Entrevista a Gonzalo Abellán Sáez / Químico y profesor universitario (Orihuela, 7-agosto-1981)
Es cierto que a ciertas personas les marca especialmente lo vivido durante la infancia. Un ejemplo evidente es el profesor universitario Gonzalo Abellán Sáez, quien no duda en confesar que se hizo químico porque lo era mi padre, Pedro -tristemente fallecido en 2000-, “intento continuar su legado”.
Formado en València, seguidamente cursó un máster de nanociencia y nanotecnología molecular. “Quise hacer la tesis doctoral en ese mismo campo”, apunta, antes de trasladarse a Erlangen (Alemania) para realizar lo que se llama un post-doc, bajo la beca Marie Curie.
Ampliamente vinculado a Orihuela, el 18 de enero fue condecorado como Caballero de la Orden de San Antón, “un acto tan bonito como emotivo”. En absoluto se esperaba este reconocimiento, “quizás sí dentro de unos años; estoy muy agradecido”.
¿Qué es la nanociencia y la nanotecnología?
Básicamente es el estudio de cosas diminutas, como indica su nombre, pues nano significa pequeño, minúsculo (una millonésima parte de algo). El que trabaja la ciencia en esa escala -un poco mayor a los átomos- ejerce la nanociencia, y si se exploran sus aplicaciones sería nanotecnología.
A esa escala ocurren fenómenos no habituales en los materiales grandes, los macroscópicos, sus propiedades son diferentes, y sumamente interesantes.
Deben ser disciplinas relativamente nuevas.
Sin duda, precisan de unas herramientas que se han ido descubriendo en las últimas décadas. Se hizo popular entre los años noventa y principios de siglo, aunque su boom llegó alrededor de 2010 con la concesión del Premio Nobel por el descubrimiento del grafeno.
¿Cuándo arrancó tu primer gran proyecto?
Al regresar de Alemania obtuve el denominado European Reach Council (ERC), un proyecto de 1,5 millones de euros. Gracias a él y a otros pude fundar el equipo de investigación, 2D Chem, para trabajar en materiales bidimensionales.
Después descubrimos que uno de esos materiales -que llevaba años estudiando- eran capaces de producir hidrógeno verde. Construimos un catalizador que rompía el agua en hidrógeno y oxígeno mejor que metales preciosos; el problema es que no se podía hacer a gran escala.
¿Cómo pudisteis solucionarlo?
Buscamos demostrar que era posible salir de la escala del laboratorio y hacerlo en kilos. Tras dos años de trabajo, en 2021, lo logramos, creando asimismo una patente.
«La empresa fue producto del trabajo desarrollado en la universidad; por eso recibe el nombre de spin-off»
¿Mérito que fue igualmente reconocido?
Con el Premio a la Investigadora de la Real Sociedad Española de Química, un reconocimiento otorgado en 2025 a mi larga trayectoria científica. Es un galardón que entregan los químicos, es decir, más orgullo.
La empresa la fundé antes, en 2022, producto del trabajo desarrollado en la universidad. Por eso recibe el nombre de spin-off.
¿En qué momento optaste por la docencia?
Para conseguir una plaza en la universidad es una obligación acumular numerosas horas de docencia. He impartido clases desde que hice la tesis, como colaborador.
Seguí dándolas a mi vuelta de tierras germanas, primero porque me apasiona y segundo porque era una condición indispensable para lograr la plaza como funcionario.
Acláranos qué es la química inorgánica.
Si tomamos la tabla periódica, es el análisis de la química de todos los elementos. En el único que no profundizamos en exceso es el carbono, porque precisamente da lugar a la química orgánica.
¿Asumes que la química sea complicada para muchos?
En los propios institutos se crea un poco de animadversión hacia ella, quizás por la forma cómo se enseña. Este concepto desaparece cuando los alumnos empiezan a hacer experimentos y comprender las reacciones, aprecian los cambios de color… Pasan del odio al amor.
Por eso siempre he estado relacionado a la divulgación, por ejemplo, en el Museo Didáctico e Interactivo de Ciencias de la Vega Baja (MUDIC), ubicado en mi estimada Orihuela.
«Mis alumnos me hacen preguntas que muchas veces no espero, circunstancia que me ayuda a aprender muchísimo»
¿Interactúas con los alumnos?
Constantemente. De hecho, desde que doy clases teóricas me he dado cuenta de que ciertos conceptos que pensaba entendían a la perfección no era así; los he tenido que explicar para asimilarlos mejor.
Además, ellos te hacen preguntas que muchas veces no esperas, circunstancia que me ayuda a aprender muchísimo.
Tras tantos años lejos, ¿cuál es tu vinculación con Orihuela?
Mantengo una relación total con el municipio; marché con diecisiete años, pero siempre he vuelto. Tenemos una casa, a la que acudimos habitualmente, pertenezco a la Cofradía del Perdón -como ahora también mis hijos- y sigo mucho al Orihuela Club de Fútbol.
«Recibir un reconocimiento por mi labor me llenó de satisfacción, pues la Vega Baja es cuna de grandes personalidades»
¿Qué representa ser nombrado Caballero de la Orden de San Antón?
Una alegría increíble, también porque no me lo esperaba. Es la típica noticia que lees cuando lo conceden a otro, y si llegara a mí sería dentro de unos años.
El hecho que me lo den por mis contribuciones científicas hace que me llene todavía más de satisfacción; la Vega Baja es cuna de grandes personalidades. Fue una jornada irrepetible.


















