Creativo, innovador, onírico. También histrión, narcisista, provocativo, ambicioso, comercial. Genio, se consideraba él mismo. Surrealista: “Le surréalisme, c’est moi!” (“¡el surrealismo soy yo!”), clamaba. Con todo esto y mucho más podríamos definir al catalán, de Figueres, Salvador Dalí (1904-1989). Admirado por buena parte de la sociedad, resultaba paradójica su capacidad para granjearse enemistades entre esta.
Como ocurrió en las fallas de 1954, con el monumento que diseñó para la plaza del Ayuntamiento (entonces del Caudillo), una ‘Corrida de toros surrealista’, con un torero con alas de mariposa, un helicóptero orgánico (con figuras de cera), una cara gigante mitad Dalí mitad Picasso (ambos se admiraban en lo artístico, pero estaban enfrentados en lo político). Aunque abrió la espita para que otros artistas ajenos a las fallas se implicaran en ellas.
Autorreferencias artísticas
¿Tan mala era, que ni siquiera el propio artista catalán la visitó? Realmente el monumento de arte efímero, que no competía al ser la plantado por la comisión de El Foc, de cuya labor derivaría la actual falla oficial, resulta bastante interesante, a la par que innovador. Eso sí, se tomaba, de entre todas, dos licencias fundamentales. La primera, que no había elemento crítico alguno.
Después de todo, por la época Salvador Dalí no dejaba de ser el surrealista ‘oficial’ del régimen franquista, y no era cuestión de atizar por ahí. El segundo es que, salvo por lo de tratarse de una falla, no incluía ninguna referencia a las fiestas, no ‘sabía’ a falla, como en cierta manera defendió la sociedad valenciana de la época. Básicamente, se trataba de una obra de Dalí llena de autorreferencias.
Según Octavio Vicente, los apuntes eran «cuatro trazos mal dibujados»
Líos presupuestales
Curiosa, de todas formas, resultó esta parte: en realidad, la obra saldría del taller del escultor e imaginero, y también artista fallero, Octavio Vicent (Salvador Octavio Vicent Cortina, 1913-1999, el de la fuente de la plaza del Patriarca o el monumento al compositor José Serrano, 1873-1941), quien recibía por ello, por construir y plantar, 12.000 pesetas (hoy serían 72,12 euros, entonces algo, bastante, más).
El resto de las 110.000 pesetas (661,11 euros) presupuestadas se las llevaba Dalí por su boceto. A decir de Vicent, los apuntes del genio de Figueres no pasaban de ser “cuatro trazos mal dibujados hechos en una hora”. Referencias de la época dan en buena medida la razón al artista plástico valenciano. ¿Y lo de no venir? Salvador Dalí pedía que se le pagaran desplazamiento y estancia a él y a su mujer, Gala (1894-1982).
Según Octavio Vicente, los apuntes eran «cuatro trazos mal dibujados»
Ninots de cera
Hubo más: Dalí quiso que se indultaran oficialmente las figuras de cera del helicóptero y no se quemaran (pero ardieron igualmente), el helicóptero mismo. Y se quejó de que no se le abonaba en los plazos pactados. La ocurrencia, para darle lustre nacional y hasta nacional, solo funcionó algo de puertas afuera, pero no aquí. Al año siguiente, un Dalí torero ardió entre aplausos.
¿No más artistas ajenos al mundo de las fallas? ¿Por qué no? Pero descansando, estas veces, en creatividades autóctonas. Así, a partir de 1968, al menos como queda constancia, contamos con las participaciones del Equipo Crónica, o sea, Rafael Solbes (1940-1981) y Manolo Valdés (1942), en colaboración con Juan Antonio Toledo (1940-1995). El resultado fue más estimulante, quizá porque partía de otros supuestos.
Buscaba jugar con los elementos falleros desde el Equipo Crónica
Aportes aquí y allá
Equipo Crónica, en vez de amoldar las fallas a su mundo, buscaba jugar con los elementos de estas, especialmente la crítica. Carteles, afiches y, a partir de 1968, ninots, o partes de los monumentos. Colaborarían mano a mano con toda una institución fallera, Vicente Luna (1925-2021), quien además de artista constructor en las fiestas, también fue escultor y decorador de cine y teatro.
Gracias a sus familiares, el taller continúa muy en activo. El caso es que, de esta forma, Equipo Crónica, fundado en 1965 y creando hasta el fallecimiento de Solbes, se recorrería así, en plan fallero, buena parte del entramado urbano. Esta fue, por otra parte, la colaboración habitual con artistas ajenos al mundo de la falla, hasta llegar al nuevo siglo.
Plantando en la infancia
Un ejemplo relativamente cercano lo tenemos con el artista gráfico valenciano Paco Roca (1969), quien de pequeño ganó varios concursos de dibujo de la comisión de General Barroso-Litógrafo Pascual y Abad, a la que pertenecía, y de mayor fue corresponsable del monumento del mismo distrito en 2013, ‘¡Gana la banca!’. En colaboración con Fede Ferrer y, lógicamente, su taller.
Para Roca, según declaraba en los medios, la falla le permitió ser “mucho más crítico con la actualidad” que en sus historietas. Según Ferrer, al no estar el dibujante ligado a la construcción de monumentos falleros, esto consiguió uno más libre, sin cortapisas prejuiciosas. En todo caso, la obra, con esa crecida imagen del ricachón del Monopoly, estaba encuadrada en lo que vemos como falla. Sin figuras de cera en helicóptero.

















