Entrevista > Teresa Pomares / Farmacéutica
Con solo diecisiete años y huérfano, el bisabuelo de Teresa y fundador de la farmacia, Manuel Pomares, tenía muy claro lo que quería ser y decidió luchar por ello.
Llegó solo a Barcelona, durmió un tiempo bajo el mostrados de una farmacia donde trabajaba como mancebo, y con lo que ganaba estudió dos carreras a la vez, farmacia y violín, sus dos pasiones. De ese gesto nace una historia familiar marcada por el esfuerzo, la vocación sanitaria y el compromiso con las personas, generación tras generación, desde 1888 hasta estos días.
Vocación y tesón
Manuel tenía las ideas muy claras a pesar de ser tan joven. Si uno lo piensa hoy, resulta casi impensable. El proceso de maduración ahora ocurre más tarde, pero él supo decidir su camino. Un camino que supo seguir y defender su hijo Manuel Pomares, y posteriormente hija Teresa, en tiempos en los que pocas mujeres hacían carrera universitaria.
Desde 2001 Teresa Serrano, bisnieta, nieta e hija de sus antecesores, está al frente de la farmacia, a la que ha impreso su estilo y las nuevas tecnologías. Distan del pasado, pero tiene una lección muy bien aprendida, y que pude comprobar en el transcurso de esta entrevista en la farmacia, y es el trato familiar que tiene con sus pacientes.
«Cada generación fue distinta, pero todas dejaron su huella»
Tu historia familiar en la farmacia es toda una lección de vida.
Para mí ha sido una lección enorme. Un ejemplo de que hay que luchar, estudiar y labrarse el futuro. Probablemente la lección más importante que he recibido, y aún hoy me siguen contando anécdotas entrañables de mi familia.
¿Qué valores se han transmitido en tu familia a lo largo de las tres generaciones?
Hay uno fundamental que he heredado de mi bisabuelo, mi abuela y mi madre, y es que la salud del paciente está por encima de todo lo demás. No siempre es fácil de aplicar en la práctica, pero debe ser la primera premisa de cualquier profesional sanitario.
Muchas veces no se trata de dar otro medicamento, a veces la solución es detectar algo que le está haciendo daño, siempre en coordinación con su médico. Por eso es tan importante la comunicación directa con el paciente, desde el respeto y el entendimiento.
¿La herencia familiar ha marcado tu manera de ejercer?
Muchísimo. Curiosamente, cada generación fue distinta y no se ha repetido un mismo patrón. A mi abuelo tampoco llegué a conocerlo, pero dejó una huella tan profunda en tantas personas, que su legado me ha llegado a través de los hechos. Aún hoy sigo descubriendo personas a las que ayudó desde la farmacia.
«Había preparados que hoy resultan difíciles de imaginar, como el elixir de heroína»
Parece parte de una historia compartida.
Totalmente. Igual que la farmacia ha sido generacional, los pacientes también lo han sido. Aquí vienen hijos y nietos de otros pacientes. Es una relación de cuidado, de salud, de vecinos y de amistades de toda la vida.
¿Las fórmulas magistrales tenían un papel clave cuando no había tantos medicamentos?
No había tantos medicamentos como ahora y muchos han desaparecido. Las fórmulas magistrales eran y siguen siendo esenciales para cubrir necesidades muy concretas que la industria no contempla.
Se utilizaban preparados que hoy resultan difíciles de imaginar, como el elixir de heroína, o jarabes que contenían derivados de la codeína y la morfina. Se utilizaban entre otras cosas para calmar la tos. Era otra época y otra forma de entender la farmacología.
Hoy en día, ¿qué fórmulas magistrales se realizan?
Sobre todo en dermatología. Hay fórmulas que no existen en el mercado y se crean combinaciones específicas de principios activos según cada caso. Es muy frecuente en tratamientos de acné o de alopecia. Permite personalizar completamente el tratamiento.
«Es una relación de salud, de vecinos y de amistades de toda la vida»
La pandemia marcó un antes y un después en vuestro gremio. ¿Cómo lo vivisteis?
Teníamos la misma incertidumbre y el mismo miedo que todos, pero no podíamos cerrar. Recuerdo mucha preocupación.
Empezamos muy pronto a desinfectar todo. Desinfectábamos interruptores, teclados, suelos, mamparas, todo, dos veces al día. Organizamos equipos para minimizar riesgos. Al principio fue terrible porque no sabíamos cómo se transmitía el virus. Fueron momentos muy duros.
Mirando al futuro, ¿te preocupa la continuidad del legado familiar?
No. No me preocupa. Hoy no tengo hijos y no me obsesiona la continuidad. Lo único que me planteo es hacerlo bien cada día. Al final de mi vida profesional quiero poder preguntarme qué hice y cómo lo hice, lo demás vendrá o no vendrá.
¿Cómo te gustaría cerrar esta entrevista?
Con agradecimiento a los pacientes que han pasado por aquí a lo largo de nuestra historia. También a quienes me precedieron. Cada generación fue distinta, pero todas dejaron una huella.




















