Entrevista > Adam Enrique García / Actor (Alcoy, 23-febrero-1994)
Como muchos otros jóvenes, Adam Enrique comenzó a despuntar en el teatro escolar, “en las numerosas funciones que celebré en Los Salesianos de mi Alcoy natal”. Lejos de contentarse, quiso formarse y mejorar, para perseguir su sueño.
Dos films le marcaron especialmente esos primeros años de vida. Por un lado ‘La vida es bella’ (1997), de Roberto Begnini, “por la manera cómo relata una historia tan trágica, en un tono de comedia”, y por otro, ‘El truco final’ (2006), dirigida por Christopher Nolan.
Debutó en la compañía ‘A mordiscos’, con una obra homónima -un musical-, trampolín hacia cotas mayores. Lo está consiguiendo, como demuestra su reestreno en València de la divertida ‘Bajo terapia’ o con ‘Menuda tribu, en el Principal de Alcoy la primera semana de febrero.
¿Los nervios de tus primeros años se mantienen?
Por supuesto, sobre todo en proyectos más ambiciosos, los que estoy desarrollando ahora, o los que se salen un poco de mi rango. Se sienten nervios, al menos durante las funciones iniciales; una vez la tienes dominada, vas más suelto.
¿Tenías clara tu vocación o había un Plan B?
Siempre. Recuerdo ‘jugar’ de pequeño a ser el protagonista de las películas, por ejemplo ‘El señor de los anillos’ (2001); a muchos les fascinaba Frodo Bolsón, yo prefería el papel de Legolas (Orlando Bloom) o Aragorn (Viggo Mortensen).
También me apasionaba ‘Piratas del Caribe’ (2003), escogiendo entonces al simpático pirata Jack Sparrow (Johnny Depp).
«De pequeño ‘jugaba’ a ser Legolas o Aragorn de la saga de ‘El señor de los anillos’»
¿Había referentes actorales en la familia?
Realmente no, aunque mi padre (Emilio Enrique) ejerció durante muchos años como Embajador en las fiestas de Moros y Cristianos de Benilloba, el pueblo originario de mi abuelo.
¿Cuáles han sido tus trabajos más relevantes?
Destacaría la obra ‘El paciente 56’, centrada en un demente -ingresado en un psiquiátrico- que no sabe dónde está. Una profesional le hace preguntas, porque él muestra una enorme desubicación y comienza seguidamente a tener interacciones con el resto de internos. Descubre de este modo cómo es su vida en realidad.
A nivel audiovisual, junto a Jordi Peidro (hijo) grabamos ‘Los cuentos de Candyland’, una miniserie que finalmente no vio la luz. Una pena porque mi personaje era el antagonista; aparecía en el segundo y cuarto capítulo.
¿Un proyecto más que se ‘cae’?
Es muy habitual en el sector. Únicamente se llegó a montar el ‘teaser’ -breve recurso de unos veinte o treinta segundos- del primer episodio. Se puede visionar en YouTube.
«La cámara te inmortaliza, no como el teatro, mucho más efímero; queda para siempre»
Dices en redes que eres un actor sin verdad.
Se refiere a mi mantra, una historia que me sucedió hace unos años. Sin representante, una escuela me aseguró que me ayudaría en ese sentido; fui a hacer una prueba, una primera toma de contacto, en Mutxamel, en la que me pedían estar triste, riéndome o mostrar enfado.
Al finalizar el casting me dijeron “te falta verdad”, precisas apuntarte a alguno de nuestros cursos, que comienzan en septiembre, ¡y era febrero!
¿Qué sientes cuando gritan ¡acción!?
Una adrenalina enorme, porque la cámara inmortaliza todo lo que graba, no como el teatro, que es mucho más efímero; el cine queda para siempre. Me fijo en el compañero, le miro a los ojos y busco disfrutar de cada escena.
Recientemente has colaborado con ‘Spam 2’.
Continuación de la saga de Víctor Nácher y Esaú Pastor (‘Bloodspot Films’), protagonizada por Óscar Francés. El día de rodaje fue caótico para mí, pues venía de una premier en Madrid y una prueba de peluquería para una serie en València.
Viajé a Alcoy, casi sin descanso -me afeité incluso en el coche- y directamente comenzamos a grabar, alrededor de las 19:30 horas.
«Estoy en un buen momento, aunque reconozco que me falta muchísimo por aprender»
¿Tu papel en la trama cuál es?
Hago de reportero, al que le han destinado al lugar de los hechos, allí donde se han producido los experimentos. Se acaba contagiando y lo primero que hace es matar al cámara (ríe).
La experiencia de trabajar con dos cinéfilos debe ser un gustazo.
Saben perfectamente qué quieren, poseen mucho bagaje y experiencia. Tienen la capacidad de ver infinidad de películas al mes, son habituales en el Festival de Sitges (Barcelona)…
Muchas veces ser profesional no implica vivir de esto, sino llegar a tiempo, tener las cosas claras, mostrar respeto hacia los compañeros y estar a gusto durante todo el rodaje. Ellos lo logran de sobras.
¿Acabas de repetir éxito con una obra?
‘Bajo terapia’, en el Teatro Carolina de València. Es una comedia dinámica en la que tres parejas de diferentes edades acuden a una terapia grupal, evidenciando cómo de distinto ven el mundo. Gustó mucho, igual que lo hizo antes en Madrid, Alcoy y nuevamente València.
Estoy en un muy buen momento, disfrutando de todas las oportunidades que me brindan, aunque reconozco que me falta muchísimo por aprender, seguir formándome. Me encantaría, quiero, trabajar con algún actor alcoyano.




















