Durante casi cuarenta años la calle Sant Ramón, en el Raval de Gandia, ha acumulado historias y acogido a miles de personas de la comarca. Allí donde antes se hacían muebles nació el Teatro del Raval, un verdadero símbolo de resistencia cultural que nada tiene que ver con su origen fabril.
Este espacio no nació como una gran infraestructura cultural, sino como una apuesta artesanal, construida con esfuerzo, convicción y una idea clara: hacer que el arte dramático fuese algo accesible para todo el mundo.
La fábrica reconvertida en escenario
Su origen está íntimamente ligado al de Pluja Teatre, compañía valenciana fundada en los años setenta y especializada en el teatro infantil, educativo y social. En 1986, el grupo adquirió un pequeño edificio industrial para transformarlo en su sede. Con el paso de los años, aquel espacio se convirtió en el Teatre del Raval.
En 1995 se puso en marcha una ampliación clave que consolidó el inmueble tal como se conoce hoy: equipado con un escenario, una sala con doscientas butacas, camerinos y un espacio formativo en el que se imparten clases de música y teatro.
Desde entonces, se convirtió en un referente comarcal, especialmente gracias a las campañas escolares que acercaron el teatro a generaciones enteras de niños de la Safor. Aunque en el año 2000 el teatro abrió su programación a los adultos, su especialidad siempre ha sido acercar esta importante disciplina al público más pequeño.
Su origen está íntimamente ligado al de la compañía valenciana Pluja Teatre
2013: el año del silencio
Durante los años previos a 2013, el Teatre del Raval vivía una etapa de relativa estabilidad artística. Sin embargo, como ocurrió con muchas iniciativas culturales independientes, la crisis económica y los recortes pusieron en jaque su viabilidad. Así pues, la subida de los impuestos y los retrasos en los pagos institucionales terminaron por generar una situación insostenible.
Superado por las circunstancias, Pluja Teatre anunció el cierre, no solo de la formación, sino también del local, hecho que sentó como un jarro de agua fría a la población. Tras más de dos décadas de actividad continuada, no pudo seguir afrontando las pérdidas económicas ni la falta de respaldo por parte de la administración pública.
“Al cerrar el teatro sentimos mucha impotencia, rabia y pena. Durante los años que lo llevamos hubo una buena programación y colaboramos con muchos colectivos”, recuerda la exintegrante de Pluja Teatre, Maria Josep Gonga.
“Lo único que puede desterrarse poco a poco es la ignorancia y las armas para conseguirlo son la educación y la cultura. El gobierno local de entonces quiso que no las tuviésemos, pero nunca renunciaremos a ellas”, señala indignada.
En 2013 tuvo que cerrar sus puertas debido a una situación insostenible
Comienzo de una nueva era
Cuando todo parecía perdido, el proyecto cultural de La Casa Calba asumió la dirección del teatro, que lleva ya once años funcionando bajo la gerencia de Isabel Cogollos. El silencio del edificio fue, paradójicamente, el inicio de una nueva etapa. “Los economistas nos dijeron que iba a ser complicado, pero no inviable. Se nos comentó que era una zona muy propicia a la cultura, afirmación que, en aquel momento, estaba un poco adornada. Nosotros, incautos, hicimos caso y al final no nos ha ido mal”, expresa.
Así pues, a partir de 2014 la iniciativa asumió la gestión del teatro con la voluntad explícita de reabrirlo y recuperar la actividad sin borrar su memoria. “Nosotros solo queríamos mantener el espacio, conservarlo. En ese sentido estamos muy orgullosos de haber llegado hasta aquí”, explica Cogollos.
Bajo la nueva gestión, el lugar ha continuado fomentando la línea educativa de antaño con proyectos como el ‘Sona Baixet Fest’, el ‘RRRR: Festival d’Art i Reciclatge’ y la campaña escolar, iniciativas que promueven la creatividad, la conciencia ambiental y la cultura de proximidad. “Quisimos seguir apostando por este tipo de valores y por las iniciativas hechas en nuestra lengua. Estamos abiertos a las propuestas de otras zonas, pero, al final, lo que tenemos más cerca es el contenido en valenciano”, menciona.
Comenta, además, que consideran importante continuar enfocando la mayor parte de programación en la infancia y la juventud porque “esta es la única oportunidad que tienen muchos niños y niñas de acercarse al teatro”.
Hoy en día el centro está en la última fase de su proyecto de eco-rehabilitación
Espacio respetuoso con el medioambiente
Hoy, el Teatro del Raval no solo programa espectáculos: también se esfuerza por tener un espacio sostenible y respetuoso con el medio ambiente. Prueba de ello es su proyecto de eco-rehabilitación, que pretende conseguir la mejora energética del edificio mediante la instalación de placas solares y utilizando materiales ecológicos para reducir, así, la huella de carbono.
Además, también tiene como objetivo impulsar la transición ecológica y la innovación del lugar optimizando la accesibilidad del edificio, reordenando sus espacios y abriendo un patio central ajardinado y expuesto a la luz natural.
“Conseguimos comenzar este proyecto gracias a unos fondos europeos, aunque nosotros ya habíamos hecho alguna remodelación. Ahora, estamos pendientes de saber si podemos conseguir la financiación necesaria, pero solo nos queda terminar la última fase”, dice la gerente.
Sobre la colaboración ciudadana
Ahora, la intención es que la gente de Gandia y de la Safor vea este teatro como un referente cultural que colabora con diferentes entidades cívicas de la ciudad. “Tenemos convenios con la Asociación de Jubilados y Pensionistas de la Safor; Ca Saforaui; Espurna, etc. Queremos que sea un espacio abierto a los distintos colectivos de la ciudad”, puntualiza Cogollos.




















