Entrevista > Enrique Rivas / Director de Laboratorios ‘Eurofins’ (Beneixama, Alicante, 11-marzo-1977)
Hoy en día, las falsificaciones en el sector textil se han convertido en uno de los fraudes industriales más extendidos, y detectarlas exige mucho más que una simple inspección visual. Los análisis se apoyan en un enfoque técnico completo, que combina el estudio de materiales, ensayos químicos y pruebas de comportamiento físico.
Desde Elche, los laboratorios ‘Eurofins’ trabajan para empresas españolas e internacionales con treinta laboratorios repartidos por el mundo, y contrastan lo que promete la etiqueta, con lo que realmente ofrece la prenda. Cuando aparecen incoherencias, fibras de menor calidad, cueros sintéticos disfrazados de naturales, polímeros distintos a los declarados, adhesivos inadecuados o resultados químicos y mecánicos fuera de norma, se encienden todas las alarmas.
Descubrir fallos en resistencia y calidad en el calzado, es otro de los motivos de análisis de este laboratorio. En los ensayos, las diferencias entre el calzado producido en Elche y el importado, sobre todo el de bajo coste, suelen hacerse visibles muy rápido.
Para que nos explique un poco más de su trabajo hablamos con Enrique Rivas, director de laboratorio de ‘Eurofins’.
A simple vista, una prenda puede parecer auténtica. ¿Qué métodos emplean las firmas para intentar evitar falsificaciones?
Sí, a simple vista claro. Algunas marcas, ante la dificultad de detectar las falsificaciones añaden marcadores químicos, de ADN, hilos marcados, etc. Estos van ocultos y no se pueden detectar sin análisis de laboratorios específicos.
Con estos marcadores, el laboratorio y la marca son capaces de diferenciar el original de la copia rápidamente. La autenticidad definitiva la da la propia marca, pero el laboratorio aporta un valor clave: datos objetivos y pruebas verificables.
¿Qué sustancias tóxicas o posiblemente cancerígenas encuentran con mayor frecuencia en los análisis de tejidos y calzado?
Hay varias sustancias que suelen aparecer con cierta frecuencia, sobre todo en productos de fabricación poco controlada. Entre ellas están el cromo VI en cueros mal tratados, aminas aromáticas procedentes de colorantes prohibidos, ftalatos en plásticos flexibles y metales pesados en tintes o adornos. Incluso fluoro carbonos, utilizados para dar acabados repelentes a las manchas.
«Hay sustancias peligrosas que suelen aparecer en fabricaciones poco controladas»
El papel del laboratorio parece fundamental en estos casos
Sin duda. La presencia de estas sustancias tiene un origen común: procesos de fabricación donde no se supervisa bien la química empleada, o materiales procedentes de proveedores sin trazabilidad. Cuando una marca es responsable, establece controles y realiza ensayos previos, este tipo de sustancias rara vez aparecen.
Por eso insistimos tanto en el papel del laboratorio, ya que permite detectar problemas antes de que lleguen al consumidor.
¿Ante cualquier riesgo, que nos aconseja que debemos tener en cuenta?
Cuando compramos ropa, lo más sensato es fijarnos en que venga bien etiquetada: qué materiales lleva, de dónde viene y quién responde por ella. Esa información, aunque parezca un detalle menor, es lo que nos permite saber si estamos ante un producto fiable.
También viene bien lavar las prendas antes de estrenarlas. No hace milagros, pero sí ayuda a reducir restos superficiales de tintes o químicos del proceso de fabricación.
Al final, la mayor tranquilidad la dan las marcas y fabricantes que trabajan con controles de calidad serios y que someten sus productos a ensayos reales, no solo a promesas en la etiqueta. La mayoría de las marcas responsables, publican su Restricted Substance List (RSL) en sus webs.
«La calidad del calzado fabricado en Elche es históricamente elevada»
¿Cómo ha evolucionado el nivel de sofisticación de las falsificaciones en los últimos años?
En los últimos años las falsificaciones han dado un salto evidente en lo estético. Imitan logotipos, patrones y acabados con una precisión que hace una década habría parecido exagerada. Sin embargo, esa sofisticación sigue siendo superficial.
Cuando se analiza el producto más allá de la primera impresión, afloran las carencias: materiales que no cumplen especificaciones, procesos de fabricación inconsistentes y prestaciones que no se acercan a las de un original bien desarrollado.
¿Cuál es el papel de la tecnología en su detección?
Ahí es donde la tecnología se ha vuelto decisiva. Los laboratorios trabajamos con técnicas que van mucho más allá de mirar una etiqueta o tocar una tela: espectroscopía para identificar composiciones químicas, análisis de huellas de fabricación, pruebas de rendimiento que revelan si un material ha pasado por procesos industriales controlados, y por supuesto, los trazadores químicos o de ADN invisibles. Estos últimos, son imposibles de falsificar.
En resumen, el ‘engaño’ se ha vuelto más convincente a simple vista, pero la distancia real entre un producto auténtico y una copia sigue estando en la ingeniería y en el control de calidad, y ahí la tecnología actúa como un filtro que no perdona.
