Entrevista a Teresa Poveda / Bailarina (Petrer, 20-mayo-1992)
Este 7 de marzo a las 19:30 horas tenemos una cita con la danza en el teatro Cervantes de la mano de ‘Carmencita y el lobo’, una reinvención del clásico cuento infantil de ‘Caperucita’ fusionado con la conocida partitura de la ópera ‘Carmen’.
Una propuesta actualizada para todos los públicos, que huye de ese destino fatalista que condena a los personajes de las inmortales obras de los hermanos Grimm y de Bizet. Dentro del cuadro de artistas, una de las siete bailarinas que estarán en escena es de Petrer, Teresa Poveda, que da vida a la madre de Carmencita.
Compañía CaraBdanza
Siendo aún muy niña, Teresa comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo de la danza en la academia de Dori Andreu. En 2010 se traslada a Madrid, donde se gradúa en Danza Clásica en el Conservatorio Profesional de Danza Fortea.
Allí, en la capital, continúa su formación profesional en la compañía CaraBdanza, en la que actualmente es bailarina principal, interpretando diferentes repertorios de reconocidos coreógrafos y consolidando su perfil en danza neoclásica y contemporánea.
¿Con qué se van a encontrar los espectadores que el 7 de marzo acudan al Teatro Cervantes a ver ‘Carmencita y el lobo’?
Encontrarán una obra de danza que está destinada fundamentalmente a un público familiar, enraizada con la música de la ópera ‘Carmen’ de Bizet y con el cuento de ‘Caperucita’.
¿Es una adaptación de la clásica historia que todos conocemos?
Así es. Se hace una conexión entre la figura de Carmen y la de Caperucita, que en este caso es la Carmencita del título. Aquí, se ha transformado el final con respecto al del cuento y al de la ópera. El resto es más o menos el desarrollo que conocemos.
«Hace falta educar al público en la danza»
Fusionar un cuento clásico para niños con la danza y la ópera, parece a priori una propuesta arriesgada, ¿es un espectáculo atractivo para el público joven?
El sector de la danza en España es un sector precario, pero también falta educar al público en esta disciplina artística. Si no ofrecemos a los niños esta posibilidad, al llegar a adultos nunca habrán tenido ese contacto.
Por eso es importante que vayan al teatro a ver danza, y a lo mejor, más adelante, son ellos los que forman parte del público adulto que disfruta con ella.
¿Supone una presión añadida venir a Petrer a bailar ante tu gente?
Esta es una obra que estrenamos hace dos años y ya la hemos girado bastante, así que la tengo bastante trabajada. Pero es verdad que bailar en Petrer supone algo diferente porque es donde están mis raíces. Es mucha emoción y me ilusiona que la gente que conozco pueda venir a verme, así que sí, estoy un poco más nerviosa.
¿Cómo entró la danza en tu vida?
Empecé desde muy pequeña en la academia de Dori Andreu, y ya tenía claro que bailar era lo que más me gustaba. En el año 2010 me vine a Madrid, y entré en el Conservatorio, donde saqué el grado profesional en Danza Clásica.
En unos cursos de verano conocí la compañía CaraBdanza, que traían otras técnicas de baile más modernas y contemporáneas que las clásicas que yo había estudiado. Su director me ofreció empezar como aprendiz con ellos y decidí quedarme. Más adelante pasé a bailarina solista y actualmente soy bailarina principal.
¿Te costó mucho dejar Petrer para irte a vivir a Madrid?
Sí. Hay una parte difícil por lo que supone dejar todo aquí, pero también tenía mucha ilusión por abrirme camino en este mundo. Me fui para hacer lo que me gusta y la verdad es que Madrid me ha acogido muy bien.
¿La disciplina y la exigencia que requiere la danza es tan complicada como parece desde fuera?
Bastante. Hace unos días leía que la danza es como un deporte de alto rendimiento, pero además tiene que parecer fácil. Nosotros, por ejemplo, ensayamos todos los días desde las nueve de la mañana hasta más o menos la una de la tarde, y luego muchos fines de semana tenemos funciones.
Es un trabajo físicamente muy exigente y también psicológicamente es algo que tienes que entrenar. No siempre estás con el mismo ánimo cuando te pones a ensayar delante de un espejo y de una barra. También hay que cuidar la alimentación, aunque no de manera obsesiva.
«Cuando hago un personaje intento conectar con la historia»
¿Qué sientes cuando estás bailando encima de un escenario?
La danza la entiendo como un lenguaje. Cuando hago un personaje intento conectar mucho con la historia. Hay obras de danza más abstractas en la narrativa, donde hay una emoción que predomina, entonces ahí intento llevar mi cuerpo a esa emoción. Para mí bailar es una forma de transmitir algo.
«Para mí bailar es una forma de transmitir algo»
¿En qué momento profesional te encuentras?
La verdad que en un momento muy bueno. Tengo ese recorrido en el que, aparte de la técnica, entras más en esa parte artística, emocional, y casi filosófica de vivir la danza.
Además de bailarina, eres también Graduada en Psicología, ¿cómo armonizas las dos cosas?
A mí estudiar siempre me había gustado muchísimo y decidí compaginarlo con la danza, así que mientras bailaba fui sacándome la carrera. Me gradué y llegué a hacer prácticas, aunque nunca he ejercido. Otra cosa que también hago ahora es que estoy de profesora de clases de ballet.
Me gusta saber que tengo más caminos, porque al final la danza tiene un tiempo limitado que lo marca la edad y me gustaría explorar otras cosas que también soy y que me apetece vivir.


















