Entrevista > Mensi Romero / Actriz teatral (Petrer, 26-julio-1961)
Carmen Romero, Mensi para todos en Petrer, concibe la vida desde una alegría que desborda. Su sonrisa, en este sentido, es contagiosa, aunque también es una persona tímida, humilde: “no me considero actriz y tras la función prefiero desaparecer”, nos avanza.
Desmentimos esa afirmación de que no es actriz, porque evidencia lo contrario en cada función. Se inició con veinte años en ‘El Arenal’, compañía ya desaparecida, el germen de lo que tiempo después es ‘Sense Barreres Teatre’, grupo teatral con el que sigue demostrando su talento.
“Ahora estamos en un pequeño parón”, remarca, tras el éxito de ‘Los Palomos, el crimen perfecto’ y ‘No te vistas para cenar’. Están, apunta, a la espera de retomar la actividad en los próximos meses, pues tardan una media de un año en preparar una nueva obra.
¿Cuándo y de qué modo te enamora el teatro?
Realmente ni lo sé, pero es verdad que de pequeña ya mostraba una enorme facilidad para leer textos, les daba la entonación adecuada. Conocía a varios componentes de la extinta compañía ‘El Club de la Juventud’ y me anunciaron que iban a crear otro grupo, de nombre ‘El Arenal’.
¿Fue un punto de inflexión para ti?
Me incorporé a la compañía, con la suerte que la mayoría de los papeles protagónicos eran para mí. Debuté con ‘Un señor de horca y cuchillo’, seguido de ‘En la ardiente oscuridad’, ‘Casa de huéspedes’ o ‘Los árboles mueren de pie’. Gustaban especialmente nuestros decorados, además de la música.
Una de mis mejores interpretaciones llegó con Adela, de ‘La casa de Bernarda Alba’.
¿Te fijabas en alguien especial?
Me fascinaba ‘Estudio 1’, programa de TVE que se emitió entre 1965 y 1984. Veía embobada las actuaciones de María Luisa Merlo, Mª José Goyanes, Lola Herrera, Concha Velasco…
«Me fascinaba ‘Estudio 1’ de TVE, veía embobada las actuaciones de María Luisa Merlo, Lola Herrera, Concha Velasco…»
¿Por qué te desvinculaste un poco de la escena?
Debido al nacimiento mi primer hijo, Borja, en 1988. Tuve un segundo (Santiago) y unos años más tarde nos volvió a unir ‘La Rendició’, obra -dividida en dos partes- de la reconquista de Petrer por parte de Jaume I. Hago de Blanca.
Para hacerla nos reuníamos una vez al año, pues se representa en noviembre, y muchos nos quedábamos con ganas de más. En 2019 se tomó la decisión de fundar una nueva compañía, ‘Sense Barreres Teatre’; nuestra primera obra fue la divertida ‘Por delante y por detrás’.
¿Cuál es tu relación con el resto de compañeros?
Son mi familia, es una complicidad especial, muy bonita, sin egos. Nadie se cree más que otro: a Dani Montesinos, por ejemplo, le quiero a rabiar, igualmente al resto. Nos hemos reído hasta la extenuación, nos han pasado miles de anécdotas, el público ha disfrutado tanto…
No obstante, confieso que cuando acaba la obra no me gusta saludar a nadie, vuelvo a ser Mensi.
¿Y si insisten en hablar contigo?
Ciertamente me da muchísimo pudor. Sí disfruto cuando en el escenario recibimos los aplausos, es un momento que no se puede explicar.
«Es pisar el escenario, soltar la frase inicial y todo viene rodado, ¡como si estuviera volando en una nube!»
¿Aprecias el teatro como una actividad terapéutica?
Por supuesto. A mí me ha salvado o subido el estado de ánimo muchísimas veces, sin ir más lejos cuando falleció mi madre, en febrero de 2024. Nos despedimos de ella un jueves y el sábado estaba interpretando ‘Los Palomos’; fueron unos días muy difíciles.
En el fondo sois de otra pasta.
Es algo que no se puede expresar. En ocasiones se lo comento a mi marido, la persona que más me conoce, y me responde que no me comprende.
¿Subida en las tablas sientes algo único?
¡No sé ni dónde estoy! Me olvido totalmente de todo, aunque los minutos horribles que pasó antes no se los deseo a nadie (ríe). En esos instantes siempre me digo, histérica: ¿quién me manda meterme en este jaleo?
«Soy una actriz perezosa, poco obediente; me cuesta mucho acatar órdenes, porque lo veo de otra manera»
¿Sufres incluso el síndrome del impostor?
Uf, es algo complicado de narrar: me pondría a chillar, me iría a casa, el texto se me olvida, porque además habitualmente soy una de las primeras en salir. Pero es pisar el escenario, soltar la frase inicial y todo viene rodado, ¡como si estuviera volando en una nube!
¿Eres una actriz que obedece a la directora?
No mucho (ríe). Sobre todo soy una actriz perezosa, poco obediente; me cuesta mucho acatar órdenes, porque lo veo de otra manera. Al final tengo que hacer lo que me dice Carmen Tere -nuestra directora-, pese a que me fastidia muchísimo.
Claro que hay rangos, como en otros muchos aspectos de la vida, y debo aguantarme, no hay más remedio.
¿Tanto se te nota la molestia?
En ‘No te vistas para cenar’ hago el papel de enfadada. Pues en ocasiones casi ni tenía que interpretar, del cabreo que llevaba (ríe).





















