Se trata nada más que de un pequeño insecto americano, de entre 0,3 y 1,4 milímetros en los machos y entre dos y tres las hembras aladas. Pero capaz de causar, la filoxera (‘Daktulosphaira vitifoliae’), una crisis nacional en la vecina Francia a finales del XIX. Hacia 1886, cuando se inaugura la alicantina calle del Sol, primer vial de la barriada de Carolinas, el asunto casi estaba peliagudo allí.
Casi toda la zona del Languedoc se había revelado, mientras que los vinos españoles, especialmente los riojanos, comenzaron a subir enteros en exportaciones. Irónicamente, España salía de su propia epidemia de filoxera, en la década de 1870, al importar pies de vid americanos (habíamos llevado el cultivo allá). Por los birlibirloques históricos, esto iba a enriquecer también barrialmente a la ciudad de Alicante.
Filoxera catalizadora
Repasando los datos poblacionales de la urbe, vemos que pasamos de los 35.551 habitantes de 1860 a los 40.916 de 1887. Con el fuerte movimiento emigratorio (emigrar: salir; inmigrar: entrar) de la época, sobre todo hacia Argelia, así como la alta mortalidad, queda bien implícito esta riada humana francesa a una ciudad cuya huerta solidificada con productos como el vino fondillón.
Incluso un barrio como Altozano (hoy Altozano-Conde Lumiares, el del Hospital General) nacería, a principios del XX, como residencial para una burguesía alimentada con las ganancias de, entre otros, el fondillón. Ahora el antiguo ‘enemigo’ (en 1691 los franceses bombardearon brutalmente, desde el mar, la ciudad) se sumaba al crecimiento urbano por los arrabales.
Zonas como Altozano nacerían gracias a la burguesía del fondillón
Como lejanos indianos
Iba a crecer Alicante capital, especialmente derribarse las murallas, sentenciadas tras la sesión municipal del 13 de julio de 1858. Acogiéndose además a entonces novísimas ideas urbanísticas, aunque sin un modelo unitario, lo que no dejó de plantar incongruencias paisajísticas en el callejero. Se trataba de seguir adelante, al principio desde ideas higienistas, con arboleda en aceras y parques.
No sorprende así que a Carolinas (hoy Carolinas Altas y también Bajas, a las que se añadió con el tiempo el Pla del Bon Repós, El Pla) se le llamase así por su semejanza, ideas higienistas mediante, con la idealizada vida de los colonos de las islas Carolinas, en pleno océano Pacífico. Dichas ideas iban a triunfar al sur urbano, en barrios como Benalúa (1884), y al norte.
Uno de los primeros proyectos españoles de este tipo fue el alicantino
Utopías con parterre
Alicante se iba a apuntar muy pronto al concepto de la ‘ciudad-jardín’, promovido, allá por Extranjería, por un ‘planificador urbano’ británico, Ebenezer Howard (1850-1928), hijo de panadero que enfocó sus proyectos a las clases media y trabajadora. Más que barriadas dormitorio, Howard pretendía ciudades integrales, aunque lo primero despuntó.
En el fondo, su Letchworth Garden City (1903) es una de las pocas materializaciones tal cual de sus en principio utopías. Como barriadas al principio o al final elitistas iban a resultar otras. Uno de los primeros proyectos españoles fue la Ciudad Jardín de Madrid (1910-1915), y otro, a finales de los años veinte, la de Alicante, principalmente gracias a los trazos del arquitecto y urbanista alicantino Francisco Fajardo Guardiola (1878-1939).
Los constructores, saltándose indicaciones, decidieron abaratar costes
Prestigiosos trazos
Había algunas traiciones a las utopías de Howard en esta, de todas formas, finalmente hermosa barriada al lado derecho de la avenida de Novelda (en dirección a Sant Vicent), que aprovechaba la ya existencia de algunos caserones construidos por una burguesía anhelante de refresco veraniego.
No se trataba de una ciudad propiamente dicha, pero iba a conformar un precedente (al que finalmente llegaron los pareados) de muchas áreas residenciales actuales, con parcelas con vivienda y jardín propio.
Con miras más humildes, poblacionalmente, que la Ciudad-Jardín del General Marvá (llamada en realidad así por uno de sus principales impulsores, el ingeniero y militar alicantino José Marvá y Mayer, 1846-1937, fundador de la española Inspección del Trabajo), se creaba la -era su nombre oficial- barriada de Francisco Franco, popularmente ‘las Mil Viviendas’, de nuevo diseñada, en 1956, con muy prestigiosos trazos, los de Francisco Muñoz Llorens (1920-2005).
Degradación y reforma
Sobre el papel y también a primera vista, esta zona, cercana hoy al parque Lo Morant y al Hospital General, resultaba deliciosa: viviendas para varias familias con calles arboladas, fachadas con parterres, placetas y avenidas ajardinadas. Flora variada también en los accesos a las porterías. Por desgracia, no toda la población trató con respeto el patrimonio (te hablan, antiguos vecinos, de grifos vendidos o burros en las casas).
Encima, los constructores, saltándose indicaciones, se decidieron por abaratar costes a lo bestia. ¿Qué podía salir mal? El barrio y alrededores (como Cuatrocientas Viviendas y Virgen del Remedio, ya de los sesenta-setenta) se degradaron en modo ráfaga y a partir de 1990 hubo que reformar casi toda el área.
Se le cambió el nombre oficial a Virgen del Carmen. Para la gente, continuaban siendo las Mil Viviendas, parte de unos sueños de otro Alicante, amasado en utopías de una época.
















