La narrativa del deporte en general y del fútbol en particular está llena de grandes gestas. De proezas, en ocasiones aparentemente sobrehumanas, que han servido de ejemplo e inspiración para miles de millones de personas a lo largo y ancho de todo el planeta. Algunas, la mayoría, por su valor deportivo. Otras, además, por el simbolismo del momento.
Por mucho que pasen los años, nadie olvidará jamás los tres oros de Jesse Owens (100 y 200 metros lisos y salto de longitud) en los Juegos Olímpicos de Berlín y como la proeza de aquel atleta negro enfureció a los dirigentes nazis. Ni la ‘dignidad frente al poder’ personificada por Muhammad Ali cuando en 1967 se negó a ser alistado para ser enviado a Vietnam. O aquellos guantes negros alzados al cielo de México en los Juegos de 1968 por Tommie Smith y John Carlos.
La pasión de lo pequeño
Esas y muchísimas más son las historias que nos hablan de la épica y poder transformador del deporte. Pero existe otra visión, el reverso de la página, en el que los protagonistas son los más modestos. Aquellos que muy pocas veces ven elevados su esfuerza y su entrega a la categoría de titular a cinco columnas. Esas pequeñas historias que, no por humildes o anónimas, deberían caer en el olvido.
En el fútbol, lo saben bien quienes alguna vez han podido ir a los más modestos campos de Reino Unido (allá donde nació el balompié), los británicos conocen bien esa sensación. Cada semana, sin importar el siempre cielo gris de su país en invierno, estadios de tercera, cuarta, quinta o sexta división se llenan hasta la bandera para vivir allí los partidos con la misma pasión que en los mundialmente conocidos Old Trafford o Anfield.
Benidorm, en la élite
El 21 de enero de 1999 Benidorm saboreó parte de esa realidad y el nombre del Estadio Municipal de Foietes (ahora Guillermo Amor) quedó, por una carambola del destino, ligado ya por siempre a uno de los capítulos más rocambolescos del balompié patrio. Y todo, porque ese día se disputaban los partidos de ida de los octavos de final de la Copa del Rey que, entre otros choques, nos dejaban un Real Madrid-Villarreal en el Santiago Bernabéu y un Benidorm-Barça en Foietes.
Cierto es que el torneo del KO atravesaba por entonces una gravísima crisis de seguimiento tras haberse convertido, para los más grandes, en un torneo menor y un fastidio en temporadas ya de por sí muy cargadas y que el Villarreal, rival de los ‘merengues’, distaba mucho en aquella época de ser lo que luego fue el ‘Submarino amarillo’.
Número compartido: 7.000
Aquel día, en Chamartín, se vivió uno de los momentos más vergonzantes de la historia reciente del fútbol (y quizás del deporte) español cuando sólo 7.000 personas se acercaron a las grandas del Bernabéu para presenciar el duelo ante el equipo castellonense. Una cifra que, hoy en día, sigue grabada a fuego en el imaginario madridista por ser la peor entrada jamás registrada en su estadio.
A la vez, y a esa misma hora, 7.000 personas se apiñaron en un Estadio Municipal de Foietes al que la posterior visita en concierto de los Rolling Stones todavía no había aportado la después bautizada como ‘Grada Rolling’. Un recinto con una capacidad inferior a 5.000 espectadores que consiguió crecer tras la instalación de gradas supletorias temporales hasta esas 7.000 almas que convirtieron el viejo Foietes en una caldera.
Aquella visita del F.C. Barcelona sigue siendo un hito histórico del balompié local
Contraste que lo explica todo
El Benidorm militaba entonces en la ya extinta Segunda División B (equivalente hoy a la Primera RFEF) y la visita el Barça de los hermanos De Boer, Figo, Giovanni, Guardiola, Kluivert, Luis Enrique, Reiziger, Rivaldo o Xavi (entre tantos otros) hizo de aquella cita algo histórico.
La imagen era poderosa: un estadio pequeño vestido de gala para recibir a uno de los gigantes del fútbol europeo. No había palcos VIP ni alfombras rojas. Había bufandas, bocadillos envueltos en papel de aluminio y familias enteras ocupando cada rincón disponible.
Aquella noche simbolizó como pocas la diferencia entre el fútbol entendido como espectáculo global y el fútbol vivido como pertenencia. En el Bernabéu, el cruce copero no despertó interés alguno. En Benidorm, en cambio, la visita del Barça fue mucho más que un partido: fue un acontecimiento social.
No se trataba únicamente de ver a figuras de primer nivel. Se trataba de defender el escudo propio ante el gigante. De sentir que el modesto también podía codearse con la élite. De demostrar que la grandeza no depende del presupuesto, sino del latido colectivo. De compartir una velada en la que incluso los más culés fantasearon con la proeza.
Sufrió mucho el equipo blaugrana para poder ganar al Benidorm en su estadio
Un resultado que no empañó la noche
Sobre el césped, la lógica terminó imponiéndose. El Barcelona, eso sí, sufrió mucho para vencer 0-1 en Foietes (acabaría logrando el pase a cuartos por un acumulado de 0-4). Pero el marcador fue casi anecdótico para quienes estuvieron allí. El Club Deportivo Benidorm compitió con dignidad y la grada respondió como si se tratara de una final.
Cada despeje se celebraba como un gol. Cada llegada al área azulgrana levantaba a los aficionados de sus asientos. El fútbol modesto no necesita victorias para sentirse orgulloso; necesita noches como aquella para reafirmar su identidad.
Pese a la derrota, todos los presentes celebraron la victoria del fútbol modesto
Foietes, un símbolo
Lo que ocurrió el 21 de enero de 1999 trasciende el dato estadístico. Porque 7.000 espectadores en un estadio diseñado para menos de 5.000 no es solo una cifra: es una declaración de principios. Es la prueba de que en Benidorm el fútbol fue, al menos ese día, un punto de encuentro.
Aquel mismo día, mientras en la capital el silencio se imponía en un coliseo de más de 74.000 localidades (después de que un año antes la nueva normativa UEFA lo rebajara de las 106.000 existentes), en Benidorm el murmullo se convirtió en rugido. El contraste fue tan contundente que, con el paso de los años, sigue utilizándose como ejemplo de cómo la pasión no entiende de categorías.


















