo que, al cabo, enlazaba el condado con su tierra titular. Y queda a la expectativa, si ha de continuar, de si la próxima condesa, quien sea, se decidirá también por el altruismo.





















