Durante las últimas décadas era la ‘niña bien’ de València. La calle más rica y cotizada para montar cualquier negocio. Esa vía céntrica, tanto que la Plaza del Ayuntamiento se situaba a tan solo una manzana, las sedes de los grandes bancos al doblar la esquina, el mejor teatro de la ciudad justo en frente y los museos e iglesias de abolengo en la acera de enfrente. Hablamos de la calle Poeta Querol.
Las firmas de moda internacionales alquilaron un bajo en uno de sus números. Los negocios de joyería reclamaron en uno de sus tramos un espacio. La porcelana, los bolsos, los pendientes, los zapatos…. Todo el lujo tuvo como referencia los bajos de la calle Poeta Querol. Pero ahora apenas resiste. Mucho cartel de ‘Se alquila’. La caída de la niña bien de la ciudad. La pérdida de prestigio de la última ‘milla de oro’ de València.
El poeta
Pero, ¿quién era el poeta Querol y por qué la ciudad le concedió una calle en un entorno tan privilegiado? Vicente Wenceslao Querol Campos fue un poeta valenciano del siglo XIX que escribió tanto en castellano como en valenciano. Su estilo se enmarcó en la corriente del Realismo. Nació en València, aunque falleció en Bétera.
Junto a Teodoro Llorente impulsó el renacimiento literario valenciano al iniciar los juegos florales de València (1859). En 1877 publicó el único libro poético que imprimió en vida, ‘Rimas’. Abunda en su escritura reminiscencias bíblicas y de clásicos y modernos. En los años sesenta y setenta del pasado siglo se editó gran parte de su obra.
Vicente Wenceslao Querol Campos fue un poeta que formó parte del Realismo valenciano
Supermercados y ONG
Si el caminante accede desde la prestigiosa calle de la Paz y dobla la esquina (ahora el tránsito en automóvil está restringido y obliga al giro en una calle que hasta hace no tanto era peatonal) detectará de inmediato que la que fuera ‘milla de oro’ de la ciudad ha dejado de serlo. ¿Por qué motivo? Un pequeño supermercado y acto seguido el bajo de una ONG. Hace una década este tipo de negocios eran impensable en la calle Poeta Querol.
No es esta calle de muchos portales de viviendas, en especial en sus números impares, donde tradicionalmente se han ubicado las firmas de lujo de València. En la acera de enfrente, la de los números pares, apenas queda espacio para locales comerciales dado el patrimonio que casi monopoliza este lado de la calle Poeta Querol.
En los números pares apenas hay espacio para locales comerciales dado el patrimonio cultural
Locales tapiados
El gran ‘xaflàn’ (esquina sin forma de esquina y con lados redondeados, en valenciano) que une la calle con la plaza del Patriarca, sin duda uno de los puntos más cotizados por su amplitud y por el tránsito de personas que utilizan este tramo de calle para buscar el centro literario de la ciudad y la anhelada calle Colón, no tiene dueño.
Así es, el bocado más apetecible para cualquier gran firma ya no lo quiere nadie. El punto se antoja envidiable. El espacio del local, quizá el más grande de toda la vía. No obstante, el bajo se encuentra cerrado y tapiado en todos sus ventanales arrojando una imagen ciertamente preocupante. Algo pasa.
Paneles de inmobiliarias, carteles de particulares y pintadas deslucen la antigua ‘milla de oro’
Restauración
En los tiempos en los que la calle Poeta Querol gozaba del título de ser el tramo de València con las firmas más lujosas, no había restauración más allá de la terraza del hotel situado enfrente del Marqués de Dos Aguas. Ahora ya los hay. El tipo de locales cambia. La estética de la calle, también. Y junto a un local de copas, carteles de inmobiliarias a la espera de alquilar bajos antaño cotizadísimos.
Dichos carteles de ‘Se alquila’ o ‘Disponible’ se hallan colocados en ocasiones por particulares, como los que aparecen entre los números siete y nueve. Repartidos a lo largo de unas cristaleras, los carteles se ven rodeados ya de pintadas a cargo de grafiteros que desmejoran la imagen del barrio.
La cultura, indemne
Hoy en día las sedes de algunos bancos se mantienen. Aunque pocos. Pero las grandes firmas como Loewe o Ermenegildo Zegna prefirieron trasladar sus negocios a otros emplazamientos. La crisis de principios de siglo fue una dura herida que remató el confinamiento. Por suerte los números pares de la calle Poeta Querol, con el Teatro Principal, la Iglesia San Juan de la Cruz (antiguamente iglesia parroquial de San Andrés) o el Palacio de Marqués de Dos Aguas lucen indemnes a los vaivenes económicos.
Los tiempos de los negocios cambian. Del mismo modo que en los años cincuenta del pasado siglo la antigua calle Zaragoza congregaba el mayor comercio de València hasta que las reformas urbanas para configurar la actual plaza de la Reina la neutralizaron, hoy en día el entorno del Ensanche, con las calles Sorní, Jorge Juan y Cirilo Amorós, entre otras, se han afianzado como nueva ‘milla de oro’ de València.


















