Corría el año 1966 cuando el grupo Los Mismos, en la canción ‘El puente’, imaginaban uno que uniera València y Mallorca: “Será maravilloso viajar hasta Mallorca, sin necesidad de tomar el barco o el avión”, soñaban. Pues por Xàbia no llegábamos a tanto, pero sí hubo unión levantina-balear. El 29 de diciembre de 1902.
Fue la fecha en que se efectuaron las primeras pruebas de telegrafía inalámbrica entre la península e Ibiza, gracias al explorador, ingeniero e inventor segorbino Julio Cervera Babiera (1854-1927). Se elegía el promontorio del cabo de la Nao, a unos noventa kilómetros (aproximadamente 49 millas náuticas) de la isla balear. O sea, el punto de la península más cercano. Y allí, otro guardián xabiero, un faro.
Vientos de vida
Lo de los centinelas veteranos oteando el mar le va a Xàbia. Ya hablamos (‘Molturando con viento lebeche’, enero de este 2025) de los once molinos que asoman a los escarpes locales. Uno del XIV (recordemos que la constancia iconográfica más antigua de estos en España es del XV, y que no se construirían masivamente hasta el XVI) y el resto del XVIII.
El viento lebeche, o ‘llebeig’, los movía (hoy sus restos están museabilizados), les daba vida, la que pueda proporcionar Libis, dios alado del viento, según uno de los posibles orígenes de la palabra. Pero no son los únicos cancerberos o vigías (de obra) que existen por estos pagos. El faro que se iba a levantar sobre el cabo de la Nao sería uno de ellos.
Se elegía el cabo de la Nao para conectar telegráficamente península e Ibiza
Pesetas y euros
Para cuando Julio Cervera se embarcó en su aventura telegráfica de conectar el cabo de la Nao con el Pelado (Puig Pelat, el ibicenco), que llevaría a que se le encargasen al ingeniero otras instalaciones de este tipo, por ejemplo, para conectar con Ceuta y Melilla, o a crear en 1903 de la Internacional Institución Electrotécnica, lo de construir un faro justo allí ya se pergeñaba.
Tardó un tanto. Hubo que esperar a que se subastase la obra el 1 de julio de 1914, por 68.212 pesetas de la época (calculando la inflación hasta 2002, cuando entró el euro, nos daría una equivalencia de unas 150 pesetas por cada una de las del catorce; transformándolo en euros, 61.389,57; 61.480 si redondeamos). Y hubo que esperar más a que se construyera.
Hubo que esperar a que se subastase la obra para comenzar a construir
Fareros en extinción
No obstante, hasta que no se obró la carretera que debía llegar a este (eso servía también para transportar los materiales), no pudo materializase la torre. Finalmente, el faro entraba en funcionamiento el 26 de mayo de 1928. Con un alcance de veintitrés millas náuticas (43 kilómetros), el caso es que el edificio, con su torre octogonal de unos veinte metros de altura, continúa ahí, en servicio.
A 122 metros sobre el Mediterráneo, su funcionamiento, eso sí, se encuentra automatizado. La Ley 27/1992, de 24 de noviembre de ese año, de Puertos del Estado y de la Marina Mercante, declaraba el fin del llamado Cuerpo de Señales Marítimas, que incluía a las personas que ejercían de fareras (y este tenía viviendas para dos torreros y sus respectivas familias).
Cerca hubo una ermita del siglo XIV dedicada a San Antonio, de ahí el nombre del cabo y faro
Acervo dianense
Conforme se jubilaban (no hubo más contrataciones), desaparecía el oficio. Aunque el último farero, Antonio Fontes, que entraba al lugar, en 1990 (se jubilaba en 2024), sigue vinculado físicamente al sitio, que continúa siendo guía nocturna, además de radiofaro. No se puede visitar, por obvios motivos de seguridad, pero a la misma puerta al área hay un restaurante, en una zona trufada de chaletería.
¿Termina aquí, con molinos y un faro, lo de las torres? Hay más, como la torre del Gerro, sembrada en el XVI. Aunque en realidad, propiamente, esta se localiza en Dénia, al mismo límite con el municipio xabiero, ocurre que la llegada a la construcción transcurre en buena parte de rutas, sobre todo las senderistas, por estas tierras. En el fondo, la atalaya dianense no deja de constituir también parte del acervo xabiero.
Otro faro más
Aquí sí que podemos aplicar el calificativo de centinela más allá de cualquier tipo metáfora, puesto que como tal fue construida, en tiempos de Carlos I (1500-1558), cuyo escudo de armas puede verse en la construcción. Llama la atención su peculiar forma troncocónica, lo que le proporciona ese curioso aspecto de jarrón (de ahí Gerro). Está ubicado en el cabo xabiero-dianense de San Antonio, con faro del siglo XIX.
Se construyó sobre una antigua atalaya y alumbró desde 1855, aunque la obra tal y como la conocemos iluminó desde 1861. Cerca hubo una ermita del XIV a San Antonio, de ahí el nombre de cabo y faro. A 175 metros sobre el mar, con un alcance de veintiséis millas náuticas (48 kilómetros) e igualmente cerrado al público, como curiosidad contemos que Antonio Fontes también se hacía cargo de este faro. Cuestión de centinelas.





