«El papel del laboratorio es detectar problemas antes de que lleguen al consumidor»
¿Qué fallos de seguridad o resistencia son más habituales en el calzado que no cumple con las normativas internacionales?
En el calzado que no pasa por los estándares internacionales suelen repetirse los mismos puntos débiles. El primero es casi un clásico, una adhesión deficiente entre el corte y la suela, que acaba traducida en despegues prematuros incluso con un uso moderado. A eso se suma una resistencia a la abrasión muy por debajo de lo esperado, lo que hace que las zonas de mayor roce se desgasten a una velocidad que delata la falta de control en los materiales.
¿Y la durabilidad?
También es frecuente que los compuestos como, espumas, recubrimientos, pieles sintéticas etc. se degraden antes de tiempo, ya sea por formulaciones pobres o por procesos de curado insuficientes. Y cuando se somete el calzado a ciclos de flexión repetida, otro punto crítico, aparecen grietas, roturas o deformaciones que un producto bien fabricado debería soportar sin inmutarse.
Todo esto no es solo una cuestión de durabilidad. Un zapato que falla estructuralmente compromete la estabilidad, la tracción y, en definitiva, la seguridad del usuario.
«Validar técnicamente el calzado refuerza la reputación del sector»
A nivel internacional, ¿qué diferencias observa entre países, en cuanto a cumplimiento de regulaciones en productos textiles y calzado?
A escala internacional, el mapa regulatorio es cualquier cosa menos homogénea. En Europa, por ejemplo, el listón está especialmente alto: normativas estrictas, controles químicos y mecánicos muy definidos y una cultura de cumplimiento que obliga a los fabricantes a tomarse en serio cada etapa del proceso. No es casualidad que muchos estándares globales tomen como referencia lo que se exige en el mercado europeo.
Por otro lado, hay países con marcos regulatorios más flexibles o con sistemas de inspección que funcionan de manera irregular en lo que compran.
Sus informes de laboratorio en decisiones legales, ¿qué impacto tienen?
Los informes de laboratorio no son simples documentos anexos, suelen ser el punto de apoyo sobre el que se toman decisiones con mucho peso.
Cuando un análisis detecta incumplimientos, ese informe se convierte en la base técnica para ordenar retiradas de producto, exigir acciones correctivas o resolver reclamaciones entre fabricantes, distribuidores y clientes. En escenarios más serios, puede incluso sostener procedimientos judiciales o derivar en sanciones administrativas.
«Viene bien lavar las prendas antes de estrenarlas»
Elche es uno de los mayores puntos zapateros de España, desde su experiencia, ¿cómo ha cambiado la calidad del calzado fabricado en esta zona?
La calidad del calzado fabricado en la zona de Elche ha sido históricamente elevada, ya que la mayoría de las empresas locales han contado tradicionalmente con un sólido conocimiento industrial, un alto nivel de especialización y una fuerte orientación a la calidad del producto.
En los últimos años, esta base ya consolidada se ha visto reforzada por una mayor profesionalización de los procesos y un posicionamiento en mercados nacionales e internacionales de alto valor.
¿Cuáles son las diferencias que detectan en sus laboratorios entre el calzado producido localmente en Elche y el calzado importado en términos de materiales, seguridad y resistencia?
En los ensayos de laboratorio, las diferencias entre el calzado producido en Elche y el importado, sobre todo el de bajo coste, suelen hacerse visibles muy rápido. El producto local tiende a mostrar una mayor coherencia en la selección de materiales y en la forma en que están ensamblados.
Pero en cambio, en el calzado importado de gama económica aparecen patrones que se repiten: adhesiones débiles entre corte y suela, compuestos que se degradan antes de tiempo y variaciones notables entre lotes que delatan una falta de control en la producción. A esto se suma un mayor riesgo de encontrar sustancias no permitidas o por encima de los límites.
«Un zapato que falla estructuralmente compromete la estabilidad y la seguridad del usuario»
¿Qué mensaje lanzaría a los consumidores sobre la importancia de apostar por calzado seguro, certificado y de calidad, en un mercado cada vez más globalizado?
En un mercado donde el calzado de cualquier parte del mundo compite en la misma estantería, la calidad ya no es un ‘extra’, es el idioma común para ganarse la confianza. Para los consumidores, apostar por productos seguros, certificados y sometidos a ensayos reales significa proteger su salud, su bolsillo y su experiencia de uso. No es solo comprar un zapato, es elegir un producto cuya fiabilidad está demostrada, no prometida.
¿Y a los fabricantes?
Para los fabricantes de calzado, la ecuación es igual de clara. Validar técnicamente el calzado no solo reduce riesgos comerciales y legales, también refuerza la reputación del sector y lo posiciona como un referente frente a mercados donde el control es más laxo. En un entorno globalizado, la diferencia la marca quien puede demostrar, con datos y no con discursos, que su producto cumple.




















