Entrevista a Vicente Soler / Inspector Jefe de la Policía Local de Altea (Altea, 23-septiembre-1971)
El Ministerio del Interior ha concedido el Distintivo Honorífico a un total de dieciséis miembros de la Policía Local de Altea por su destacada actuación durante la dana del 29 de octubre de 2024, un episodio meteorológico que puso a prueba la capacidad de respuesta de los servicios públicos en el municipio.
Vicente Soler, jefe de la policía de la Villa Blanca, repasa aquellos días mientras Altea prepara unas jornadas nacionales sobre primera intervención en emergencias para el próximo mes de abril.
En primer lugar, felicidades a todo el cuerpo de la Policía Local de Altea por esos dieciséis reconocimientos recibidos por parte del Ministerio del Interior por su respuesta ante la dana.
Muchas gracias. Es un reconocimiento que se ha otorgado a todos los miembros de los equipos de intervención en la dana en aquellos días de octubre de 2024. No ha sido sólo a la Policía Local de Altea.
Imagino que, como tantos de nosotros, estarías siguiendo la evolución de aquella jornada por los medios de comunicación. Supongo que, antes incluso de recibir la llamada de activación y por la experiencia acumulada estos años, empezarías a pensar: esto se está liando, voy a preparar a mi gente.
Así es. Nosotros estuvimos allí desde el primer día. Cuando partimos de Altea hicimos un briefing previo para concienciar a los compañeros de qué es lo que nos podíamos encontrar, que no íbamos a una situación normal, para que todo el mundo tuviera claro que íbamos a una zona prácticamente de guerra. Y lo primero que sientes cuando llegas allí es desolación.
«Esta catástrofe fue de unas dimensiones que al llegar te preguntas: ¿por dónde empiezo?»
Vuestro trabajo ante situaciones de crisis está muy protocolizado y ensayado con simulacros. Hablabas ahora de desolación, pero ¿hay también una sensación de: ahora por donde empiezo? No sé si los protocolos y dichos simulacros servían de algo ante una situación así.
Como dices, todos los protocolos que hay establecidos y todo lo que uno pueda entrenar a través de esos simulacros te va a servir y a ayudar a la hora de dar una respuesta. El problema en esta catástrofe es que es de unas dimensiones que, como muy bien has dicho, te preguntas: ¿por dónde empiezo?
Siempre empiezas por proteger la vida de las personas, evidentemente. Lo primero siempre es guardar la integridad física y la vida de las personas. Pero lo que la gente ve en la tele, cuando llegas y lo ves sobre el terreno… es todo muy distinto. Era muy difícil en las primeras horas ayudar a la gente, porque no había forma de moverte. Ni andando te podías mover. Era una situación muy dramática en esos primeros momentos.
Como dices, todos hemos visto las imágenes y escuchado los sonidos a través de la tele o la radio, pero ¿a qué huele una catástrofe así?
Huele a barro, a humedad y en los días posteriores, a descomposición de todos los alimentos, de todos los enseres, de toda la basura que había acumulada en la calle.
De hecho, nosotros despejamos algunas calles y días después volvimos, y esas calles volvían a estar llenas de enseres, porque la gente tuvo que vaciar sus casas. Hay gente que lo ha perdido todo. Esto va a tardar más de una generación recuperarse.
«No lo he calculado, pero los agentes alteanos completaron muchas horas de servicio en Valencia»
¿Tienes calculadas más o menos cuántas horas de servicio hicisteis los agentes de Altea que os desplegasteis por allí?
No lo he calculado, pero son muchas.
Por fortuna no es comparable, pero la Policía Local de Altea ya tiene algo de experiencia en cuestiones de riesgo de inundaciones porque de tanto en cuanto el río nos da un susto.
Sí, de vez en cuando, el río nos dice. acordaros de mí, que yo sigo estando aquí. Aunque baje con muy poca agua casi todo el año, de vez en cuando nos recuerda que está ahí. Como dices, la situación es diferente porque aquí, cuando hemos tenido crecidas del río, tenemos inundaciones muy localizadas en zonas muy concretas y puntuales.
Pensar que aquí el agua nos pueda llegar a dos o tres metros… si eso pasara aquí, tendríamos una situación parecida a la que hubo en la zona de l’Horta Sud.
«La verdad, no recuerdo tantos avisos a nivel amarillo o naranja por lluvia o viento como este invierno»
Visto lo visto, ¿crees que los protocolos y planes de emergencia previstos para el caso de una crecida en el río de Altea son adecuados? Tras tu paso por València, ¿crees que habría que actualizarlos?
Los planes de emergencia siguen siendo los mismos, pero sí que ahora estamos mucho más pendientes del tiempo y creo que la sociedad lo percibe. No recuerdo tantos avisos a nivel amarillo o naranja por lluvia o viento como este invierno, tanta suspensión de colegios…
Te acordarás de la discoteca Alcalá 20, del Camping Los Alfarques, de Biescas… Siempre aprendemos de las desgracias. Hay que sacar lecciones y conclusiones para mejorar.
¿Te preocupa que tanta alerta pueda acabar teniendo un efecto como el de la fábula de Pedro y el lobo?
Podría ser, porque en la condición humana está ese factor de olvidar muy pronto. Tenemos que seguir trabajando y dando información veraz. Pedir a la gente que se informe siempre por medios oficiales. Y digo esto porque en la zona de la dana el tema de los bulos fue brutal.
Nosotros lo vivimos en primera persona durante esos días, con gente que venía y te contaba cosas que tú sabías que no estaban pasando. Eso, divulgado en redes sociales y grupos de WhatsApp, se magnifica mucho.


















