Entrevista > Joan Negre / Ex arqueólogo municipal y científico titular del CSIC (Gandia, 7-enero-1984)
A sus 42 años, el gandiense Joan Negre es doctor en Historia por la Universitat Autònoma de Barcelona, está especializado en arqueología medieval islámica y gestión del patrimonio y tiene una brillante trayectoria a sus espaldas.
Hasta hace poco, estaba al frente del Museo Arqueológico de Gandia (MAGa) y el Servicio Municipal de Arqueología, desde donde impulsó proyectos de excavación y conservación del patrimonio local durante seis años. Además, en 2023 comenzó a dirigir el Centro de Estudios e Investigaciones Comarcales de la Safor, ‘Alfons el Vell’.
Tras mucho esfuerzo, ha llegado hasta lo más alto de su carrera: una plaza como científico titular en la Escuela de Estudios Árabes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la institución nacional más importante del sector. Ahora, hace las maletas para irse a Granada, pero deja Gandia con la satisfacción de quien ha hecho las cosas bien.
¿Cómo definirías todo el camino que has recorrido hasta convertirte en científico titular de la Escuela de Estudios Árabes?
Ha sido bastante complejo. Durante la carrera, me imaginaba teniendo una vida muy canónica. Acabando el grado, haciendo un máster y el doctorado, formándome un tiempo en el extranjero y volviendo para dedicarme al mundo de la investigación. Sin embargo, a veces te topas con posibilidades que nunca te habías planteado, pero te atraen.
Después de hacer la tesis doctoral conseguí un contrato de investigación en Argentina. Fue un cambio radical, pero estuve allí tres años aprendiendo mucho. Luego volví a casa y dio la casualidad de que el arqueólogo municipal acababa de jubilarse. Fue como una señal para trabajar en mi ciudad y me presenté, aunque eso supuso renunciar a la carrera científica.
Entonces, nunca llegaste a pensar que volverías a ese camino, ¿verdad?
Creía que ya había abandonado esa posibilidad, pero en 2024 se abrieron cinco plazas de arqueólogo en el CSIC para toda España y me presenté. Me quedé a las puertas, pero me di cuenta de que todavía tenía la capacidad de conseguirlo.
Hace poco más de un año se volvió a convocar otra oposición para plazas de investigadores del CSIC, y una de ellas era sobre patrimonio edificado islámico medieval, que es mi especialidad. Lo vi como una oportunidad para intentar llegar a lo máximo a lo que podía aspirar a nivel profesional. Di el paso y, tras mucho esfuerzo, lo logré.
«A veces te topas con posibilidades que nunca te habías planteado, pero te atraen»
¿Por qué decidiste especializarte en esta área?
Este interés nace de la importancia que la cultura islámica y árabe tuvo en la conformación de la realidad histórica y tradicional valenciana. Cuando estudiaba, me llamaba mucho la atención el mundo visigodo, pero Al-Ándalus siempre fue mi primera opción.
Nunca me he arrepentido de mi decisión porque es una fuente inagotable de proyectos en toda la Península Ibérica, el norte de África y el Próximo Oriente.
Ahora que estás en el CSIC, ¿a qué te dedicarás?
Hay mucha libertad para decidir qué vías de investigación vas a trabajar durante tu vida científica y profesional. En la Escuela de Estudios Árabes, una de las líneas de trabajo principales es la arquitectura y la arqueología islámica, así como el estudio comparado de Al-Ándalus con otros lugares del Mediterráneo.
Por eso, continuaré orientándome hacia el estudio del patrimonio arquitectónico, dónde tienen cabida tanto las construcciones religiosas, como las palatinas, las fortificadas o incluso las domésticas. Recientemente he trabajado sobre el origen de las mezquitas, su surgimiento y difusión por el Mediterráneo, especialmente por Al-Ándalus, y su papel social, cultural, económico y religioso en la sociedad islámica.
«El patrimonio es uno de los elementos que diferencia a Gandia de otros sitios»
¿Crees que la profesión de los arqueólogos está lo suficientemente valorada?
Tiene cada vez más relevancia, pero siempre ha estado envuelta de cierta leyenda negra por obstaculizar obras o proyectos. La gente debe entender que no pretendemos dificultar nada. En realidad, velamos por proteger el patrimonio, que es propiedad de todos. Los hallazgos son una fuente de recursos culturales que hay que poner en valor.
¿Qué piensas sobre los creadores de contenido que son arqueólogos y hablan de su trabajo en Internet?
Cumplen un papel fundamental porque están utilizando las redes sociales para dar a conocer nuestro oficio de una forma mucho más directa que antes. Desde el MAGa abrimos cuentas en Facebook e Instagram para mostrar toda la labor que se hace a diario con un formato ligero. Al final, es una manera de despertar la curiosidad.
Tras cerrar tu etapa como arqueólogo municipal y director del MAGa, ¿dejas atrás algo que estuviese pendiente?
Los proyectos arqueológicos duran mucho tiempo, de modo que algunos, como la restauración del castillo de Bairén o la Torre dels Pares, van a seguir ahí durante bastantes años. Si hay algo que me ha dejado una espina clavada es la creación del Museo de la Villa de Gandia, una iniciativa que no he podido llegar a ver realizada.
«La profesión ocupa gran parte de nuestra vida y debe hacernos felices»
Pese a ello, ¿dirías que te vas con buenas sensaciones?
Sí. Conseguimos poner en marcha un museo que era prácticamente inexistente cuando llegué y multiplicamos por cuatro las visitas a los elementos patrimoniales de la ciudad. Hemos hecho una tarea de divulgación muy importante y espero que continue desarrollándose igual de bien, dado que el patrimonio es uno de los elementos que nos diferencia del resto de ciudades.
Emocionalmente, ¿cómo has vivido esta transición?
Cambiar de trabajo siempre es difícil. Debes conocerte, aprender a conciliar la vida personal y profesional, etc. Tengo muy claro que lo más importante es la familia y la gente cercana. La carrera es muy bonita y relevante, pero siempre debe estar en un segundo plano respecto a los seres queridos.
Para acabar, ¿qué recomendación darías a las personas que quieren empezar su camino en la arqueología?
Mi consejo es que estudien lo que realmente les gusta, sin pensar tanto en las salidas o en el futuro laboral. Al final, la profesión ocupa prácticamente un tercio de nuestra vida y debe llenarnos y hacernos felices. No compensa escoger un camino únicamente porque da dinero o tiene una amplia oferta laboral si después no eres feliz recorriéndolo.




















