Entrevista > Tomàs Verdú Luján / Autor, actor y director teatral (Alginet, València, 9-marzo-1996)
La situación de la vivienda está alcanzando cotas tan surrealistas, considera Tomàs Verdú, que a veces es preferible tomárselo con humor. Esta problemática es el eje principal de ‘Les Carcasses’, obra por la que al autor logró el Premio Ciudad de Alcoy ‘Pep Cortés’ de Teatro.
Reconoce, no obstante, que durante su etapa escolar apenas le interesaban los libros, “pese a la constante insistencia de mis padres”. Le apasionaban los cómics, que leía con voracidad, ‘Astérix y Obélix, ‘Lucky Luke’, ‘Tintín’… Ahora disfruta sobre todo de la obra de Paul Auster.
En la actualidad, además de ser comisario de las exposiciones de su padre, el artista Joan Verdú -fallecido en 2017-, ejerce de actor y director teatral. “Dedico gran parte de mi tiempo a escribir, diferentes proyectos”, confiesa.
«Si no fuera por mi padre, el artista Joan Verdú, no me dedicaría a la creación y la escritura»
¿Un gran referente fue tu padre?
Sin duda, especialmente tras su marcha, pese a nuestra excelente relación. Siempre fui conocedor de su talento artístico como dibujante y pintor, una capacidad genuina; de hecho, participé en algunas de sus obras, siendo un niño, como modelo de bodypaint.
También me facilitó muchísimas imágenes, artísticas, plásticas y de cómic, realmente me fascinaban. Si no fuera por él seguramente no me dedicaría a la creación y la escritura, me influyó muchísimo.
Formado en texto textual en la ESAD, ¿cuáles son tus trabajos más relevantes?
Destacaría ‘Parchís’, una obra con tintes postdramático que no sigue una narrativa tal cual, es más fragmentada. Plantea unos monólogos sobre temas conceptuales, por ejemplo, la imposibilidad de emanciparse joven o la maternidad a cada vez mayor edad.
En el fondo, ese momento vital entre la infancia y la madurez, tan común en los que jamás llegan a ser adultos de verdad. La escena enfrenta un tobogán -donde juegan de niño- y una nevera, que debes llenar de mayor.
¿También ‘Silla verde’?
Denominado exactamente ‘Silla verde / Cadira verda’, explica cómo es un proceso de creación escénica basado en un objeto, una silla. La escogí porque fue lo primero que vi.
Al inicio de mi trayectoria pasé una etapa de bloqueo y gracias al consejo de mi pareja me centré en esa silla, que confieso había ‘tomado’ de la ESAD. Ahora el hurto ya ha prescrito (ríe).
«Antes se deseaba una vivienda y se conseguía, ahora no se puede, por mucho que trabajes»
¿Qué te motivó para escribir ‘Les Carcasses’?
La vivienda, el gran problema actual -y el de los próximos años- de España. Quise entrar en unos terrenos oníricos, en el que realmente expongo situaciones, más que una trama en sí.
Aparecen tres compañeros de piso, de diferentes edades, a los que no he puesto nombre (son aquél, éste y ése). No son familia y comparten vivienda por una necesidad puramente económica.
Precisamente, ¿por qué carecen de nombre?
Debido a que la situación está aconteciendo en muchísimos lugares del país, por desgracia. Es tan absurdo lo que está pasando hoy en el tema de la vivienda que en la obra tuve que poner una capa -una carcasa-, que no deja de ser un juego de palabras, porque representa una ‘casa’.
Insisto, es tan surrealista lo que vivimos que he querido abordarlo desde la comedia, al menos que podamos reír.
¿El mensaje final es positivo?
No. Somos muchos los que estamos preocupados, fastidiados, dolidos… Como personas independientes podemos hacer cosas, pero este problema va más allá, es mucho más grande.
Nos dicen que si no nos auto exprimimos continuamente no llegamos, ¡y no es cierto! Antes se deseaba una vivienda y se conseguía, ahora simplemente no se puede, por muchas horas que trabajes. Por eso no debemos culpabilizarnos si compartes piso o no puedes comprarte uno.
«Es un premio que han logrado grandes autores y durante semanas tuve el síndrome del impostor»
Volvamos al certamen alcoyano, ¿fue una sorpresa vencer?
Uf, ni me lo creía, también porque ‘Les Carcasses’ es la primera obra que he enviado a concurso. Me siento muy afortunado, pues para ganar un certamen tan relevante se deben cumplir muchos requisitos, el primero agradar al jurado. Durante las siguientes semanas viví con el síndrome del impostor.
¿A qué te refieres?
Es un premio que han conquistado grandes como Juli Disla y me sentía un poco desubicado. Considero, no obstante, que mi obra puede gustar más o menos, pero con ella el público no se aburre. Una función puede lenta o contemplativa, ¡pero nunca puede ser aburrida!
De 2025 es igualmente ‘Zumo de remolacha’.
Escrita por mí, la obra está dirigida por Isabel Martí. Fue un encargo de Babel Produccions, sobre Fernando Valladares, quien en 2022 acudió -junto al grupo ‘Rebelión Científica- al Congreso de los Diputados para manifestarse sobre la cuestión del cambio climático.
‘Zumo de remolacha’ relata lo que aquel día aconteció. Para prepararla estuve en un par sus conferencias y comprobé la fuerte presencia escénica de Valladares, pese a no ser actor.



















