Entrevista > César Antonio Molina / Exministro de Cultura (A Coruña, 1954)
Comparte el mismo sentir que muchos expolíticos: una profunda desafección por la clase política actual y un espíritu de rebeldía contra la nueva normalidad establecida.
César Antonio Molina, exministro de Cultura del Gobierno de España de 2007 a 2009 nos habla de su nuevo ensayo ‘Insurgentes (Almuzara)’, un repaso de los autores inconformistas más importantes de la historia.
«A Miguel Hernández podríamos considerarlo un insurgente»
¿Qué tienen los autores del libro para recibir el calificativo de ‘insurgentes’?
Elegí ese grupo de personajes y sus obras porque creo que son significativos para entender nuestro mundo actual. Como profesor de la Universidad durante muchos años, me di cuenta de que los alumnos mantenían la atención en cuestiones de cada uno relacionados con nuestro panorama contemporáneo. Son repeticiones de cuestiones modernizadas de otros tiempos.
Empiezas hablando de Aristóteles, de cómo al igual que hoy en día, se promocionó a un discípulo menos astuto que él para la dirección de la Escuela de Atenas.
Sí (risas). Cuando se muere Platón, en lugar de elegirlo a él, que era el discípulo supremo, escogieron a alguien de quien desconocemos cualquier obra importante. Eso es muy contemporáneo de nosotros mismos. Además, en el tema de Aristóteles me quise fijar en el aspecto de los géneros, toda esa discusión que tenemos hoy en día.
¿De dónde nace la tendencia de promocionar a perfiles mediocres?
Creo que, por influencias, por tratar de ganarse la confianza de otras personas, por hacer favores, porque no den la lata y que cumplan sin rechistar, por envidia… Un conjunto de cuestiones que hicieron que Aristóteles se fuera de Grecia, y tantos otros, porque la historia de la antigua Grecia está llena de casos de este tipo. Es una historia que se repite constantemente.
«En política se trabaja muy poco, por eso me fui»
Dentro de esa mediocridad a veces ves personas que escriben sin leer, no haciendo caso a otro de los autores del libro, Robert Louis Stevenson, que destaca la necesidad de leer para escribir.
Hay muchos autores, en todas las épocas. Ha habido grandes escritores que han presumido de no leer, de tener originalidad. Sin embargo, la mayoría de grandes escritores han sido grandes lectores, ya que el estilo propio sólo se crea en comparación con el estilo de otros escritores y poetas. Es un horror vivir ajeno a la lectura. A mis alumnos siempre les preguntaba cuántos periódicos y libros llevaban a clase.
Esa compañía es fundamental. Es como si a un estudiante de medicina le horrorizan los cadáveres. Cada profesión tiene materiales que son fundamentales, si te es complicado convivir con esos complementos, mejor, renuncia.
En la ecuación que conforma el ensayo, hay un común denominador en los autores: su precariedad vital. Sin embargo, esas obras se revalorizan ‘post mortem’. ¿Por qué suceden estos casos?
Hay varios, como Kierkegaard, Valéry…Él era conocido, pero lo pasó mal. Tuvo que hacer actividades de lecturas para publicaciones… Kafka tenía dinero, pero le horrorizaba su trabajo y cuando pudo pidió una especie de baja por enfermedad. Hay una lista grande. La fortuna pocas veces acompaña a los escritores y artistas.
Es complicado sobrevivir dedicándose a la creación artística o literaria, a excepción de algunos casos. Esta capacidad de crear tiene un empuje, que los escritores son capaces de vivir con muy poco y dedicarse a su oficio.
Por darle un toque alicantino. ¿Crees que autores como Miguel Hernández o Gabriel Miró podrían engrosar tu rosario de insurgentes?
Miró es un gran escritor, pero era un señor de la burguesía, tenía medios y hacía una literatura moderna y contemporánea. Nunca tuvo una actividad llamativa, aunque pasó unos años difíciles.
En cuanto a Miguel Hernández, sí podríamos considerarlo un insurgente por su activismo en su tiempo. Tuvo un destacado papel que le costó la vida, fue mucho lo que apostó por defender la República. A veces cerca del marxismo, que era otro totalitarismo, pero tuvo un papel muy importante.
«Una nueva ‘Divina Comedia’ no se llegaría a terminar nunca de lo extensa que sería»
Has sido ministro del gobierno de España y profesor universitario, me están viniendo a la cabeza las palabras de Ernest Lluch en las que decía que había hecho más amigos en política que en la Universidad. ¿Cómo fue tu experiencia en el ministerio de Cultura?
Ernest Lluch fue también ministro de Cultura, pero no tenía capacidad de gestión, no era de nuestro mundo, del teatro, del arte, de la música… Lo traté, era buena persona. Yo venía del mundo de la cultura, pertenecía al propio gremio. La Universidad es complicada, los departamentos académicos son peores que los partidos políticos.
En política lo peor fue crear las juventudes de cada partido. Ahí se mete gente joven, se deja los estudios y se dedica a medrar para tener un trabajo para toda la vida. Hoy en día la política está llena de gente que sabe poco y que toman al partido como una empresa para la que trabajan por encima de su país.
¿Por qué dejaste la política?
Porque se trabaja muy poco. En el parlamento no hay mucho movimiento, sobre todo cuando perteneces a un partido político y tu labor se reduce.
Los pecados de la política… Hablando de vicios, en el libro mencionas a Dante Alighieri y su ‘Divina Comedia’. ¿Qué personajes de la actualidad deberían tener un hueco en uno de los círculos del infierno de Dante?
(Risas) No hace falta que los cite, están ahí a la vista de todos. Esta política autoritaria trata de gobernar al margen de los principios esenciales de la democracia, que son la separación de poderes y la participación del parlamento. Hoy una nueva ‘Divina Comedia’ no se llegaría a terminar nunca de lo extensa que sería.

















