Entrevista > Carolina Molina / Bióloga (Madrid, 3-julio-1986)
Tras nefastas experiencias laborales, la bióloga Carolina Molina afirma estar en un excelente momento, “haciendo algo que me apasiona”, como inspectora de seguridad nuclear y protección radiológica. Nos detallará los principales desafíos de su cargo.
Está especializada en biología sanitaria y microbiología, “una carrera de la que se conoce poco, sobre todo las aplicaciones que alberga”. Permite, entre otros aspectos, realizar análisis genéticos, saber si padeces una enfermedad u otra, o hallar tratamientos alimenticios.
Molina confiesa un gran amor por nuestra localidad, a la que acude siempre que puede. “Paso todos los veranos allí, Santa Pola me da paz, acostumbrada al agobio de Madrid”, argumenta, igualmente agradecida por los reconocimientos recibidos.
¿Por qué la ciencia es a veces complicada de entender?
No considero que lo sea, quizás la persona que la divulga no se expresa bien. Es cierto que en ciencia es preciso contar con cierta base, pues va en pirámide, pero se trata de una disciplina tan preciosa, lógica e intuitiva.
«Para saber de ciencia es necesaria una base, pero se trata de una disciplina preciosa, lógica e intuitiva»
¿El tuyo siempre ha sido un puesto de responsabilidad?
Sin duda, en ocasiones he firmado documentos que aseguran la calidad alimentaria -o falta de microorganismos- y si alguien después enferma, de legionela, por ejemplo, la culpa puede caer sobre mí.
Obligaciones que ya asumiste en tu formación.
Durante la etapa universitaria me uní a varias investigaciones de los departamentos de microbiología y virología, un periodo increíble. Pude explorar el virus del herpes y la bacteria de borrelia burgdorferi, la que provoca la enfermedad de Lyme.
¿Cómo prosiguió tu evolución?
Deseaba continuar en ella, aunque me entraron dudas: sabía cuáles eran las condiciones, quería formar una familia. Pienso que se trabaja para vivir, no al contrario.
Me incorporé entonces a una farmacéutica, como visitador médico, un perfil más comercial, aunque también necesario, para comprender los mecanismos de acción de los medicamentos, qué va a suponer en el cuerpo o cuál es la fisiopatología de la enfermedad. Fue una labor que no me agradó, la consideraba muy superficial.
«Aprobé las oposiciones tras cuatro años de enormes sacrificios, levantándome a las tres para estudiar»
¿Pasaste después al sector de la sanidad ambiental?
Toda una suerte, pues abarca un sinfín de funciones, desde el tratamiento en todos los pueblos y ciudades del alcantarillado al de las aguas para su consumo. Aplicaba los conocimientos técnicos a la vida diaria, un trabajo muy satisfactorio que duró casi una década.
Sin embargo, comprobé que es un sector muy masculino y en mi primer embarazo -2014- sufrí acoso laboral. Me llegaron a llamar inmadura, ¿cómo era posible que les hiciera eso?, ¡es mi vida! Finalmente pactamos un despido, también porque a mi marido le surgió una oportunidad en Perú.
¿Qué hiciste en el país andino?
Opté por la educación, dos cursos muy bonitos, inolvidables. Pero la ciencia es mi campo, me seguía atrayendo mucho más y decidimos regresar en 2017, incorporándome de nuevo a la sanidad ambiental.
Me quedé embarazada de mi segundo hijo poco después y el acoso esta vez fue muchísimo peor, con denuncia incluida: un proceso que se alargó casi un año (cuatro juicios). Los ganamos todos, pero fue horroroso, las amenazas eran constantes.
¿De qué modo te convertiste en inspectora en seguridad nuclear?
Pasado ese mal trago, de tanto estrés, quise opositar, aconsejada por mi suegra. Al principio me costó decidirme, tenía ya 32 años, era madre de dos niños, sin apenas tiempo y no me veía con capacidad para obtener una nota brillante.
Me levantaba a las tres de la madrugada, estudiaba, levantaba a mis hijos, les daba el desayuno, los llevaba al colegio, me iba a trabajar… Pero tanto esfuerzo tuvo recompensa y, tras cuatro años opositando, aprobé en 2022.
«Santa Pola es mi segunda casa, me encantaría vivir allí todo el año, pero a día de hoy no puedo»
¿En qué consiste tu trabajo?
Somos el organismo regulador en España de las radiaciones ionizantes, es decir, partículas que no se ven y pueden ocasionar mucho peligro. Revisamos tanto las que han sido creadas de un modo natural como las desarrolladas por la actividad humana.
Comprobamos seguidamente que las diferentes empresas ejecuten su labor con las radiaciones dentro de la norma. Les ayudamos a ello.
¿Vuelves a estar valorada?
Muchísimo, estoy en el trabajo que quiero. Mi listón era también muy bajo, tras tan malas experiencias laborales. Jamás deberíamos perder la dignidad humana, es mi opinión.
El pasado año recibiste un reconocimiento en nuestro municipio.
Exacto, ‘Mujeres de Santa Pola con ciencia’. No nací en la localidad, pero la amo profundamente y he participado en otras actividades lúdicas, porque me ilusiona poder transmitir mis conocimientos, especialmente a los jóvenes.
Pese a mis duras vivencias, las mujeres debemos seguir luchando, demostrando que somos igual de válidas.
Santa Pola es…
Mi segunda casa, me encantaría vivir allí todo el año, pero a día de hoy no puedo, quizás en un futuro. Se lo he planteado numerosas veces a mi marido.





















